economía

La cuesta de enero llega más empinada que nunca a Canarias

La elevada inflación, inédita en 30 años, está siendo la protagonista de la recuperación económica tras la pandemia. 2022 será el año en el que las familias verán cómo los precios se disparan, pero sus salarios se mantienen. Subirlos en el contexto actual sería como apagar el fuego con gasolina
Rebajas con incertidumbre por las restricciones. Fran Pallero
Rebajas con incertidumbre por las restricciones. Fran Pallero

La cuesta de enero de 2022 será más empinada que nunca. El año acaba de comenzar y el aumento de los precios amenaza con amargar el día a día de las familias españolas que verán cómo cada mes su sueldo cunde menos y pierden poder adquisitivo. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó el pasado viernes el peor de los presagios: España cerraba el año con una tasa de inflación del 6,5%, dejando la media en el 3,1%, la más alta en 30 años. En Canarias esta cifra llegó al 5,8% y lo peor es que a corto plazo, según las previsiones de los organismos económicos, los precios no darán tregua.

La recuperación económica tras la pandemia no está siendo todo lo rápida que se esperaba y hay varios factores que influyen en ello: la crisis de suministros por el aumento de la demanda por parte de los consumidores y la subida de los precios energéticos que está afectando a todos los sectores, especialmente alimentación, hostelería y vivienda. En este contexto, está claro que la cesta de la compra notará el encarecimiento.

La inflación ha sido siempre considerada como el impuesto de los pobres porque beneficia al Estado, que reduce su deuda, pero tiene un impacto directo sobre el bolsillo de los ciudadanos. Aunque parezca que la subida de la electricidad solo afecta cuando encendemos la luz o ponemos la lavadora; no es así. El incremento de la energía repercute en el precio final de los alimentos, la vivienda, los bares y restaurantes y los hoteles. Aproximadamente un tercio de las empresas ya está aumentando los precios de venta 10 puntos porcentuales más que en el trimestre anterior, según informa INVERTIA /EL ESPAÑOL. Es más, este año dos tercios de las compañías esperan incrementos de precios respecto a los actuales, ya que sus costes se encarecen y tendrán que repercutirlos en el cliente final de alguna manera.

Sin embargo, España no es el único país que se está enfrentando a un proceso galopante de inflación por el alza de los precios de la energía. No es que consuele, pero la tasa de inflación interanual de la zona euro se situó el pasado mes de diciembre en el 5%, el mayor encarecimiento de los precios en Europa de los últimos años. Países como Alemania incrementaron su IPC un 5,3%, una cifra que no se registraba desde junio de 1992. En Estados Unidos, por ejemplo, la tasa se disparó al 7% en diciembre, su dato más alto desde 1982.
Hasta ahora, el discurso oficial en Europa y en España ha sido que este fenómeno es “transitorio”, pero cada vez hay más voces como la del vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, que esta semana dijo que esta subida de precios puede ser crónica. No obstante, el escenario en el que se mueve el Banco Central Europeo (encargado de dar estabilidad a los precios) es que la inflación subyacente, que no incluye la energía, no subirá lo suficiente como para tener que anunciar una subida de tipos en 2022. Es lo que se llama en economía los efectos de la segunda ronda, los que se producen cuando la subida de la inflación se traslada a los salarios.

Leticia Poole, profesora de Economía y Empresa de la Universidad Europea de Valencia, declaró a DIARIO DE AVISOS, que precisamente ahora lo que estamos sufriendo es la segunda parte de la inflación, cuando las empresas tienen que repercutir su aumento de coste por el alza de la energía en los precios. “Si se fuerza al BCE a una subida de tipos, ahora la tiene fijada en el 2%, los ciudadanos pasaremos de preocuparnos de la cesta de la compra a cómo pagamos las hipotecas”. Por ello, insistió, en que “no es el momento de subir los salarios. Sería como apagar un fuego con gasolina. Una decisión que lastraría aún más la recuperación económica”.

Poole explicó que la única manera de controlar la inflación es subir los tipos de interés, pero con ello subirán las hipotecas de interés variable. “Las cosas se empiezan a poner feas”, declaró. Para la profesora no hay culpables de esta situación. España, Estonia y Lituania son los países de la UE con la tasa de inflación más alta y eso es debido “al mercado energético”. “Europa decidió hacer una transición energética y pasar de ser un gran consumidor de energía fósil a serlo de fuentes renovables. El problema es que el sistema de fijación de precios que tiene España con una subasta diaria que depende de si ha habido sol y viento es muy volátil y crea mucha incertidumbre. Portugal, por ejemplo, tiene otro sistema de fijación de precios con el que no le está yendo mal”, declaró. “Lo más importante es regular bien este mercado para estabilizarlo y darle más seguridad”.

Poole dejó claro que los ciudadanos tenemos que asumir que, aunque suban los precios, no subirán los salarios, o al menos no deben subir. “Ahora vamos a perder poder adquisitivo”, insistió, “pero también hubo inflación negativa en 2019 y 2020, por lo que nos quedaremos como estamos”. Está claro que la inflación daña a los ahorradores que pierden poder adquisitivo y, sobre todo, al consumo. “La gente se contrae y no gasta”. Por ello, insistió en que, a pesar de todo, esto hay que lanzar un mensaje positivo de que esta situación mejorará a finales de año. “Hay que convencer a los ahorradores que tienen que gastar y consumir para que la economía siga reactivándose”.

En este contexto, la CEOE advirtió que “la inflación no debe trasladarse a los salarios porque generaría un efecto inflacionista estructural. Las empresas están asumiendo importantes costes de producción, “que apenas se están trasladando a los precios finales”. Esto implica una reducción significativa de los márgenes empresariales en un momento delicado para muchas de ellas tras dos años de crisis y restricciones a la actividad, “por lo que este incremento de precios derivados de factores de oferta, deben ser tratados como coyunturales y no trasladarse a los salarios”. Si no se contienen los precios energéticos y los salarios suben retroalimentando las subidas de precios, existe el riesgo de que la recuperación no se produzca a finales de año.

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