cultura

José Zoilo Hernández, un biólogo que se hizo escritor porque es “un hombre de palabra”

El autor tinerfeño presenta en el Festival de Novela Histórica Ciudad de Tacoronte su novela 'Lordemano', sobre los vikingos en la península ibérica
José Zoilo Hernández. / DA

Se puede decir que José Zoilo Hernández es un biólogo que se hizo escritor porque es “un hombre de palabra”. Así lo afirma él mismo cuando relata cómo fue que un biólogo especializado en asuntos agrícolas se transformó, en el plazo de tres años, en un prolífico autor de novela histórica, con cinco novelas publicadas y una sexta en camino, que vende sus libros en 32 países, con miles de lectores y que ha sido señalado como el responsable de la moda sobre la Hispania tardorromana.

“Que eso me lo diga Jesús Maeso de la Torre, que tiene más de 20 novelas que yo me leía cuando tenía 15… dices, menuda flipada”. La expresión revela la propia sorpresa personal y la de familiares y amigos por los resultados a los que le ha llevado en tres años su gusto por la lectura de novela histórica y el compromiso a su palabra cuando aceptó el ordenador que su mujer le regaló para que pusiera por escrito “las batallitas” que le contaba. “Un día me dijo: ‘Vamos a hacer una cosa: te regalo un portátil y me escribes algo”, cuenta el autor tinerfeño para explicar su paso de lector a escritor y el origen de su aventura literaria.

Hernández presenta su última novela publicada, Lordemano (Ediciones B, 2021), en el Festival de Novela Histórica Ciudad de Tacoronte este viernes, a las 19.00 horas, en la Casa de la Cultura, ubicada en el antiguo Convento de San Agustín, en la plaza del Cristo, una obra en la que recrea la presencia de vikingos en la península ibérica en el siglo IX.

La carrera de Hernández lo ha llevado a convertirse en uno de los escritores más reconocidos de novela histórica en España. Ha publicado la trilogía Las cenizas de Hispania (que forman las novelas El alano, Niebla y acero y El dux del fin del mundo), El nombre de Dios y Lordemano, que trae hasta Tacoronte Histórica. Ha recibido el Premio de Novela Histórica de Pozuelo de Alarcón y la Asociación Escritores con la historia, que se entrega al mejor debut en novela histórica publicada en español, por El alano, en enero de 2020, y el Premio de Novela Histórica Cerros de Úbeda, que se concede a la mejor novela histórica publicada en España durante el año anterior, por El nombre de Dios. “Es difícil para alguien que empieza. Tuve la suerte de estar en el momento adecuado. No me puedo quejar”, subraya.

Pero Hernández se presenta a veces también de otra forma: como “un guanche que habla de godos”, porque, aunque como lector devora novelas históricas de cualquier periodo anterior al siglo XIX, como escritor, hasta ahora, se ha centrado en la Alta Edad Media en la península ibérica, esa Hispania tardorromana a la que ha insuflado nueva vida, una etapa en la que los visigodos eran protagonistas. “Por ahora todas mis novelas se sitúan entre el final del Imperio romano y el siglo IX, los primeros siglos de la Edad Media, una época que se suele decir que es muy oscura, pero que me gusta mucho. Es una parte muy convulsa y eso a mí me gusta a la hora de novelar”, detalla.

Se declara consciente de que “hay una deuda emocional con la tierra como canario, como tinerfeño. Quiero escribir algo de aquí; estoy en ello, dándole forma a una novela que no sé cuándo saldrá”, anuncia.  

“Me gustan las historias con mucha emotividad, que aportan los personajes, y que todo el escenario histórico esté bien claro y todo lo riguroso que se pueda”, comenta al explicar su forma de trabajo. La labor de documentación le suele ocupar alrededor de un año; en esta etapa de preparación compra muchos libros de investigación histórica y estudia, a lo que suma los viajes que hace para conocer los espacios donde se sitúan sus historias: “Estimula la imaginación”. Los visita acompañado de su mujer y su hijo y todo adquiere así un tono de aventura compartida. Luego, escribe muy rápido: “Tengo esa suerte”, confiesa.

La llegada de su hijo también ha sido importante para su trabajo como escritor: “El niño me ha ayudado a escribir y documentarme en cualquier momento. ¿Tengo media hora? Pues la aprovecho, cosa que antes era imposible”.

Sobre el éxito de la novela histórica, reflexiona: “La novela no es un libro de historia, el lector no va a aprender historia, pero sí va a tener pequeñas nociones sobre cosas que sucedieron en el pasado cercano o lejano; creo que la gente tiene realmente avidez por eso y por imaginarse cómo serían lugares muy distantes, donde la forma de pensar del siglo XXI no tiene nada que ver, aunque nos parecemos mucho en los anhelos… amor, venganza, amistad… Todo eso es igual, lo que pasa es que no es lo mismo cómo sentimos en el siglo XXI, en el siglo V, en el siglo X. Creo que eso a la gente le gusta mucho, el tratar de pensar cómo vivirían nuestros antepasados, cómo reaccionarían ante diferentes situaciones”.

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