gastronomía

Quesos franceses y suizos con muchas tablas

Muriel Maurin, de padre francés y madre andaluza, llegó a Tenerife por amor y hoy mantiene un puesto de quesos franceses y suizos en la Recova de Santa Cruz

Muriel Maurin ya fue portada de DIARIO DE AVISOS en 2013 cuando, en su tienda gourmet de La Recova, vendía insectos comestibles: saltamontes, grillos y gusanos del bambú. La noticia despertó tal curiosidad, que en pocos días la afluencia de clientes acabó con las existencias. Ahora, también por el Mercado Nuestra Señora de África, pululan personas con sus tablas de quesos franceses con tal éxito que el año pasado “tuve que parar los pedidos de tablas una semana antes de Navidad porque tenía un volumen tan grande de pedidos, que no podía asegurar la entrega y cerré el 25 de diciembre durante casi 10 días por falta de mercancía”.

Nacida en Nîmes, de padre francés y madre andaluza, Muriel se marcha a Barcelona a aprender español “porque quería montar un negocio” ,pero en una fiesta conoce a su pareja y deja todo -curso, una tienda gourmet en Montpelier- “y me vine a Tenerife por amor. En poco tiempo cambió mi vida, me casé y he tenido una niña que ahora tiene 12 años”.

Ya en la isla, Muriel Maurin decide montar una tienda gourmet en el mercado Nuestra Señora de África a pesar de que “todo el mundo me decía que si estaba loca. Y es que, en aquella época, hace ya más de 12 años, no había en La Recova una tienda diferente y gourmet. Yo fui la primera”. Allí saltó a la fama con sus insectos comestibles.

Luego tuve la oportunidad de comprar este local, pero sin saber aún qué iba a hacer porque a estas alturas el mercado ya estaba saturado de cosas nuevas”, añade Muriel. Entonces pensó en los quesos. “No conocía este mundo, pero como me encantan los retos, decidí hacerlo. Solo con quesos franceses y suizos”. La respuesta del público fue muy buena, entre otras cosas porque “reduzco mis beneficios para que el producto sea asequible”, y entonces Muriel decide hacer tablas de quesos, con una muy cuidada presentación y a partir de ahí se disparan las ventas en La Maison du Fromage, que es como se llama su nuevo negocio.

Muriel Maurin reconoce que “yo no esperaba esta acogida y en Navidad no podemos hacer todo lo que nos piden los clientes. Es imposible, tenemos un volumen tan grande que, por desgracia, no podemos atender todos los pedidos porque una tabla necesita tiempo, creatividad”. El año pasado, por Navidad, se quedó literalmente sin queso y este año no hay más que echar un vistazo a la libreta de pedidos para imaginar que pasará lo mismo.

Muriel Maurin improvisa cada día sus tablas de quesos en función del tamaño y del presupuesto del cliente “con la ventaja de tener entre 80 y 100 variedades. Siempre intento combinar los sabores y las texturas y realizar algo que además sea agradable a la vista”. A ella le “encantan los pequeños quesos de cabra y el queso con trufa también me rechifla”.

Reconoce que ha hecho un gran esfuerzo, pero también por su forma de ser, “he gastado mucho dinero solo para que el cliente descubra un queso: a la gente le regalo queso, le digo toma y prueba, la gente necesita probar cuando no conoce un producto. Y es que la mejor manera de hablar de un producto es probarlo”.

El queso más caro es el que tiene trufa, pero el que más se llevan sus clientes es el Comté “y los pequeños, que les encantan a la gente porque no se encuentran aquí”.

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