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Morcuende: “La Palma no es un lugar de destrucción; contar eso es falso y con ello estamos perjudicando a la población”

Madrileño de nacimiento y palmero de adopción tras 24 años en la Isla, afrontó la coordinación de esta emergencia sin sospechar que la crisis eruptiva se prolongaría más de un mes
Miguel Ángel Morcuende
Miguel Ángel Morcuende, director técnico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias. DA

Miguel Ángel Morcuende, ingeniero técnico forestal y de montes y jefe del Servicio de Medio Ambiente en la Isla, está al frente de la emergencia volcánica en La Palma, un equipo de 700 personas en una estructura que se puso en marcha seis días antes de la erupción, el 13 de septiembre. Morcuende, madrileño de nacimiento y palmero de adopción tras 24 años en la Isla, afrontó la coordinación de esta emergencia sin sospechar que la crisis eruptiva se prolongaría más de un mes, y dejaría unos daños materiales y emocionales de proporciones descomunales. A Miguel Ángel Morcuende no le han faltado ganas de llorar en las cuatro últimas semanas ante el dolor de los palmeros y palmeras, pero se contiene para seguir adelante, firme en las decisiones que evitan pérdidas humanas y preparado para continuar al frente de la emergencia muchas semanas más.

-Esta es una emergencia sin precedentes en Canarias, en España y Europa. ¿Cómo se está contando el volcán y cómo lo percibe usted?
“No es fácil. Lo que más me preocupa no es cómo se cuentan los aspectos técnicos, lo que me preocupa enormemente es que cuando estamos hablando del volcán, estamos hablando de la isla de La Palma. Me preocupa que estamos dando la imagen de que la isla de La Palma, toda, tiene un volcán y no es así. El volcán está circunscrito a un determinado ámbito insular y dar la imagen contraria es muy injusto, por eso en mis intervenciones ante los medios muchos días hablo de que la Isla necesita que sigan viniendo visitantes, porque tenemos una parte muy importante de la población que vive de esto y si estamos contando al resto de españoles y de europeos que La Palma es un ámbito de destrucción, estamos haciendo un flaco favor a la Isla, a su población y además no es real. Contamos lo que pasa, manejamos palabras controlándolas porque puede producirse una distorsión de la realidad que no ayuda ni a tener tranquilidad ni es real. No podemos dejarnos llevar por la emoción. Ayer mismo estuve recorriendo toda la colada exterior y la verdad es que es impresionante, pero no puedo comparecer para informar y hablar en esos términos, porque la interpretación de mis palabras no va a hacerse a partir del poder del volcán ni de su color ni olor, ni a la impresión que causa, sino que seguramente el pensamiento general sería que se puede acabar el mundo. Hay que aplicar mesura y tranquilidad, las palabras salen desde la racionalidad y los datos, de forma natural. Otra forma de transmitir sería irresponsable”.

-Hablando de esa mesura y de interpretaciones. La calidad del aire en los peores momentos de esta crisis volcánica ¿ha colocado a la población de la Isla en riesgo?
“Hemos tenido una mala calidad del aire días atrás porque ha llegado un vección sahariana, con una tapadera sobre determinados núcleos con una capa de inmersión que provoca que los gases se acumulen. No puedo decir, porque no es cierto, que ese aire es irrespirable. La calidad de nuestro aire en La Palma, incluso en los días de peores valores, es mejor que la que se respira en muchas ciudades con altos niveles de contaminación. En La Palma estamos acostumbrados a una calidad del aire de 9,5 sobre 10, y cuando tienes unos valores de 4 sobre 10 la interpretación errónea es que estamos muy mal y no es así”.

-¿Se oculta información a la población por parte del Comité Científico o del Pevolca para no generar más alarma entre la población?
“No. Aquí no se oculta nada; otra cosa son los acuerdos de los científicos para consensuar el comunicado que cada día se traslada a la población, en eso están todos de acuerdo. Luego unos y otros pueden estar o no conformes con determinada variable o no, como por ejemplo la interpretación del fenómeno de deflación en la estación LPCO3. Todos los días se observan las estaciones, se mira la sismicidad y la deformación del terreno. En ocasiones hay indicativos que para unos puede ser interpretado como que el fenómeno está bajando, o que se está produciendo un valle, y eso se discute a diario, pero al final lo que sale es la conclusión final y el acuerdo”.

