santa cruz

La Asociación de Memoria Histórica reclama tener espacio en Paso Alto

Mercedes Pérez Schwartz recuerda que el castillo fue una prisión en 1936, donde encarcelaron a cientos de personas, entre ellas su abuelo, José Carlos Schwartz, el último alcalde republicano
El Castillo de Paso Alto pertenece al Estado, al que se ha dirigido el Ayuntamiento de Santa Cruz solicitando su cesión para dedicarlo a la Gesta.
El Castillo de Paso Alto pertenece al Estado, al que se ha dirigido el Ayuntamiento de Santa Cruz solicitando su cesión para dedicarlo a la Gesta.

El anuncio del Ayuntamiento de Santa Cruz de que se ha pedido al Estado la cesión del Castillo de Paso Alto para dedicarlo a la Gesta del 25 de Julio, y convertirlo en sede de la Asociación Histórico-Cultural que recuerda este momento histórico, ha hecho que la Asociación de Memoria Histórica de Tenerife recuerde que, en ese punto, se ubicó una prisión militar en el 1936, donde se encarceló a cientos de tinerfeños, entre ellos el último alcalde republicano de Santa Cruz, José Carlos Schwartz y abuelo de la presidenta de la asociación, Mercedes Pérez Schwartz.

“Nos parece una buena idea que se rescate ese espacio para Santa Cruz, pero también creemos que no se puede olvidar que en ese lugar se encerró a muchas personas, como mi abuelo, pero también a otras autoridades, militares y personas de cierta influencia social”, apunta Pérez Schwartz.

La presidenta de la AMHT cree que es necesario recordar que en el Castillo de Paso Alto fue un punto de represión como lo fue Fyfees en la capital, y así se lo ha hecho llegar al Ayuntamiento de Santa Cruz para que valoren esa posibilidad, reclamando que el espacio sea compartido, de forma que se pueda dedicar a la Gesta del 25 de Julio, pero también a recordar lo que allí sucedió.

Desde el Ayuntamiento se explica que aún no está decidido si el espacio del Castillo de Paso Alto se dedicará de manera íntegra a la Gesta del 25 de Julio, y que, en cualquier caso se podría colocar algún tipo de recordatorio, como una placa, que apuntara lo que sucedió en ese espacio durante los primeros meses de la Guerra Civil Española.

Para la AMHT, aunque valoran la disposición del Consistorio, no es suficiente una placa, demandan que se destine parte del espacio para albergar un lugar de memoria, porque, como recuerda Pérez Schwartz, “en Santa Cruz ya no existe ningún lugar de los que se usó como cárceles, excepto Paso Alto. De Fyffes solo queda una escultura que lo recuerda”, apunta.

El Castillo de Paso Alto resultó fundamental en la defensa de Santa Cruz del ataque de Nelson, pero también es innegable, como defiende la AMHT, que se convirtió en un punto de represión, en el que además del José Carlos Schwartz, también fue recluido el gobernador civil de la época, y otros políticos y distintos cargos defensores del orden democrático, que acabaron en esa prisión. Fueron cientos los vecinos de Santa Cruz que acabaron en Paso Alto, y para algunos, como fue el caso del último alcalde republicano de la capital, fue el útlimo punto en el que se le vio con vida, de allí desapareció para ser ejecutado.

Esta misma semana Sí se puede recordaba que ya en 2018 se llevó al Pleno de Santa Cruz una moción para convertir el castillo de Paso Alto en un museo sobre la memoria histórica. La formación comparte los argumentos de la Asociación de Memoria Histórica recordando que este espacio tiene un enorme valor simbólico, porque es el único edificio que queda en pie en Santa Cruz entre todos aquellos espacios que utilizaron para encarcelar a presos políticos, en primer lugar, los golpistas sublevados contra la II República y, posteriormente, el régimen de Franco. El portavoz de Sí se puede, Pedro Fernández Arcila, defiende que “se trata de transformar este edificio con tanta carga simbólica en un espacio de vinculación de valores democráticos y de compromiso con el respeto a los derechos humanos”.

Las otras prisiones

Según los datos de la época recogidos por distintos historiadores, a raíz del golpe de estado de 1936 se produjeron miles de detenciones que rápidamente saturaron la Prisión Provincial, que se hallaba en Santa Cruz de Tenerife, en la calle San Miguel. Así que se habilitó el antiguo cuartel de Caballería para albergar a más personas detenidas y también el cuartel de Paso Alto. Asimismo, el puerto de la capital llegaría a contar con cinco barcos utilizados como prisiones. El Santa Rosa de Lima y el Santa Elena eran los mayores y daban cabida a 150 presos cada uno. El Gomera y el Adeje contaba con 100 detenidos y, posteriormente, se incorporó el Porto Pi. Sin embargo, el centro de detención más importante de la ciudad estaba ubicado en los almacenes de la compañía inglesa Fyffes, que en sus tres naves llegó a retener a 1.500 personas.

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