cultura

Espacio Bronzo inaugura este viernes la exposición ‘Conversión y Desmanes’, con obras de Juan Carlos Batista

El autor construye piezas artísticas a través de la distorsión y reconstrucción, para reflexionar sobre el colonialismo y la memoria histórica
‘El regalo’. / DA

Espacio Bronzo organiza la exposición Conversión y Desmanes, en la que presenta obras del artista tinerfeño Juan Carlos Batista, que estará disponible para el público desde este viernes 5 hasta el viernes 3 de diciembre en la sala lagunera ubicada en el número 19 de la calle Núñez de la Peña. El autor presenta 15 piezas -ocho esculturas de madera, dos de bronce y cinco fotografías-, en las que trabaja con conceptos como el colonialismo, el apropiacionismo cultural, la memoria histórica y la Guerra Civil española.

Batista elaboró las obras de madera con piezas de artesanía africana de madera recortadas y ensambladas de nuevo, una parodia del colonialismo y la explotación que sufre África, una situación en la que el continente vecino sigue sometido a una dinámica por la cual Occidente usa su materia prima para generar su propia riqueza. De la misma manera, el autor utiliza la artesanía como materia prima, la desmonta y genera piezas de alta cultura. Estas obras mantienen un vínculo con la serie de esculturas de madera deconstruidas Lucro y desmán, desarrollada por el artista entre 2019 y 2021. Asimismo, los bronces están también vinculados con las figuras de animales híbridos que forman parte de esta misma serie.

La exposición se podrá contemplar hasta el 3 de diciembre. / DA

Las piezas de pared son fotomontajes digitales, en los que trabaja con dos tipos de imágenes: carteles y dibujos de niños de la Guerra Civil española. Con estas obras, el autor trata de denunciar el olvido de la Guerra Civil en nuestra memoria, la reescritura de la historia que deja sus horrores en el olvido.

Como consecuencia de la globalización, las piezas de artesanía popular africana son cercanas a nuestro entorno cultural y comercial y forman parte de nuestra vida cotidiana. En su denuncia, el artista, a modo de parodia, se convierte en expoliador en un ejercicio de apropiación y manufactura que irradia pequeñas dosis de cinismo, de un “canibalismo sutil”, en palabras del autor.

Las fotos, hechas con imágenes manipuladas digitalmente que se transfieren de nuevo al papel fotográfico, se emparentan con las piezas escultóricas no solo en cuanto al proceso de apropiacionismo y alteración necesario para su elaboración como piezas artísticas, sino también en lo textual y en el concepto de decepción que recorre buena parte de la obra de Juan Carlos Batista, decepción incluso ante la propia potencialidad del arte para combatir o revertir la deriva errática de nuestra naturaleza.

La distorsión y trituración digital, hechas como alguien que no quiere dejar pruebas, generan imágenes que pierden su contenido político, mutando en algo irreconocible, pero también en algo cool y sofisticado. Se obtiene en este proceso un inventario de siluetas y contornos que deforman y trituran la memoria de los vencidos, un resultado que revela el maltrato de un sector de la sociedad española hacia la memoria histórica.

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