-¿Qué temores podemos descartar de la compleja ecuación del miedo sobre el volcán?
“Hay cosas que se dicen día tras día por parte del Comité Científico. Todos los días hay un comunicado científico que dice que puede aparecer un nuevo centro emisor o varios, indicando que lo más probable es que pudiera aparecer en las inmediaciones del cono, y siempre teniendo en cuenta que esta es una erupción fisural. Me gustaría decir que el volcán va a terminar su erupción mañana, pero no puedo decirlo porque no hay razones ahora para pensar eso y a día de hoy ese deseo es solo un futurible”.

-Y aun así toca hablar de reconstrucción mientras hay una convivencia entre tres mundos distintos en un solo territorio, La Palma.
“Sí, hay tres mundos en un solo lugar, La Palma, los veo y son reales. En la comarca este nos acordamos de que hay un volcán en erupción cuando nos cae la ceniza, y mientras eso ocurre, podemos olvidarlo. Puedes tomarte una cerveza en Santa Cruz de La Palma y no acordarte de que hay un volcán al otro lado de la Isla. Esto es humano y diría que es un mecanismo de defensa y de protección ante un hecho tan prolongado que la población sufre a través de muchos amigos y conocidos a los que sí les ha afectado de distintas formas esta erupción. Luego está la realidad de los vecinos del Valle de Aridane, que están sufriendo las consecuencias directas de esta crisis. Uno de los problemas que ha generado el volcán en el Valle es el ruido ensordecedor de las primeras semanas, que no permitía dormir por la noche, es otro universo. Y luego hay otro que la mayoría desconoce, un universo que, literalmente, es un desierto, en el que todo está calcinado, los pinos en esqueleto, grises, y una inmensa pendiente de cenizas que lo cubre todo. Dentro de ese desierto hay muchísimas edificaciones que están bajo una ancha capa de cenizas, y cuando accedemos a la zona es como entrar en una especie de guerra y en la más absoluta desolación, el resultado de algo que no podíamos imaginar”.

-Y en medio de la nada, como una mancha de vida sobre la lava, han quedado viviendas y fincas, mientras a su lado hay una colada de basalto de 15, 20 o 30 metros.
“Será costoso poder recuperar todo eso, porque habría que llevar los servicios, abrir la comunicación y montar una serie de infraestructuras. La reconstrucción se va a hacer, y el ejemplo es que mientras el volcán sigue activo tenemos una instalación que va a alumbrar agua de riego con la puesta en marcha de las desaladoras en Puerto Naos. Evidentemente, somos muy optimistas porque estamos contando con que no vamos a tener más problemas, pero la realidad es que en cualquier momento el volcán puede cambiar su fisonomía y su morfología, y lo hará desde el momento en que rompa paredes, desde el momento en que rompa el continente del cono”.

Miguel Ángel Morcuende
Miguel Ángel Morcuende, director técnico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias. DA

-¿Qué siente usted, al frente de la emergencia, por el volcán?
“Siento una animadversión absoluta. Para mí es la representación del mal. Pero más allá de esa percepción por el gran daño que ha causado y que sigue causando, no deja de ser más que un hecho geológico, un fenómeno natural y ante eso no podemos hacer mucho”.

-¿Saca el volcán lo mejor de las personas en esta prueba de resistencia?
“El volcán saca lo mejor de las personas. He visto tanta solidaridad… Como la gente de los equipos que trabajan de forma incansable, sin rechistar, equipos de Medio Ambiente a los que quizás no he nombrado todo lo que debiera. Los equipos de Medio Ambiente están trabajando con la población afectada codo con codo, ayudándoles a sacar muebles y electrodomésticos. De forma constante. Y luego el trabajo de todos los equipos: bomberos, policía local, todas las policías, todos sin rechistar, con 700 personas. En varias ocasiones hay que decirle a la gente que se vaya, se quedan doblando turnos con 12, 13, 14 horas trabajando muy duro, sin parar, mucha gente anónima, parte de un retén, parte de la BRIF, de los cuerpos de seguridad del Estado, de las policías locales”.

