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Héctor Abad Faciolince: “Mi mejor manera de escapar de la locura es escribir lo que pienso y lo que me va pasando”

El escritor y periodista colombiano es uno de los invitados del XXVI Festival Internacional del Cuento de Los Silos, en el que pronunció la conferencia inaugural
Héctor Abad Faciolince, en la escultura efímera creada por Luigi Stinga para el Festival del Cuento de Los Silos. / Francis Pérez

El Festival Internacional del Cuento de Los Silos ha contado este año para su conferencia inaugural con el escritor y periodista colombiano Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958). El autor de El olvido que seremos (2005), la novela en la que relata la vida de su familia y en especial de su padre, el médico y activista por los derechos humanos Héctor Abad Gómez, asesinado en 1987, desarrolla una carrera en la que conviven el periodismo y la literatura. La urgencia de un género humilde frente a la neurosis, la complejidad y el desafío a lo efímero del otro. Y es precisamente el paso del tiempo, y la mirada de quien observa este discurrir, uno de los elementos que quizás mejor definen la obra de este autor y caracterizan esta charla que mantuvo con DIARIO DE AVISOS. No es casualidad, por cierto, que el volumen en el que recoge sus diarios escritos entre 1985 y 2006 se titule Lo que fue presente (2019).

-Ha acudido al Festival Internacional del Cuento de Los Silos. ¿Qué importancia ha tenido para usted la narración oral?

“Todos los seres humanos, y en particular los escritores, venimos de ahí, de la fascinación que sentimos hacia las historias que nos cuentan: nos fascina escuchar cuentos. Ese es un rasgo muy humano y creo que tiene que ver con la infancia y también con la propia evolución del Homo sapiens. Lo que nos ha dado la posibilidad de dominar, incluso excesivamente, la naturaleza es la capacidad de narrar simbólicamente lo que otros han visto. La narración oral, lo que yo oía en mi casa por parte de mis padres, de mis hermanas, de mis abuelos…, los cuentos que me contaban y los que me leían, fue fundamental para mi pasión por contar y por oír historias”.

-En diversas etapas ha vivido fuera de Colombia. Sin embargo, su tierra siempre está presente, de una manera o de otra, en su literatura. ¿Cómo es ahora mismo su relación con su país?

“Para mí es muy importante saber de dónde soy, pero también saber irme, viajar, ver otras cosas y saber regresar luego con ojos de extranjero. La mirada del que se va y llega a un lugar nuevo, como yo ahora, visitando por primera vez en mi vida Tenerife, es distinta”.

“Para escribir un diario debes sentir la libertad de que estás hablando contigo mismo y no hay nadie más”

-La de alguien que es ajeno a las ideas preconcebidas, pues la experiencia se va construyendo a medida que se vive.

“Sí. Observo con más curiosidad y me sorprendo con lo que para ustedes forma parte de la costumbre. Y más tarde, cuando regreso a mi país, lo hago con otras imágenes, otras memorias, otros sabores, otras maneras de entender y de hacer las cosas. Todo eso enriquece mi mirada, la mirada del regreso. Por esa razón el viaje es tan valioso: porque miras con ojos extranjeros y al regresar también ves con esos ojos extranjeros lo que te es propio”.

-Hace dos años publicó ‘Lo que fue presente’, que recopila sus diarios escritos entre 1985 y 2006. ¿Cómo se enfrentó a este tipo de escritura íntima? ¿Llegó a ser una especie de laboratorio para sus obras de ficción?

“Ya no escribo diarios, pero cuando los llevaba eran para mí una especie de muleta, de psiquiatra, de confesor. Básicamente eran una ayuda para seguir viviendo. Para soportar la angustia de tener muchas ganas de escribir, pero no ser capaz de hacerlo. O de hacerlo bien. O de hacerlo tan bien como yo quería en mis sueños. Los diarios eran una forma de entender lo que estaba viviendo, de superar los problemas, los dolores, los dilemas, las incertidumbres. La mejor manera que tengo de aclararme las ideas, y de escapar incluso de la locura, es poner en limpio lo que pienso y lo que me va pasando. Entonces los diarios eran un ejercicio fundamental. Más que como laboratorio de escritura, como forma de seguir viviendo y de superar incluso mis incertidumbres acerca de la escritura”.

-¿De qué manera se vence al pudor al relatar cuestiones que, a lo mejor y entre otras cosas, no ofrecen la imagen más favorable de quien escribe ese diario?

“En ese momento de la escritura no sentía pudor, porque no tenía ninguna intención de publicar los diarios. Además, vivía con una persona que sabía que jamás iba a leerlos. Podía estar muy tranquilo, porque nunca abriría uno de esos cuadernos en los que yo expresaba lo que sentía y lo que me pasaba. Para escribir un diario íntimo hay que sentir la libertad de que estás hablando solo contigo mismo y no hay nadie más. Por eso, en definitiva, es una comunicación franca y sincera, en la que no tapas nada de lo que te está ocurriendo”.

“El olvido que seremos’ me sirvió para superar el rencor y también la angustia de tener que recordar todo el tiempo”

-Pero llegó un día en el que sintió la necesidad de publicar todo eso que había escrito.

