Puerto de la Cruz, Cultura

Una explicación de Polanco, no una defensa

El periodista Juan Cruz presentó en el Puerto de la Cruz, su ciudad natal, su último libro, una compilación de miradas sobre la vida de este empresario, que transformó la comunicación en España, pero, también, sobre momentos claves de la historia del país

La presentación del libro de Juan Cruz tuvo lugar el pasado martes en el Puerto de la Cruz. / DA

Por Saray Encinoso

Cuando el periodista Juan Cruz (Puerto de la Cruz, 1948) decidió escribir Ciudadano Polanco. Los hechos de una vida (Editorial Debate, 2021), no quiso “defender” al empresario más relevante de los medios de comunicación que ha habido en España, “solo explicarlo” y, de camino, dar cuenta de un hombre que marcó durante años el devenir de la vida editorial y periodística de este país cuando la democracia se abría camino. Polanco fue el empresario que fundó la editorial Santillana, que impulsó el diario El País y que timoneó el grupo Prisa hasta su muerte, en 2007, pero, también, el hombre que fue apodado Jesús del Gran Poder y subió las escalinatas de la Audiencia Nacional por un caso, Sogecable, que se había construido para apartarlo de la toma de decisiones.

Para hablar del concepto de justicia, de lo alargada que es la sombra de la sospecha y de cómo ha cambiado la profesión periodística, Cruz presentó esta semana su libro en su ciudad natal, invitado por el ayuntamiento. Durante hora y media, el autor contó cómo y por qué Ciudadano Polanco empezó a fraguarse en 2003, pero no vio la luz hasta 2021. Hace 18 años, Polanco le pidió a Cruz que escribiera los hechos de su vida. Quería mostrarse al mundo como él mismo se veía y no como sus enemigos se habían encargado de que fuera visto.
El grupo Prisa, que presidía, había sido acusado de un delito de apropiación indebida: incorporar a su patrimonio el dinero de las fianzas que los abonados de Canal+ depositaron en garantía de los descodificadores necesarios para acceder a sus servicios televisivos. Sin embargo, y a pesar de que el juez que instruyó el caso, Javier Gómez de Liaño, ya había sido condenado años antes por prevaricación, después de unas cuantas grabaciones, el empresario desistió y las transcripciones quedaron guardadas en una maleta. Polanco estaba cansado, creía que el empeño sería en balde.

Ya fallecido, y a petición de sus hijos, Cruz retomó el proyecto, que enriqueció con entrevistas a quienes trabajaron con el empresario aquellos años. El resultado es un conjunto de miradas sobre el papel que desempeñó este hombre, pero, también, sobre aquellos años que dibujaron la España actual y que definieron la estructura de los medios de comunicación de nuestro país.

Juan Cruz, además de ejercer rigurosamente su labor de periodista a lo largo de las más de 400 páginas de las que consta este libro y de acudir a todas las fuentes que mantuvieron un trato estrecho con Polanco -desde directores del periódico hasta políticos, pasando por abogados y familiares-, cuenta con una experiencia añadida: también mantuvo una relación fluida con él durante toda su vida y fue testigo directo de muchos de los acontecimientos que se narran en el libro. Ha formado parte de El País desde que se fundó, en 1976, y dirigió Alfaguara durante años, cuando formaba parte de Santillana.

Conoce, de primera mano, cómo vivió El País el 23-F porque estaba allí -su padre lo llamó a la redacción para pedirle infructuosamente que regresara a casa- y cómo el grupo Santillana -gracias a Polanco, pero, también, y mucho, a su hija Isabel- construyó un puente entre América Latina y España que luego han recorrido muchos otros.

Cada entrevistado tiene una experiencia y una opinión propia sobre Polanco, pero todos coinciden en que ese hombre que nunca leyó el periódico la noche antes de que se publicara era tan exigente como ecuánime. Cruz, aunque no diga expresamente por qué él tenía la necesidad de escribir este libro, sí lo deja entrever: “La justicia está en nosotros; todos tenemos el deber de ser justos, periodistas, maestros, carpinteros…”. Y dar explicaciones de una persona y una época “olvidada” también puede ser una manera de ser justos.