cultura

Elsa López: “El tema de mi obra, y también el de mi vida, es una constante: recuperar la felicidad de la infancia”

Escritora, Premio Canarias de Literatura 2022
Elsa López
Elsa López. DA

Elsa López (Santa Isabel de Fernando Poo, actual Malabo, Guinea Ecuatorial, 1943) es sobre todo poeta. Y con esta afirmación se pretende describir un rasgo de personalidad -o al menos es un intento-, más que señalar una ocupación literaria y, en ningún caso, un oficio. Y es que, como explica la Premio Canarias de Literatura de 2022 en este diálogo con DIARIO DE AVISOS, siempre se ha movido por pasiones, y claro, ahí no caben planes ni estrategias para construir eso que conocemos como trayectoria artística. De manera que no hay un mapa, pero sí una geografía sentimental que no ha dejado de recorrer -la isla y las islas, La Palma y Canarias-, siempre acompañada de la memoria y de la infancia evocada. En cualquier caso, su naturaleza insular, defiende la artífice de Ediciones La Palma, es un elemento sustantivo en su biografía, pero, si hablamos de literatura, son las emociones las que van configurando el paisaje poético. Procedan de donde procedan.

-¿Cuál fue el primer recuerdo que le vino a la memoria cuando le dijeron que había obtenido el Premio Canarias de Literatura?

“Muchísimas imágenes, unas detrás de otras y en muy poco tiempo. Aunque quizás, si lo pienso ahora un momento, la primera que me vino fue la de mi madre y también el sentimiento de que ella no estaba aquí para poder ver algo tan bueno que le estaba ocurriendo a su hija”.

-¿Son muy diferentes las pretensiones, los deseos y los sueños de la Elsa López que comenzaba a escribir a los que tiene hoy la que continúa ejerciendo esta vocación?

“Son muy parecidos. Cuando con veintitantos años escribía, lo hacía sobre La Palma y sobre mi infancia, el fruto de la nostalgia que sentía al estar fuera, en Madrid. Mi sueño era siempre el mismo: estar aquí, regresar a la isla y estar con mi abuela. Esas eran las claves de mi vida. Todavía hoy, cuando tengo una edad que supera a la que tenía mi abuela entonces, al subir la cuesta que lleva a la casa de la infancia experimento las mismas sensaciones que en el pasado. El otro día, cuando me dijeron que había ganado el Premio Canarias de Literatura, recordé también, una por una, a todas las personas que me acompañaron en la niñez, que hicieron que mi vida fuera tan feliz. El tema de mi obra, y también el tema de mi vida, es una constante: recuperar la felicidad de la infancia. Fui una niña feliz y La Palma era ese lugar donde estaba la felicidad. Cuando en verano regresaba a la isla, volvía siempre pensando que iba a recuperar esa felicidad. Pero la felicidad de la infancia nunca se recupera. Cuando me comunicaron este premio fui tan feliz que me dio por llorar, porque, simplemente, me ahogué de tanta alegría. Nunca he tenido metas en la literatura. Escribo porque me apetece, porque me nace, porque cada día me despierto con ganas de decir cosas”.

-La isla y las islas desempeñan un papel protagónico en su obra. ¿De qué manera el territorio insular ha ido construyendo su paisaje literario?

“Ese paisaje son muchos y se entremezclan continuamente. Amo a algunos lugares y a algunas personas de algunas islas, y todo se va entrecruzando. Si por ejemplo hablo de Fuerteventura, tengo recuerdos mágicos de la isla y de gente de allí; de Lanzarote, no digamos: poseo unas raíces afectivas y físicas muy profundas… Escribo mucho sobre La Palma, pero también tengo poemas escritos en Tenerife, en Gran Canaria… En cada lugar hay algo que me provoca la emoción y las ganas de escribir. La playa de Las Canteras, en Gran Canaria, es un símbolo de libertad y de juego. También de afecto. Mis padres estaban en África, pero allí, en Las Palmas, vivía una familia que me acogió y me quiso. Todo esos sitios, y otros muchos más, son claves. La Palma es el centro, pero todo va girando en torno a las islas. Mi imaginario es muy corto. Cuando alguna vez he escrito ficción, es raro que invente demasiado. No me hace falta. Viviendo en Canarias, la invención casi no es necesaria. ¿Para qué, si todo lo tienes ahí? El paisaje te da un contexto para la escritura. Siempre digo que el mar es un a priori. El infinito para mí es algo muy natural, basta con mirar al frente, al mar y al horizonte. Cuando en la universidad me explicaban el pensamiento de Kant, entendía lo del a priori a la primera”.

-Desde 1984 hasta hoy han recibido el Premio Canarias de Literatura 21 autores. Usted es la tercera escritora a la que se le ha concedido, tras María Rosa Alonso (1987) y Cecilia Domínguez Luis (2015), quien lo obtuvo hace siete años. ¿Valoramos ya en un plano de igualdad los méritos de las mujeres que escriben o aún queda mucho por recorrer y por reconocer?