-Quiero preguntarle por el miedo, por el suyo y por el que percibe en la población.
“El volcán es un día a día y lo que ha pasado hace 48 horas me parece un siglo. Todo va muy rápido, llevamos más de un mes organizando, poniendo al frente de los grupos operativos personas solventes y con capacidades con las que yo ya había trabajado en otros escenarios, pero ninguno como este. El grupo operativo de seguridad es muy importante, que puse en manos de la Guardia Civil y de su capitán, con quien yo había trabajado cuando fui director insular de la Administración General del Estado. El momento más difícil para mí es cuando se produce la erupción, un momento en el que me estoy enfrentando por primera vez como jefe de un operativo a una emergencia volcánica. Hasta el instante anterior a la erupción, yo quería creer que se estaba produciendo una lucha de la propia naturaleza en el subsuelo que no tenía por qué emerger. Cuando se produjo la erupción, me dije que estábamos ante algo y que no podía lamentarme. Me dije: ‘Deja de quejarte y ponte manos a la obra’. De inmediato pensé que había sido un acierto evacuar, aquella misma mañana, a las personas con movilidad reducida, un proceso que nos llevó unas tres horas, porque no se trata solo de llevar una ambulancia, sino contar con un familiar como referente y evitar que se desorientaran. La evacuación del resto de la población fue sencilla, la gente estaba preparada, con la mayor parte de las cosas esenciales listas y todo transcurrió de una forma ordenada teniendo en cuenta la cantidad de personas de las que hablamos, Puerto Naos, La Bombilla, El Remo. Un gran número de personas que luego no se ha visto reflejado en albergados en relación al número total de desalojos que tuvieron que llevarse a cabo”.

-¿Ha tenido temor a la reacción de la gente en la gestión de la crisis?
“Tenía miedo de que la gente no se percatara de la gravedad, la peligrosidad y el impacto que podía suponer el volcán. En los primeros días, cuando había bastante presión para recoger muebles y otros enseres, en zonas excluidas en las que no se podía entrar, sentí preocupación de que la gente no entendiera que no podía estar ahí, pero frente a esa situación ha habido un civismo importante de la población. He visto estos días que alguien se refirió a este comportamiento tan respetuoso de la población con las normas como resignación. Y no es resignación, es un comportamiento de civismo”.

-Frente a mensajes tremendistas, ¿qué es lo que se puede hacer?
“Hay que ser muy riguroso y hay cosas que hay que descartar de la ecuación de la emergencia. Cuando la lava llega al mar, produce explosiones que pueden tener mayor o menor virulencia. No tenemos que tener miedo a esto, pero sí es preocupante la producción de ácido clorhídrico; por eso estamos confinando a parte de la población en un entorno a dos kilómetros desde donde se produce ese contacto. Ahora no se trata de contentar a la población, sino de aplicar decisiones rigurosas para garantizar la seguridad.

-No cabe preguntarle cuándo va a parar el volcán, pero sí para qué horizonte temporal está preparado, o quizás debería decir programado…
“Estoy preparado en este momento para afrontar lo que venga, pero es una respuesta en el ahora. Quizás en unas semanas tenga que decirle que estoy hasta arriba del volcán y que no aguanto más, pero no a fecha de hoy. En este momento estoy preparado para seguir, con fuerzas. No sabemos los tiempos ni hay una expectativa, pero sí estoy preparado”.

“Ni quiero ni puedo rehuir el contacto con los que sienten dolor”

Miguel Ángel Morcuende no ha rehuido en ningún momento el contacto con los desalojados de sus viviendas, con los desplazados que ya no volverán a los hogares. “Trato de tener la cabeza fría, lo que no resulta fácil, porque vivo aquí, tengo amigos que han perdido la casa, y me afecta, pero ni quiero ni puedo rehuir el trato directo con los que sienten dolor. Estoy seguro de que es lo que tengo que hacer. Estuve el otro día con un amigo que había perdido la casa y lo consolé, porque era lo que necesitaba y lo que yo podía dar”. El director al frente de la emergencia, que se instaló en la Isla en 1997 junto a sus dos hijos y su mujer, explica que “el volcán ha generado un vuelco total: actividades, paisaje, usos, personas que residían en la zona, las referencias de las vidas de cientos de hombres, mujeres y niños que se han perdido. La gente que se ha dejado las fotos de la familia, de sus abuelos, de sus hijos, de sus padres, de sus nietos, los recuerdos. El volcán ha pasado por encima de todo eso y todo ha cambiado para bien y para mal, porque el volcán ha hecho mucho daño. Es una sensación de orfandad tremenda para los que han sufrido las pérdidas”.

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