gastronomía

Una nueva generación en la bodega Hermanos Mesa

La bodega, ubicada en Arafo, pone en el mercado alrededor de 15.000 botellas de vino blanco, mayoritariamente de listán blanco
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La bodega de los Hermanos Mesa está situada en el casco urbano de Arafo, concretamente en la calle De Sosa, en los bajos de un edificio, con un espacio reducido y con escaleras en el que Fernando Mesa se desenvuelve a la perfección y de donde salen alrededor de 15.000 botellas de vino blanco -mayoritariamente-, al año. Fernando y sus hermanos, Carmen, profesora de química, y Tomás, enólogo en Lanzarote, han dado continuidad a este proyecto que inició su padre, primero para consumir en casa, y luego, como actividad complementaria a su profesión de maestro.

Sin embargo, la historia de esta bodega se remonta a la época del abuelo de Fernando, José Mesa, quien comenzó a elaborar vinos hace más de 70 años que luego transportaba a Santa Cruz en carros tirados por burros para intercambiarlos por otros artículos de primera necesidad. Eran los tiempos difíciles de la posguerra.

Tomás Guzmán continuó con la bodega como un pasatiempo que poco a poco fue convirtiéndose en una pasión. Fue el primero en embotellar el vino en la Comarca de Güímar antes de crearse las Denominaciones de Origen, y con la jubilación y, que se encontraba un poco cansado, optó por vender la uva a la cooperativa.

Mientras, la modesta bodega permanecía cerrada hasta que un día, allá por 2014, uno de sus hijos Fernando, que trabajaba en una agencia de publicidad de la Península con clientes mayoritariamente dedicados a la agricultura, decide volver a Arafo y dar continuidad al proyecto familiar. Aquí le esperaban las instalaciones que había montado su padre y prácticamente se trató de limpiar, poner orden y comenzar a trabajar, aunque su padre le insistía en que “si estaba loco”.

Sin embargo, el paso del tiempo le dio la razón a Fernando Mesa. Su padre se echó a llorar de emoción el día que presentaron sus vinos, Locarta, en la Casa del Vino de El Sauzal, al ver cómo continuaba su proyecto familiar. Fernando reconoce que este “es un trabajo sacrificado pero que engancha”.

Fernando, que es quien lleva el día a día de la bodega, señala que el nombre de Locarta, obedece a una parcela que tienen en la zona de Los Loros, en Arafo, que ya usaba su padre hace unos 30 años. De formación ingeniero agrónomo nos cuenta que no ha realizado grandes cambios con los vinos que elaboraba antes su padre. “Sí que es verdad que antes había un blanco, un afrutado y un tinto y nosotros hemos empezado a segregar; no mezclar la uva blanca, sino hacer diferentes vinos de diferentes zonas y variedades. En resumen, él hacía un vidueño con toda la uva blanca y nosotros hemos empezado a hacer monovarietales de una finca concreta sin mezclar”.

Los vinos que comercializan los hermanos Mesa este año van a ser 15. “Casi todo lo que hacemos es blanco, tenemos poca uva tinta, y embotellamos casi 1.000 litros. Ahora tenemos un poco de rosado, pero el 90% es vino blanco, afrutado un poco y todo lo demás son secos”, dice Fernando. Añade que prácticamente todo lo que embotellamos es listán blanco, un poco de albillo, y de moscatel y marmajuelo. También elaboramos un cien por cien marmajuelo y la moscatel la utilizamos para mezclar con el listán y sacar el afrutado”. Al proyecto han añadido un espumoso por el método ancestral en el que básicamente se embotella el vino antes de que termine de fermentar, luego se hace un degüelle y se rellena con el mismo vino. “Lo hicimos hace dos años y la verdad es que tuvo buena aceptación, así que este año lo hemos trabajado más, y preparamos un rosado espumoso que saldrá en junio”, afirma.

Los vinos de Hermanos Mesa, que están adscritos a la DO Valle de Güímar, es un proyecto que demuestra cómo el rejuvenecimiento del sector da continuidad, y también empleo, en el sector de la vitivinicultura de las Islas.

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