conversaciones en los limoneros

Daniela Henao: “Los furtivos de Sudáfrica me mandaron al hotel una lápida con mi nombre”

Daniela Henao Cárdenas se fue a África a dirigir un documental sobre los furtivos que aniquilan a los rinocerontes para cortarles el cuerno con falsos fines medicinales
Daniela Henao Cárdenas

Si les digo que esta colombiana de 32 años llamada Daniela Henao Cárdenas, nacida en Medellín, graduada en Comunicación Social, rama de Periodismo, por la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, si les digo, repito que fue alumna de García Márquez en dos talleres, ya tiene al menos un aval. Pero es que hay más. Con un par, se fue a África a dirigir un documental sobre los furtivos que aniquilan a los rinocerontes para cortarles el cuerno con falsos fines medicinales. Y el documental se proyectó en la BBC3 y en otros portales como Amazon. Daniela, que vive desde hace un tiempo en Tenerife, completó un master en dirección de cine en la West London University, tan solo porque quería hablar inglés igual que español. En el Reino Unido se enamoró y más tarde huyó de allí; bueno, quiero decir que a veces uno no puede controlar los sentimientos. No se asombra de nada, es un ser libre, puedes hablar con ella de lo que te dé la gana y, además, es buena dando consejos, si se los pides. Le pregunté, ya lo verán, sobre lo que aprendió de Gabo y ella se emociona al recordarlo. Me contó un par de cosas curiosas de esos talleres que el Nobel de Aracataca dictaba y cómo empatizaba con sus alumnos. Dije en el antetítulo que Daniela es también empresaria, porque para ganarse la vida –y lo hace muy bien–, además de sus esporádicas visitas a los platós y a los rodajes, organiza bodas y otros eventos. A ese oficio, en el mundo anglosajón, creo que lo llaman “wedding planner”. Pero me reina que ella está también enamorada de los documentales que le quedan por hacer. E incluso en ocasiones agarra una cámara fotográfica y se pone a retratar a personajes y a paisajes. “Pero conste que yo no soy fotógrafa”, me dice, para que quede muy claro, no sé por qué.

-¿Qué aprendiste de García Márquez?

“Fue increíble”.

-Cuenta.

“Un día nos dijo: saquen lo que tengan en sus bolsos y bolsillos y pónganlo sobre la mesa. Fíjense en un objeto, en uno cualquiera. Y escriban sobre él”.

-¿Y tú qué hiciste?

“Me las arreglé para hablar sobre el realismo mágico”.

-¿De qué iba el curso?

“De creatividad e imaginación, pero luego me dio otro sobre literatura y cine”.

-Qué pena que la película sobre Cien años de soledad sea tan mala.

“Es verdad, qué pena”.

-¿Qué te impresionó de él?

“Hablaba con una naturalidad pasmosa. Si te pierdes, si te distraes, estás perdida. Tenía que dedicarle todos mis sentidos a seguir su relato”.

-Con un par te fuiste a África, a dirigir un reportaje sobre la caza furtiva de rinocerontes. Pecado mortal, peligro de muerte.

“Sí, el documental se puede ver en las redes y se llama Hunter by a myth”.

-Pobres animales. Me viene a la memoria el inocente e indefenso elefante cazado por el ex rey Juan Carlos. Terrible fotografía que costó un reinado.

“Pues no te imaginas lo que yo viví en Sudáfrica y en países fronterizos. Entrevistamos a las rangers, mujeres que supuestamente luchan contra los furtivos. Pero aparecen maquilladas, impolutas, y hay mucho de ficción en su actuación. Los otros rangers, los de verdad, hombres y mujeres, sí se juegan la vida persiguiendo a los cazadores ilegales”.

-También dieron voz en el documental a los propios furtivos.

“Sí, con sus caras pixeladas. Corrimos peligro, creí en un momento dado que nos iban a hacer daño”.

-¿El cine?

“Es una pasión, pero mi especialidad son los documentales; adoro este género. Claro, no me puedo sustraer a la magia del cine”.

-Será lo típico, Ciudadano Kane, Casablanca, La diligencia…

“No, Ciudadano Kane es cruel; La diligencia no la he visto; y Casablanca me parece un clásico adorable”.

-O sea, que te va más la marcha futurista, la técnica, lo espectacular.

“Acierto pleno; desde la técnica, por ejemplo, Avatar”.

-¿Hay una manera plena de disfrutar del cine?

“Sí, haciéndolo. Al menos eso es lo que yo creo”.

-¿Quién es tu mayor influencia?

“No lo dudo, David Attenborough, que tiene 96 años y que está considerado como el pionero en la realización de documentales sobre la Naturaleza. Fue distinguido con el premio Príncipe de Asturias. Me fascina toda su obra. Es un científico que ha utilizado el cine, los documentales, como medio para llamar la atención sobre las atrocidades que se cometen en el medio natural. Me siento fascinada por él, que desarrolló toda su vida profesional en la BBC”.

-¿Qué echas de menos de tu país?

“A mis amigos”.

-¿Y qué sentiste cuando pusiste un pie en esta Isla?

“Me pareció, a primera vista, un pueblo más, pero un pueblo, pueblo. Más tarde, con el tiempo, me fui dando cuenta de que no, de que aquí existen oportunidades de trabajo, paisajes maravillosos y que la gente de las islas es hospitalaria. Y que tú pareces Broncano preguntando esas cosas”.

-Ahora trabajas como wedding planner. ¿Por qué?

