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La Candelaria, esa viajera

‘La Morenita’ acompaña a los canarios y canarias en aquellos lugares donde han estado o se han asentado, especialmente allende el Atlántico, en la América hispana

Por María del Pilar Rodríguez Mesa (Caracas)

Nos referimos a la Virgen de La Candelaria y la estamos calificando de andariega. ¿Y será la Virgen tan y tan viajera como para calificarla de “andariega”? Todo indica que el calificativo le viene como anillo al dedo. Porque le da la vuelta al mundo, y en ese sentido compite con Magallanes y Elcano, claro que como vocación mariana, no en la marinería. Y es muy probable que se subiera a la expedición que ancló en el sur de Tenerife, en 1519, junto a algunos tinerfeños que más de una vez estarían implorando a su virgen que los amparara.

Como siempre, el asunto canario resulta interesante y misterioso, por no decir que soslayado. Partimos del reconocimiento y aceptación de que La Candelaria acompaña a los canarios por allí donde han estado pateando, de manera que resulta indicativo de su presencia y de un cariño a toda prueba. Es una simbiosis ¿Y por dónde y hasta dónde han llegado esos isleños? Nos auxilia Alejandro de Humboldt cuando da idea de cierta ubicuidad: “Es menester estudiarlos en las estepas de la provincia de Caracas, en las faldas de los Andes, en las ardientes llanuras de las islas Filipinas, y donde quiera que, aislados en inhabitadas comarcas, han tenido ocasión de desplegar una energía y actividad que son las verdaderas riquezas de un colono”. Añade una observación interesantísima y a tener en cuenta: “El pueblo canario está dotado de una vivacidad de imaginación que distingue a los habitantes de Andalucía y Granada”.

Seguimos y nos apoyamos en el dominico fray Alonso de Espinosa (1543-1600) y su obra Del origen y milagros de la santa imagen de Nuestra Señora de Candelaria que apareció en la Isla de Tenerife, con la descripción de esta Isla, que se publicó en Sevilla en 1594. Encontramos que la Virgen de la Candelaria, pues curiosamente “… haber aparecido a infieles, y en tierras de infieles” en “el año de mil y cuatrocientos de nuestra redención, ciento y cinco años antes que la isla fuera de cristianos…..”. O sea, que si Tenerife queda bajo la soberanía de Castilla en 1496, pues hacía rato que esta virgen era venerada y no tenía procedencia española. Además, al parecer su fervor se extendía a todas las islas por milagrosa ¿Y cómo llegaría? Lógicamente en algún momento posterior al redescubrimiento, quizás de la mano de los normandos pero con anterioridad de la Santa Sede, que para el momento tenía su sede en Aviñón, crea el reino sufragáneo de La Fortunia.

Además, en la Francia de los Capetos se celebraba la noche de las Candelas, derivada de festividades paganas asimiladas en el cristianismo. En todo caso, de la mano de alguno de los tantos visitantes que se interesaron en el único archipiélago habitado y más próximo a las costas africanas de la Macaronesia, aunque lo que prevalece es la aparición de la imagen en la playa de El Socorro, en el sur de Tenerife. Lo dejaremos así.

Castilla, que incorpora como “naturales” suyos a todos aquellos guanches que se avienen a la nueva situación, debe haber intuido que este culto favorecía una cristianización más expedita, y por añadidura le permitía contar con colaboradores. Será también símbolo de resistencia, y aquí la cosa cambia, porque era imagen aparecida a los “naturales” y era de ellos, de manera que acogiéndose a sus derechos y peleando por ellos, se verá envuelta en más de una peripecia y en pleitos prolongados. Defendemos que como “naturales” engrosaron el proceso repoblador en España, en los territorios meridionales castellanos, entre los siglos XIV, XV y XVI y probablemente primer tercio del XVII.

Ahora trataremos de tener una idea del mundo de La Candelaria y cómo cavilamos que estuvo dando la vuelta al mundo, pues encontramos que en zonas centrales del archipiélago filipino prosigue el culto a la virgen de Candelaria de la mano del de la virgen de Guadalupe (que es la patrona de La Gomera). Se muestran como dos vírgenes que entran en el mundo español desde su iniciación. Filipinas se encontraba bajo la administración del virreinato de México.

