Cultura

Leyendecker inaugura este jueves una exposición de Erin O’Keefe

La muestra de la artista estadounidense, donde la fotografía se confunde con la pintura, abre sus puertas a las 18.00 horas en la galería capitalina

‘Still Life’. / Erin O’Keefe

La Galería Leyendecker, en la capital tinerfeña, inaugura este jueves (18.00 horas) una exposición de la artista estadounidense Erin O’Keefe, quien estará presente en el acto inaugural.

En las obras de O’Keefe, lo que parece ser una pintura en realidad es una fotografía. Nos encontramos con lo incorrecto de las imágenes, o mejor dicho, con nuestra apreciación de ellas. Lo que parecen ser líneas pintadas bidimensionales, curvas, rectángulos, arabescos, planos de color o geometrías abstractas con sombras son de hecho objetos tridimensionales cuidadosamente dispuestos, brillantemente iluminados y aplanados en un solo plano seductor por la lente de una cámara.

El ojo reconoce pero no puede desentrañar completamente la distorsión; la mente revolotea entre diferentes posibilidades. Sin embargo, no surge una realidad establecida ¿Cómo es que un círculo negro nos mira directamente, mientras que el otro yace plano?

Las fotografías de Erin O’Keefe, sutilmente, incluso con alegría, trastocan la capacidad de los ojos o las cámaras para comprender el espacio. La obra de la artista recuerda su formación en arquitectura, disciplina en la que la construcción de maquetas, la construcción de ensayos sintéticos y variantes del espacio en miniatura como medio para probar posibilidades es fundamental.

‘Hoover’. / Erin O’Keefe

O’Keefe produce imágenes también intensamente pictóricas, con una comprensión sensible del juego espacial, la perspectiva, el color y la incongruencia. Sus obras son más que astutos recordatorios analógicos de las imágenes manipuladas digitalmente y las irrealidades tecnológicas que nos rodean, de nuestra necesidad de recordar que no siempre sabemos lo que estamos mirando. Sus fotografías afirman el valor positivo de la incertidumbre y el desconocimiento e inducen el puro placer de intentar desentrañar una colisión de colores y planos que se mueven y se deslizan, negándose a permanecer fijos.

Son el producto de una práctica en la que la repetición, sin mencionar el tiempo, el esfuerzo, la paciencia y la absorción, produce combinaciones inesperadas. Son registros de una artista que piensa en dos y tres dimensiones a la vez.