Erupción en La Palma

Riesgo de explosiones en el mar, olas y gases tóxicos si se derrumba la fajana

El último dedo de lava ha ocasionado la pérdida de 40,6 hectáreas más de terreno; se localizan 200 sismos en 48 horas

Salida de uno de los tubos lávicos detectados en el volcán de Cumbre Vieja | INVOLCAN

Tras la primera semana de erupción, se temió que el cono principal formado en torno al volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, pudiera desmonorarse, derramando grandes cantidades de lava. Se convocó una rueda de prensa de urgencia en la que los expertos explicaron la situación, y, a lo largo de la noche, la chimenea se fusionó con otras dos bocas, sin que ello entrañara riesgos como los que se habían proyectado en un inicio. Ahora, según anunció ayer la directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, María José Blanco, se estudia la estabilidad del delta lávico o fajana formado al entrar en contacto las rocas calientes con el mar en la costa de Tazacorte. De acuerdo con los cálculos realizados, no se descarta que esta protuberancia pueda desprenderse parcialmente y liberar gases, así como generar explosiones en el agua y olas.

Son las conclusiones dadas a conocer tras la reunión diaria del Comité Científico previsto en el Pevolca (Plan de Protección Civil y Atención de Emergencias de Canarias por Riesgo Volcánico), en la que también se abordaron los daños ocasionados por la bifurcación de la colada principal detectada esta semana, que sepultaba más fincas y edificaciones en el litoral del Valle de Aridane, zona que, cabe recordar, es de las más productivas de Canarias en lo que a cultivo del plátano se refiere. El satélite Sentinel del programa Copérnicus de la Unión Europea ha identificado una afección de 40,6 hectáreas de terreno más, constityendo un total de 471,8 golpeadas por este fenómeno natural, de las que alrededor de 120 pertenecen a plantaciones: 59,39 plataneras, 33,43 viñedos y 7,36 aguacates. En cuanto a infraestructuras, el sistema catastral ha detectado la destrucción de 726, sumando, además, los 26,47 kilómetros de carretera inservibles.

Por otra parte, se sitúa la que el jueves era considerada por el Cabildo la mayor preocupación del escenario de emergencia actual: la calidad del aire. A este respecto, el delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Canarias, David Suárez, indicó a la agencia EFE que el organismo tuvo constancia de picos elevados de dióxido de azufre en los términos municipales de El Paso y Los Llanos de Aridane en el madrugada del jueves al viernes, mientras que en el resto del día se mantuvieron en valores tolerables, enmarcados en la normativa. La monitorización de estas partículas en suspensión no solo es que se realice de manera regular, sino que se ha llegado a incrementar como consecuencia de la erupción, hasta el punto de la incorporación de estaciones portátiles adicionales.

Es más, la primera Corporación de la Isla Bonita dio a conocer ayer que, por medio del Servicio de Innovación, Proyectos y Sociedad de la Información que dirige Gonzalo Pascual, se han desplegado ocho nuevas estaciones HOPU Smart Spot, unidas a las seis pertenecientes a la Red Insular de Calidad del Aire. En concreto, estas se han instalado en la biblioteca de Tijarafe, los Dos Pinos, el Puerto de Tazacorte, el Parque de los Álamos, El Charco y las playas de los ayuntamientos de Puntallana y Villa de Mazo. No obstante, no es menos reseñable que, en virtud de los valores recogidos hasta la fecha, únicamente se ha procedido a decretar el confinamiento de cuatro barrios de Tazacorte (Marina Alta, Marina Baja, San Borondón y La Condesa) desde las horas previas a que la lava llegara al mar, y de manera puntual a ciertos puntos de El Paso y Los Llanos ante un repunte pasajero.

Los movimientos sísmicos, que se han seguido registrando entre Fuencaliente y Mazo, se han elevado a cerca de 200 en 48 horas, de los que, según el cuestionario macrosísmico del IGN, los habitantes de la Isla habrían sentido unos 56. El de mayor intensidad se localizó el jueves a las 11.17 horas, con una magnitud de 4,3 mbLg, a 35 kilómetros de profundidad. Y es precisamente la distancia respecto a la superficie en la que se está teniendo constancia de estos temblores lo que ha provocado que los miembros del Comité Científico, por ahora, les resten importancia. Toda intrusión magmática es susceptible de generar sismos, y, salvo que estos disminuyan su profundidad, augurando un posible viaje hacia el exterior, no se debe hablar de nuevos centros de emisión fuera de la fisura. De hecho, se sospecha que el único motivo por el que estas sacudidas tienen lugar es que ahí se sitúa el punto por el que se está alimentando el volcán.

Otra de las razones por las que los expertos llaman a la calma es la deformación del terreno. La semana de la erupción, aparte de que los análisis geoquímicos seguían detectando gases propios de una intrusión magmática de grandes dimensiones, se tenían en cuenta dos factores cruciales: la disminución de la profundidad de los seísmos y la elevación de la tierra. La materia caliente empujaba el terreno buscando una salida, creando un escenario propicio para lo que está ocurriendo desde el pasado 19 de septiembre, como explicó a DIARIO DE AVISOS el jefe de Vigilancia del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), Luca D’Auria. En esta ocasión, se ha observado cierta estabilidad en dicho indicador, por lo que la posibilidad de una nueva boca al norte de Fuencaliente es, como dijo el director técnico del Pevolca, Miguel Ángel Morcuende, “muy escasa”.