Y para proseguir nuestra andadura nos iremos de coplas. La inicial y no podía ser de otra manera es: “Virgen de Candelaria/ la más bonita/ la más morena/la que tiende su manto/desde la cumbre hasta la arena”. La cumbre, pues, es el pico del Teide, hasta llegar al borde del mar (la arena). Seguimos y hacemos entrada a la España meridional, donde La Candelaria se celebró y aun se celebra en muchos pueblos, como en el sur de Badajoz, en Córdoba en el Valle de los Pedroches, en pueblos de Murcia, también en Almería, en Málaga donde le dedican coplas de Verdiales, y así. Nos internamos a tierras de Jaén, a la Sierra de Segura y al pueblo de Orcera, que el 2 de febrero celebra con estas coplas: “Vino la Candelaria,/ nunca viniera,/ me costó una paliza/ por ir a verla/ Candelaria florida,/ flor de romero, / no le digas a nadie/ que yo te quiero”.

Geografías distantes

Cruzamos el Atlántico y comprobamos que la vocación a la virgen de Candelaria está muy diseminada por la América española. Además de una cierta probable presencia temprana, su más amplia dispersión se puede vincular al aumento del impulso de fundación y poblamiento que se produce desde la segunda mitad del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, hacia donde se dirigirán muchos canarios y familias canarias estructuradas. Fundamentalmente por cuenta propia y menos dirigidas. Ciertos destinos se muestran como preferentes. Solo haremos unas poquitas referencias que nos llevan a geografías distantes, aunque y ¿por qué no? de seguro Candelaria tuvo cierta autonomía.

Así, llegamos a Venezuela donde la Candelaria es devoción ampliamente extendida. Y así, en la llanada barloventeña encontramos este canto en forma de parranda: “Candelaria hermosa/ brillante lucero/ fuiste aparecida el 2 de febrero”……”de Curiepe vengo/ con mi canturía/ y a la Candelaria/ celebro su día”…… “nuestras navidades/ suelen terminar/ el 2 de febrero y entra el carnaval”… Y la festividad, conocida como Vasallos de la Candelaria, se celebra en varios pueblos del estado andino de Mérida. En México, en Tlacotalpan, al oriente de la ciudad de Veracruz, se canta en sus festividades esta copla: “Virgen de la Candelaria/ en tu protección confío/ y cantando esta plegaria/ yo te elevo un ruego mío/ cuídame la vida diaria/ tal cual proteges el río…”. También en Colombia, en Mangangué. En su Santuario se oye este himno: “Gloriosa virgen de las Candelas/ excelsa reina/ madre de Dios/ eres alivio de nuestras penas……sobre las aguas del Magdalena/ un navegante clama piedad/ la Candelaria/ virgen morena/ vence el peligro / y la tempestad…”. Continuamos a Chile, donde es la patrona de la región de Atacama, y en la ciudad de Copiapó su fiesta dura 12 días. Es la fiesta grande de la Candelaria y se canta: “Hasta tu casa venimos/ para verte y saludar/ recibe nuestra plegaria/ gozo, dolor y cantar/ virgen de la Candelaria/ madre del Señor Jesús….” Alcanzamos el noroeste de Argentina, en Jujuy, en la zona de Humahuaca, este himno le rinde honor: “Virgen María de la Candelaria/ postrados ante tu imagen/ míranos con ojos de madre/ somos tus hijos….”

Encontramos un mundo ampliamente comunicado, que alcanzó una asombrosa homogeneidad y aceptó y concilió una asombrosa diversidad. Por oriente, el Galeón de Manila estuvo 300 años uniendo 3 continentes. Salía de Manila rumbo a las costas de Acapulco, en el Pacífico, desde donde la mercancía llegaba a Veracruz (la Villa Rica de la Vera Cruz) de allí pasaba a España y demás territorios españoles, como, por ejemplo, el venezolano. Por occidente, desde 1561, operaban dos flotas que partían de Cádiz. La Flota o Flota de la Nueva España, que partía en agosto, y Los Galeones o Flota de Tierra Firme que partía entre enero y marzo. Ambas recalaban en las Islas Canarias, donde solo se permitía aprovisionarse, posiblemente para evitar contrabando de mercancías y personas, y seguían rumbo a sus destinos. La Flota de Tierra Firme se reorganizaba en Cartagena de Indias, donde se reunían los galeones del Perú, de América Central, de Venezuela, para su retorno que se hacía desde San Cristóbal de La Habana, islas próximas, luego las Azores, y de allí hasta Cádiz.

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