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Uno de cada tres jóvenes es víctima de acoso escolar

Hay millones de menores afectados en todo el mundo por esta lacra en sus diferentes formas: burlas, exclusión social, agresiones físicas y verbales, y ciberacoso; en España se estima que menos 11.000 y solo se denuncian poco más de un millar
El acoso en la escuela o bullying afecta a millones de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo en sus diferentes formas, incluyendo el ciberacoso o ciberbullying. DA

Al menos 11.000 menores en España son víctimas de acoso escolar o bullying. Según el último informe de la ONU publicado en 2019 la cifra aumentaría casi a uno de cada tres jóvenes en todo el mundo. Los estudios más recientes indican que la situación no ha mejorado, todo al contrario.

Desde 2017 no hay registro actualizado de esta lacra en España. En ese año solo 1.054 casos de acoso escolar fueron denunciados ante la Policía Nacional, Guardia Civil, Policías Autonómicas y Locales en todo el país (País Vasco y Cataluña, no ofrecieron datos), con las Comunidades d Andalucía, Madrid, Comunidad Valenciana y Canarias, a la cabeza.

Ayer se celebró el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso en la Escuela, una jornada impulsada por la ONU para concienciar sobre esta problemática que afecta a millones de niños, niñas y adolescentes en todos los países y en diferentes formas, incluyendo el ciberacoso.

Aunque la creencia generalizada es que ‘es cosa de adolescentes’, sobre todo de 12 a 17 años, actualmente el mayor número de casos de acoso se da en el alumnado de 5º y 6º curso de Primaria, grupos de edades de 10 y 13 años, y crece a partir de 8 años.

Hay estudios señalan que un 30% del alumnado ha sufrido bulas, un 23% rumores sobre su personal, un 17% destrucción de propiedad, un 15% exclusión social, un 13% agresiones físicas (golpes y empujones) y amenazas. El acoso escolar tiene un impacto negativo en las víctimas, lo que equivaldría a la pérdida de 3 a 5 meses de educación formal.

Hay que desmontar algunos tópicos sobre el bullying, como el recurrente ‘son bromas’, ‘son cosas de chicos’ o ‘siempre ha existido y nunca ha pasado nada’, que contribuyen a la “normalización del acoso”, y todo lo que conlleva para las víctimas.

Lorena Martín, presidenta de la Asociación Canaria No al Acoso Escolar (Acanae) reconoció que “el acoso escolar está en todos lados, no hay diferencia geográfica, ni de estatus social, ni de nivel socioeconómico, o tipología de colegios (público, concertado, privado). Al final, las técnicas que usa el acosador son las mismas. Busca pequeñas diferencias, cualquier debilidad de la víctima, algún complejo que puede ser tanto físico, como de personalidad, académico, etc., encontrar alguna grieta por la que pueda empezar a hacer daño y continuar haciéndolo porque su objetivo va a ser maltratar y mermar la psicología de la víctima”. El 80% de estudiantes con discapacidad asegura haber sufrido bullying en el colegio y en 6 de cada 10 casos el acoso se ha prolongado durante años.

La misión de Acanae es la lucha contra el acoso escolar (bullying) y el ciberacoso (ciberbullying), sobre todo a través de prevención, charlas de concienciación, formación del alumnado tanto Primaria como Secundaria, formación a padres, familias, profesorado y otros profesionales.

“La principal característica del acoso es que la conducta es intencionada y además se mantiene y prolonga en el tiempo. Además de eso hay que sumar la diferencia de poderes. En un conflicto normal, que puede terminar en una riña entre compañeros, que son conflictos que tenemos todos los seres humanos, incluso los adultos, hay más igualdad en ese sentido. No hay uno que quiera quedar por encima de otra persona, es un incidente que ocurre digamos de manera accidental. Sin embargo, en el acoso, los conflictos son buscados, se busca machacar al otro, que el resto del grupo me apoye y me de el respaldo para seguir ejerciendo el acoso, y lo mantiene durante todo el tiempo que sea posible porque ve que sus acciones no tienen consecuencia, por lo que para él o para ella (agresor) sería algo que estaría bien, se sienten satisfechos con lo que están haciendo”, reconoció Martín.

Testigos

Conseguir que los testigos pasivos del acoso reaccionen y ayuden a la víctima es uno de los factores fundamentales para acabar con el bullying, según los expertos. Pero muchos alumnos callan por miedo a ser acosados también. Para impedir este tipo de violencia, la Consejería de Educación y los colegios ponen en marcha distintos programas de prevención.

“La cuestión es que los compañeros de clase realmente están muy acostumbrados o han interiorizado que no deben denunciar o no decir nada, o bien porque tienen miedo, o porque los llaman chivatos, o no quieren meterse en problemas que no son suyos. De esta manera se posicionan del lado del agresor en vez del lado de la víctima. El 80% de los niños se posiciona del lado del agresor, realmente están dando más poder al agresor y se perpetúa el acoso”.

Martín señala el importante papel de las familias. “A veces son cosas de niños, pero otras veces no, y hay que estar muy atentos, recoger la información y luego comprobar si es como lo dice el niño. Comunicarnos con el centro, hacerlo de forma activa y ante la sospecha o duda comunicarlo”, aseguró. Para la experta de Acanae, “desde pequeños hay que mantener una buena comunicación en la familia, y que el niño sepa que ante cualquier problema será escuchado y no será juzgado, ni puesto en duda. Tras tener el vínculo de confianza, el niño estará más predispuesto a contar la situación y pedir ayuda cuando lo necesite. El acosador juega psicológicamente con el sentimiento de culpa y de vergüenza que siente la víctima (tardará más de un año en compartirlo). No afrontar el problema pueden ocasionarles consecuencias negativas a corto y medio plazo. Y en el caso de los agresores, hay que corregir esa conducta antes de que crezca interiorizando que la forma de resolver sus conflictos es la violencia”, reconoció.

Cuestionada sobre el hecho de utilizar la violencia contra la violencia, Lorena Martín afirmó que “como padre o madre es complicado posicionarse, si tu hijo o hija llega llorando lo primero que te sale es ese instinto de decirle que le pegue también, que no se deje avasallar. Defenderse en el momento sí lo justificaría, pero no la violencia que pueda ejercer a posteriori, el día siguiente u otro (buscarlo para vengarse), esa respuesta es de agresividad, no es de defensa y actuaría en la misma posición que el agresor inicial. Lo que no podemos hacer es insinuarle o decirle que la violencia se resuelve con más violencia, porque ahí es cuando se pierde la razón”, finalizó.

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