la palma

Ventilación forzada para eliminar el CO2, la opción para volver a Puerto Naos y La Bombilla

Regresar a estos barrios sería posible siempre y cuando esta alternativa logre rebajar las enormes concentraciones de dióxido de carbono, ahora mismo en niveles que son letales
Imagen de la reunión informativa celebrada en el Camilo León de Los Llanos con vecinos de Puerto Naos y La Bombilla. DA

No hay fecha ni previsión para que los vecinos de La Bombilla y de Puerto Naos puedan regresar a sus barrios después de cuatro meses y 22 días desalojados. Es lo transmitido oficialmente por las autoridades locales e insulares a partir de las mediciones de gases en ambos núcleos, uno de ellos una de las zonas turísticas más importantes de la Isla.

Las mediciones de gases difusos, dispersos, silenciosos y no visibles son tan altos, con registros de 40.000 partes por millón (ppm) de CO2 en el interior de viviendas – cuando los límites aceptables estarían por debajo de los 5.000 ppm -, que la exposición de los vecinos supondría un riesgo letal, en medio de una atmósfera donde queda desplazado el oxígeno. Puerto Naos y La Bombilla se han convertido, tras la erupción, en lugares de peligro para la vida humana. Este hecho comprobado científicamente y transmitido con claridad a los cientos de vecinos que se dieron cita esta semana en el pabellón Camilo León de Los Llanos de Aridane, atendiendo a una convocatoria de la alcaldesa de Los Llanos de Aridane, mantiene en una situación de incertidumbre a las más de 3.000 personas desalojadas de este frente del litoral desde el 19 de septiembre. Pese a todo, hay motivos para la esperanza.

Aunque nadie puede precisar cuándo desaparecerán los gases en un horizonte temporal que lo mismo puede ser de semanas que de meses, el coordinador y vulcanólogo del Involcan, con más de 30 años de experiencia en la medición y estudio de gases asociados a la actividad volcánica, Nemesio Pérez, expuso en esa reunión informativa la posibilidad de “llevar a cabo una ventilación natural y forzada en los interiores de las viviendas, como ocurre dentro de galerías o pozos, donde para acceder a ellas es necesario realizar este tipo de ventilación”. Pérez propone “delimitar y perimetrar este peligro y utilizar acciones para reducir los peligros asociados a los gases”. Eso sí, el experto advierte de que, aún apostando por esa opción, “si el caudal de gases es más alto que el que se puede eliminar con la ventilación forzada, el peligro va a persistir. Lo conveniente, para conocer la conclusión y tener opciones, es aplicar ambos tipos de ventilación y realizar las comprobaciones para ver si hemos logrado reducir los gases en el interior de las viviendas, reduciendo los riesgos. Eso solo lo podremos hacer llevando a cabo las acciones y monitorizando las zonas”.

El origen de estos gases está claro. El coordinador del Involcan señala que “llegan a las viviendas a través de toda la estructura del suelo”. “Este dióxido de carbono es de origen volcánico y procede de un sistema hidrotermal que se ha visto afectado por la erupción”, dijo.

Entre los asistentes a esta charla informativa, en la que intervinieron un técnico especialista en explosivos de la Policía Nacional (Tedax) y uno de los vulcanólogos del Instituto Geográfico Nacional, estaba uno de tantos vecinos, Resbel, que llegó a Puerto Naos en el año 1964 y que salió de allí, dejando atrás su bar cafetería, su casa y su barrio. Desde el 19 de septiembre vive en un pequeño piso en Los Llanos, el segundo que le prestan desde aquella jornada. Sus trabajadores están ahora en ERTE y le sobran horas vacías que intenta llenar paseando por Los Llanos.

La reunión no le ha dado grandes esperanzas, pero sigue creyendo en regresar. Aún le cuesta despertar en una casa que no es la suya, en un cama prestada, con dos hijos que, como él, junto a sus parejas y su propia mujer, están en una impás que a veces les parece atemporal, como si el infinito se hubiera adueñado, en casi cinco meses, de todo el pasado y del futuro. Resbel recuerda que “soy solo uno de tantos en esta situación tan dolorosa”.

Muchos de los desplazados por el volcán se han adaptado a la rutina de la eventualidad, pero a otros muchos, especialmente los que confiaban en volver cuanto antes, una vez terminara la erupción volcánica, como así ocurrió tras 85 días, no solo a sus hogares, sino a sus puestos de trabajo.

En Puerto Naos se mantienen bloqueadas unas 1.200 camas turísticas solo en el complejo hotelero de la cadena Sol Meliá, el primero que se abrió en la Isla, a finales de la década de los 80, además de cientos de apartamentos y de negocios de restauración y comercio que cerraron sus puertas desde el día que el volcán erupcionó en Cabeza de Vaca.

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