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Recomendaciones para madres y padres sobre el buen uso de los videojuegos

Por Isabel Bermúdez, psicóloga infantil-juvenil y familiar Algunos estudios sobre la influencia de los videojuegos en las personas evidencian los beneficios que aportan a nivel cognitivo, de habilidades sociales y de valores personales. Sin embargo, hoy en día los niños tienen acceso a estos videojuegos, cada vez, a más temprana edad, y es por ello […]

Isabel Bermúdez, psicóloga infantil-juvenil y familiar / Cedida

Por Isabel Bermúdez, psicóloga infantil-juvenil y familiar

Algunos estudios sobre la influencia de los videojuegos en las personas evidencian los beneficios que aportan a nivel cognitivo, de habilidades sociales y de valores personales. Sin embargo, hoy en día los niños tienen acceso a estos videojuegos, cada vez, a más temprana edad, y es por ello que los padres y madres debemos supervisarlos.

Una de las situaciones que puede ocurrir en la familia es la falta de límites y planificación en cuanto al uso de los videojuegos y de las pantallas en general. Es recomendable que hagamos un horario junto a nuestros hijos en el que reflejemos el tiempo destinado a sus actividades y que también incluyamos las horas en las que pueden jugar a videojuegos, además de añadir actividades de deporte y ocio al aire libre para un completo equilibrio en su desarrollo. 

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la edad a la que está destinado el juego por especialistas, que es la clasificación PEGI. Un PG13 significa que nuestros hijos no deben jugar a un videojuego si tienen menos de 13 años, algo que parece obvio, pero que muchas veces se pasa por alto por desconocimiento y que podría afectarles negativamente.

Conocer a qué juegan nuestros hijos e hijas es muy importante. Existen multitud de  factores a tener en cuenta, como la temática o si el juego es online y los jugadores ajenos pueden tener acceso a nuestro entorno conocido. El conocimiento es poder, y cuanto más sepamos lo que les gusta, mejor conoceremos qué tipo de influencia ejercen. Lo ideal es poder compartir espacio mientras juegan para ver cómo se desenvuelven, qué hacen y, nunca se sabe, a lo mejor termina por gustarnos y nos ponemos nosotros también a jugar con ellos.

Si compartimos afición con nuestros hijos e hijas, fortaleceremos nuestros vínculos. Es fantástico poder compartir aficiones y entenderles mejor. Además, podremos establecer una mejor vía de comunicación en la adolescencia, que es una fase en la que, por naturaleza, se tienden a separar para marcar su individualidad y autonomía. 

Aunque puedan parecer unas pautas muy sencillas, en ocasiones hay padres que no las siguen.  Si pudiéramos seguir estas líneas de actuación, conseguiríamos que puedan disfrutar de los videojuegos de una forma sana y, además, nos beneficiaríamos de lo que hemos  hablado en este artículo. Recordemos, no se trata de prohibir o ignorar, sino de conocer herramientas y estrategias para su buen uso.