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El ‘cruising’ amenaza la reserva de las Dunas de Maspalomas

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Las Palmas señala que los encuentros furtivos dañan cada vez más el ecosistema

Las Dunas de Maspalomas son, desde hace décadas, un enclave privilegiado en la isla de Gran Canaria hasta el que acuden cientos de miles de turistas cada año. Con una temperatura media que oscila entre los 21ºC en invierno y los 30ºC de media en verano, este paraje único, que fue declarado Reserva Natural Especial en 1994, es uno de los principales reclamos de una isla que vive del turismo de sol y playa. Sin embargo, en los últimos años, la localidad de Maspalomas también ha adquirido relevancia internacional debido a la amplísima oferta turística sexual que se esconde en ella. De hecho, hay quien ya la considera la capital europea del sexo

La Reserva Natural de las Dunas de Maspalomas es un complejo ecosistema donde no sólo abundan animales únicos como el Lagarto Gigante de Gran Canaria o algunas especies de plantas endémicas. El enclave es el lugar de peregrinación elegido por turistas (principalmente gais) que se entregan al cruising, una práctica sexual que se caracteriza por mantener encuentros esporádicos con gente desconocida, en espacios abiertos, y que está provocando severos daños en la reserva.

Así lo atestigua un estudio realizado por investigadores del grupo de Geografía Física y Medio Ambiente de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que ha localizado casi 300 sex spots (lugares de sexo) a lo largo de 5.763 metros cuadrados de arenales. Una amplia extensión de terreno que, según los autores del trabajo, se caracteriza por estar a una cierta distancia de los caminos autorizados, cuenta con algunas zonas de vegetación “tupida y densa”, y donde los nebkhas (un tipo particular de duna con vegetación de monte bajo) favorecen la intimidad para los encuentros. Un lugar idóneo para la aventura y las emociones fuertes.

En realidad, según explica Leví García, autor principal del estudio, el asunto no es nuevo. “El cruising es una práctica que se realiza en las Dunas de Maspalomas desde los años 70. De hecho, el Plan Director de la reserva natural lo identifica como uno de los problemas ambientales que le afectan”, explica el investigador. García señala que ya en los años 80 y 90 algunas agencias de viajes vendían las Dunas de Maspalomas como un lugar propicio para el cancaneo donde se podía experimentar el “sexo salvaje”. “Lo que ocurre es que esta actividad ha ido incrementándose con el tiempo con el auge del turismo y cada vez son más las personas que van allí a practicar cruising“, añade. 

El principal impacto que tiene el cruising en la reserva natural es de carácter medioambiental. Este impacto se observa de varias formas. La primera y más visible tiene que ver con la tala de vegetación autóctona para la creación de una suerte de nidos (de amor) en los que los cruisers se entregan al sexo. “Crean nidos con vegetación y ramas, tal y como lo hacen los pájaros, para aislarse y tener un espacio íntimo. Al arrancar vegetación hacen que la arena se suelte, no se quede agarrada y que se produzcan procesos de erosión que afectan al sistema dunar”, señala García.

Así, las especies vegetales que se están viendo más afectadas son el tarajal (o Tamarix canariensis) y la Launaea, una suerte de arbusto de olor desagradable y base leñosa que se puede encontrar en la zona. Pero no queda aquí la cosa. Resulta más que habitual encontrar entre las dunas todo tipo de residuos que van desde colillas a toallitas, pasando por restos de comida, vidrio, preservativos “e incluso juguetes sexuales”. “Los residuos más representativos son las colillas de cigarrillos, la vegetación desgarrada, el papel higiénico, las toallitas, los condones, las cáscaras de fruta, las latas y las heces”, se puede leer en el trabajo. 

El estudio también detalla cómo las excursiones en busca de espontáneos, por zonas de uso restringido y con el consiguiente pisoteo de las dunas y la vegetación, está dañando especialmente este espacio. “La reserva sólo tiene tres caminos autorizados y nosotros hemos podido identificar toda una red de caminitos pequeños y estrechos que se utilizan en la búsqueda de sujetos y que están dañando el ecosistema dunar”, comenta Leví. 

El investigador señala que el último conflicto que está provocando esta actividad tiene que ver con la dificultad para realizar actividades de educación ambiental en la zona. “Se ha tenido que dejar de ir a la zona con alumnos de colegios. Las actividades de educación ambiental se realizan casi siempre desde puntos que se encuentran fuera de la reserva. Es ahí donde los educadores explican el valor del ecosistema”, señala el investigador. De esta forma, “una actividad que sí está permitida, como es la educación ambiental, está viéndose afectada por un uso que no está autorizado”.

Las autoridades de Maspalomas y de Gran Canaria se enfrentan ahora a un nuevo problema. La localidad se ha convertido en un reclamo turístico no sólo por su sol y por sus playas, sino también por las aventuras sexuales que tienen lugar en los más variopintos lugares de la localidad. Es decir, los encuentros sexuales con desconocidos suponen un reclamo turístico en sí. Sin embargo, están destrozando el ecosistema más emblemáticos de la isla. “Lo que habría que decidir es hacia dónde vamos. Si es rentable este tipo de turismo para la isla o no lo es”, finaliza García. 

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