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Gaspar Noé: “Pasaré a la posteridad de la historia del cine gracias a ‘Irreversible”

El autor francoargentino presentó esta semana su séptima película, 'Vortex', en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria
El cineasta Gaspar Noé ha acudido a esta edición del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. / Quique Curbelo

Por Benjamín Reyes

Gaspar Noé (Buenos Aires 1963) presentó su séptima película, Vortex, en el 21º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, que concluye mañana domingo. El autor francoargentino, cuyo cine se ha caracterizado por la radicalidad y visceralidad en títulos como Irreversible (2002), Enter the Void (2009) o Clímax (2018), muestra en este film la rutina diaria y el ocaso de una pareja de ancianos, ella enferma de alzhéimer y él que padece del corazón. Este retrato que reflexiona sobre la decadencia vital de los seres humanos surge de la propia experiencia de Noé con su abuela y su madre.

-Empezó como ayudante de dirección de Fernando Pino Solanas. ¿Qué aprendió de él?
“Cómo organizar a un equipo humano. Era una persona honesta y audaz. Para mí era como un segundo padre”.

-Lo primero que vi suyo fue el cortometraje ‘Sodomitas’ (1998). Todavía recuerdo sus epatantes imágenes. Supongo que esto es lo que pretende su cine: impactar y perdurar.
“Uno trata de hacer el cine que le gusta como espectador. He visto todo el cine de Fassbinder o de Eloy de la Iglesia. Alguien que vio todo este cine o Saló, de Pasolini, no va rodar comedias familiares. Trato de pertenecer a la familia del cine y aportar algo nuevo”.

-’Sodomitas’ abordaba el tema del sida, ‘Intoxication’ (2002) también, otro corto suyo se titula ‘Sida’ (2006). ¿Por qué ese interés por la enfermedad?
“Todos estos proyectos fueron encargos. Sida forma parte del proyecto 8 de la Unesco, donde ocho directores abordan ocho problemas. Estuve 10 días en Burkina Faso grabando a enfermos terminales de sida”.

-Su cine es visceral. ¿Cómo es usted en la vida cotidiana?
“Tengo vísceras. Mis pensamientos son orgánicos. Cuando joven era más loquito y me gustaba la fiesta. Ahora soy más educado y tranquilo”.

-’Irreversible’ (2002) es considerada una de las películas más desagradables de la historia del cine, con ‘Holocausto caníbal’ o ‘Saló o los 120 días de Sodoma’. ¿Eso le enrabieta o le espolea?
“Siempre estoy en todas las listas de las películas de la historia del cine entre los cuatro primeros. Pasaré a la posteridad de la historia del cine gracias a Irreversible. Está bien. Hay una versión de Irreversible con un montaje cronológico convencional y mucha gente me dice que es incluso más violenta”.

-Ganar en Sitges con ‘Clímax’ (2018) supuso el reconocimiento que hasta entonces parte de la crítica le negaba. ¿Qué valor le concede a este premio?
“Supuso cerrar muchas bocas. De todas maneras, antes de ganarlo parte de la crítica sí alababa mi cine”.

-¿Su cine se alimenta del odio?
“No busco ser odiado. Si te preocupas de lo que piensan todos, no haces nada en la vida”.

-Su anterior obra, ‘Lux Aeterna’ (2019), la vi gracias a la plataforma eFilm del Ministerio de Cultura de España. ¿Es cada vez más difícil que el cine que usted hace llegue a las salas?
Lux Aeterna es un mediometraje y el sistema de distribución de películas no encaja con este tipo de formato. Ya fue un gran suceso que fuera distribuida en varios países”.

-‘Lux Aeterna’ representa los rodajes de cine como un aquelarre en los que sale a relucir lo peor de la condición humana. ¿Cómo han sido los suyos?
“Mis rodajes son lo opuesto. Solo tuve problemas una vez con el rodaje de un anuncio de un preservativo. Gente del Ministerio de la Salud de Francia me decía cómo tenía que filmar. Los mandé a la mierda. Como decía Buñuel, no nací para ser esclavo”.

-¿El culto religioso al cine ha desaparecido?
“A mí me encanta ver cine en salas grandes con público. Cannes es el Vaticano del cine, acuden 5.000 fanáticos del cine, la gente grita. Yo crecí con el cine, pero no hay que descartar ver películas en casa en otros formatos. Tengo miles de blu-ray comprados en rincones de los cinco continentes. Hay momentos para todo”.

-¿Qué ha querido reflejar en ‘Vortex’?
“He visto la situación de la demencia senil de cerca a través de mi abuela y mi madre. Son situaciones muy simples, muy dolorosas y muy psicóticas. Me pregunté por qué no había más películas sobre este tema. Justo antes de la pandemia escribí un guion muy liviano de apenas 10 páginas que se filmó en 25 días. Rodamos en pleno confinamiento. La película se rodó con 15 personas, encerradas en un espacio estrecho: un apartamento. Resultó muy claustrofóbico por las mascarillas y porque el techo era muy bajo. Cuando acabó la filmación me sentí como si hubiera salido de un submarino, me faltaba oxígeno”.

-La crítica internacional ha vinculado ‘Vortex’ con ‘Amor’. ¿Reconoce la influencia de Haneke?
“Vi Amor un mes antes de que mi madre muriera, y lloré. Me alegre del éxito del filme, pero la vejez y la senilidad no la inventaron Haneke ni Vittorio de Sica. Eso sí, esa película abrió puertas para que se rodaran otras sobre estos temas”.

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