“Por recorrer, queda mucho; por reconocer, queda más. A lo largo de la historia, no solo la de la literatura, también la del arte, la del pensamiento, la de la investigación…, ha habido mujeres extraordinarias en el Archipiélago que han conseguido determinados logros y no han sido reconocidas. En buena medida somos el fruto de una mentalidad y una cultura que nos han sido impuestas. El patriarcado es una imposición, no es algo dado por la naturaleza. Si hoy te sientas con la gente joven, y me refiero a jóvenes que no poseen un pensamiento trasnochado, no establece distinciones de género de ese tipo. Eso también lo percibes cuando das clase a los adolescentes, que no distinguen entre compañeras o compañeros a la hora de reconocer sus méritos. Ese reconocimiento es natural, lo otro es una imposición. ¿Quién hace el canon literario en las universidades o en las enseñanzas medias, en el que observas un montón de nombres masculinos y apenas hay de mujeres? El problema está ahí. ¿Quién es el que estima que hay 30 hombres escritores en determinado siglo y ni una sola mujer escritora? El que hace los textos, el que impone su criterio, que, por regla general, es un hombre. Pero más que culpabilizar a alguien, lo que debemos hacer es enseñar y explicar que esto debe cambiarse. En La Palma, por ejemplo, tenemos a Leocricia Pestana (1853-1926), una mujer extraordinaria que ha sido silenciada mucho tiempo”.

-Si estuviésemos de acuerdo en que escribir poesía es casi un ejercicio de fe, editarla podría entenderse como un acto de rebeldía. ¿Cómo entiende la profesión de editora?

“Yo actúo por pasiones y la de editora es otra. Hay una cosa del mundo de la literatura que siempre me ha irritado: leer algo que me parece maravilloso y, sin embargo, ver que no va a ninguna parte, que se queda ahí, que ese autor o esa autora no tienen un camino por el que transcurrir con su obra. La promoción de alguien valioso que está cerca de nosotros me ha parecido siempre una necesidad. Hay que apostar por las personas que valen, hay que defenderlas. De ahí nació la idea de Ediciones La Palma. En esa época tenía una serie de amigos con una obra poética muy valiosa que o bien se había apagado, se había acabado o no se reeditaba: Claudio Rodríguez, José Hierro, Antonio Gala, Rafael Morales… Un montón de poetas que generosamente me daban textos que nadie reeditaba. Claro, tenía a mi lado a José Hierro, que me hizo un diseño precioso para una colección, Retorno, y a Manolo Romero, que era el que se ocupaba de todo esto, porque yo sola nunca hubiera podido. De ese carro ha tirado mucha gente a la que le gusta lo mismo que a mí, que ama la literatura y que decidió estar a mi lado. Y lo mismo cuando aparecía alguien joven con una obra interesante, muchachas y muchachos que empezaban una vida tan difícil como es la de escritor”.

-¿Y que ha supuesto la palabra poética en su escritura?

“La poesía es en mi caso una manera de vivir, de entender la vida, no un oficio. Cuando algo me emociona, me provoca una reacción intelectual, incluso física, y solo se me ocurre escribir. Hay quienes se sientan al piano y componen, otras personas pintan… Yo no. Yo cojo un lápiz y un papel y escribo lo que me acaba de pasar por la cabeza, sobre las emociones que se me abalanzan, porque es así como me llegan la tristeza, la alegría… Todo lo padezco y lo escribo. Me pongo cada día a escribir porque siempre tengo algo que expresar. Los momentos del poema nunca los espero: llegan y tengo que aprovecharlos. Escribo en verso libre, soy incapaz de hacer un soneto. No he rimado nunca porque escribo pensamientos. Con un ritmo, eso sí. José Hierro decía que yo hablaba en endecasílabos, probablemente porque mi cerebro funciona con un ritmo musical concreto [ríe]”.

-Su trayectoria le ha permitido hacer literatura desde Canarias, pero también observar la literatura que se hace en Canarias. ¿Existen aún muchos lugares comunes al apreciarla?

“El primero que habría que superar es el de la insularidad en la literatura. Debes defender el sitio al que perteneces y todo lo que significa para ti. Ahora bien, el arte, la literatura, la música son universales. Un poema de Alonso Quesada lo leen en Rusia y la gente no comienza preguntando de dónde es. Eso no importa. Lo que importa es el poema, lo que dice, lo extraordinario que puede ser. Luego viene el origen, las fechas, la historia de ese poema. Todo eso está muy bien, pero no es lo más relevante. Hay poetas canarios que son universales porque lo esencial es lo que han escrito. Creo en la universalidad de la literatura, y la insularidad, que es cierto que puede hallarse en esos textos, no es lo más determinante”.

-Si no consejos, ¿qué recomendaciones daría a alguien que quisiera dedicarse a escribir?

“Que lea. Hay que leer mucho, porque la lectura cumple muchas funciones. Te abre el universo, te abre todas las puertas posibles y te enseña a escribir. Aprendes palabras, términos, formas, maneras… y también te aporta humildad para decirte: un momento, aún no estoy preparada, esto ya lo ha escrito alguien, esto no está bien…”.

-¿Qué tipo de literatura le interesa ahora mismo a Elsa López como lectora?

“Aparte de poesía, que para mí es algo fundamental, últimamente leo muchos cuentos. Sobre todo, debo confesarlo, por una razón de comodidad. Me gusta leer por la noche y cuando lo hago me encanta leer textos breves, algo que pueda devorar en un momento determinado. Hace poco leí un libro de Bruno Mesa, Planes de fuga, de aforismos, pequeños pensamientos, que me llevan a reflexionar justo antes de dormirme. He puesto este ejemplo porque se trata de un autor canario, porque aprecio su literatura y porque, como decía antes, es universal. Cualquier persona de cualquier lugar puede disfrutar leyéndolo. Esa es la maravilla”.

TE RECOMENDAMOS