“Pues porque, de momento, no puedo vivir solo de los documentales. Todo se andará. Y en mi otra profesión, en la organización de eventos, me han salido trabajos recientes aquí en Canarias, en Italia y en Suiza. Puedo decir que estoy encantada”.

-¿Te gustaría dedicarte plenamente al periodismo?

“Al escrito, no. Al audiovisual, puede. Pero yo tengo una idea trazada de mi vida. Sé que llegará el éxito en este campo, pero soy joven y debo tener paciencia”.

-En Vietnam y en otros países de Asia comercian con polvo del cuerno de rinoceronte. Dicen quienes los venden que funciona mejor que la Viagra.

“Es una absoluta mentira, un fraude gigantesco. Estuve dos meses en África grabando el reportaje, visité el Parque Kruger, recorrí parte de la peligrosa frontera con Mozambique, conocí a los furtivos, vi verdaderas masacres de estos animales. Total para arrancarles un cuerno que crece cada dos años y que no contiene ninguna sustancia, pero ninguna, que beneficie la potencia sexual de los hombres. Es una pura mentira y existen infinidad de estudios que desmontan esta falacia”.

-¿Te amenazaron?

“Un día me llegó al hotel una lápida con mi nombre”.

-Al menos fueron sutiles.

“Sí, fue una forma “elegante” de decirme que me fuera porque de lo contrario me iban a matar”.

-¿Y qué hiciste?

“Me quedé, claro”.

-¿Dónde se emitió ese documental?

“En Amazon y en la BBC3, durante tres meses. Se puede conseguir en la red. Yo lo dirigí y lo produje y te diré que para mí fue triste y gratificante al mismo tiempo. Ya te hablé de mi admiración por David Attenborough”.

-¿Te parece volver a García Márquez?

“Tú preguntas, yo respondo”.

-Pues dale.

“Yo tenía una manía, algo que siempre metía en la conversación. Terminaba mis frases con un “¿eh?”. Él me lo quitó”.

-¿Cómo?

“No lo sé, pero me dijo lo suficiente para que yo lo abandonara. Y lo logré. Mira, para García Márquez nada era absoluto. Se hablaba mucho de su afición y de su rechazo a algunos colores. A recoger el Nobel fue con una flor amarilla. Y lo hizo porque alguien le había dicho que todos los que recibían el premio se morían poco tiempo después. Él conjuró esa afirmación con aquella rosa amarilla. Cuando escribía siempre tenía junto a él un ramo de rosas amarillas. Era fantástico, hablaba de los colores como algo que no era absoluto, sino decía que estaban compuestos de matices”.

-¿Te dijo algo en sus cursos de lo que odiaba?

“Sí, detestaba los diminutivos”.

-¿Piensas quedarte a vivir en Tenerife?

“No lo sé, porque creo que me he enamorado de nuevo… del mismo inglés. Y tendré que tomar decisiones, no solo por eso, por el amor, sino por muchas cosas. Contratos, oportunidades, proyectos. Siempre estoy llena de proyectos y me gustaría realizar algunos de ellos”.

-El paciente inglés, entonces.

“Esa es una película, por cierto británica, que logró nueve Oscar, obtuvo doce nominaciones y lo de paciente no era de paciencia sino de la convalecencia de graves quemaduras. Nada que ver, pues”.

-Pero aquí tienes a tu familia, ¿no?

“A la más cercana, sí, pero tú no eres siempre dueña de lo que haces, sino que la vida de cada uno está influida por un montón de factores”.

-Me da que te gusta vivir bien.

“¿Y a quién no? Pero yo puedo estar en un hotel como el Royal River de Las Américas, que para mí es impresionante, y también pernoctar en un alojamiento cutre de Mozambique. Me adapto porque aquí el que manda es el trabajo”.

-¿Las series han ayudado a la industria?

“Claro, las series han salvado a la industria. A mí me encantan”.

-Pero no esa colombiana del café y la Gaviotica o Pasión de Gavilanes, supongo.

“Esos son remakes, viejas historias adaptadas de nuevo y que han tenido un éxito formidable no solo en Colombia y en toda Latinoamérica, sino también en España. Hay que felicitar a quienes han tenido la idea porque la industria ha ganado millones con esas reposiciones. El éxito está acompañado algunas veces de esos caprichos, que hay que analizar al detalle porque no son hechos aislados, sino que se repiten”.

(A Daniela le gusta hablar de su país. Ella es de Medellín, pero conoce bastante bien el resto. Estudió periodismo por vocación, pero pronto se decantó por el mundo audiovisual y está dispuesta a llegar lejos en esta profesión, dirigiendo documentales. Es suave en su conversación, habla deprisa y tiene ese acento colombiano tan agradable para el que escucha. No come casi nada, sólo un pescado que, según me dijo, estaba delicioso. Siempre sonríe. No bebe absolutamente nada, al menos el día de la entrevista. Y se presentó en Los Limoneros puntual como una británica. Influencia tiene).

-Deberías ir a recrear –no sé si el verbo es el adecuado— las cenizas y los efectos del volcán Cumbre Vieja.

“Hay un proyecto para filmar la vida después del volcán. Regresan los pájaros, brotan las flores, vuelve la vida en una palabra. Es la eterna lucha del hombre con la Naturaleza, cuando la Naturaleza se pone dura con las personas. Reconozco que no he visitado la isla de La Palma, que me han dicho que es la más bonita de las Canarias”.

-Lo es. ¿Me invitas a algo?

“Sí, te echo una carrera de karts”.

-Extraña proposición.

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