“El problema llegó justo en ese momento. Cuando muchos años más tarde decidí publicarlos. Ahí sí. Porque hay cosas muy difíciles de publicar, incluso de releer, porque son desagradables. Y también hay personas a las que debes proteger, que salen mencionadas ahí y con las que uno no tiene el derecho de exponer su intimidad tan crudamente. Por eso a las personas con las que viví situaciones más delicadas traté de consultarles antes de publicar algo relativo a ellas. No a mí, lo relativo a mí lo dejé tal cual lo escribí”.

-Hace 15 años publicó ‘El olvido que seremos’. Usted ha confesado que crear esta novela, en la que relata la relación con su padre, asesinado en Medellín en 1987, fue muy doloroso. ¿La literatura ejerció una función terapéutica o más bien ese libro responde a una necesidad de explicar y de explicarse?

“Nunca lo entendí como una terapia, sino como un ejercicio de memoria, de justicia y hasta de venganza. Aunque, sobre todo, para que mis hijos conocieran al abuelo que no pudieron conocer. Y aunque, como digo, no lo escribí como terapia, sin embargo, al cabo de los años, después de haberlo publicado, me sirvió para algo que resultó muy importante: para superar todo el rencor y todo el resentimiento, y para liberarme también de la angustia de tener que recordar todo el tiempo, permanentemente”.

-¿Y cómo se sintió la primera vez que vio la película de Fernando Trueba sobre el libro que usted había escrito?

“Esa fue una experiencia muy rara, muy especial. El libro está hecho de memoria, de la memoria de algo que viví, y se va construyendo con palabras años después de eso que he vivido. Luego, de esas palabras y esa memoria íntima surge, en un lenguaje completamente distinto compuesto de imágenes, de música, de otras palabras, de la reconstrucción del pasado…, algo que al mismo tiempo es y no es lo que fue tu vida. El cine tiene una potencia realista increíble. Es más real que la memoria, porque esta con el tiempo se vuelve un sueño borroso”.

“El cine tiene una potencia increíble y llega a ser más real que la memoria, que con el tiempo se vuelve un sueño borroso”

-Y a usted le ha gustado mucho la película ‘El olvido que seremos’.

“Ver una película sobre la historia de mi familia, mis hermanas, mi madre y mi padre, me dejó una sensación de extrañeza. El cerebro comienza a confundirse, a no saber muy bien cuál es la propia memoria y cuál es la memoria creada por la película. Sobre todo porque es buena, porque yo creo que la película de Trueba es una obra maestra. Es una sensación en la que lo legendario, lo inventado, toda esa fantasmagoría que crea el cine, pasa a ser casi más real que lo que uno vivió, porque lo vivido se empieza a desdibujar”.

-¿Cómo se relacionan el periodismo y la literatura en su caso? ¿Suelen transcurrir por caminos paralelos o no dejan de cruzarse?

“El periodismo es el género humilde. Sobre todo en el sentido de que es el que nos ha dado de comer a muchos escritores. El ejercicio del periodismo cotidiano o semanal en las crónicas, en los reportajes, en las entrevistas, en las opiniones… Muchos escritores hemos encontrado en él un sueldo, una manera de ganarnos la vida. Aunque esto es cada vez más difícil, porque los periódicos se venden menos, la publicidad los ha ido abandonando y la gente ya no quiere pagar por los periódicos. Yo crecí, me crie y me sostuve durante mucho tiempo gracias al periodismo. También da algo que la literatura no tiene: agilidad. Hay que escribir rápido. Los periódicos tienen que salir en una cierta fecha, con una cierta cantidad de palabras. Y uno hace lo que puede y lo publica. A veces no sale bien, pero uno lo tiene que publicar”.

-Y frente a esa urgencia, ¿de qué manera entiende el oficio de escritor?

“La literatura es un género más vanidoso, más sofisticado. Sí, uno escribe con menos prisa, con menos presión y lo que te parece que no ha quedado bien no lo publicas, lo postergas. Pero en ocasiones tienes bloqueos y angustias. Puedes sentir que lo que haces no es una obra de arte y lo tiras a la basura o lo metes en un cajón. La ficción es un género menos humilde, pero también más difícil y más neurótico. Es otra cosa muy distinta al periodismo. Cuando sale bien tiene algo maravilloso: supera lo efímero del periodismo. Incluso puede durar más que aquello que escribiste en un periódico”.

“El periodismo es el género humilde que da de comer a muchos escritores; crecí, me crie y me sostuve gracias a él”

-Y al observar esta pandemia que nos ha cambiado la vida, ¿qué mirada prevalece, la del periodista o la del escritor?

“Más que la mía, creo que en todos nosotros debería prevalecer la mirada del divulgador científico, la del médico y la del ciudadano que se ocupa de su propia salud, de la de su gente y de la de su entorno. El ciudadano que trata de estar muy bien enterado de lo que pasa para limitar los riesgos y evitar el peligro de contagio. Los que tenemos herramientas culturales podemos aprovechar los cambios que han llegado con esta pandemia para llevar a cabo algo creativo, sereno y hermoso. Pero la aproximación de todos nosotros, como ciudadanos, debería ser esa: informarse, vacunarse, protegerse y proteger a los demás”.

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