derbi canario

De Rubén Castro a Jonathan Viera

Dos talentos futbolísticos que no supieron gestionar bien sus comparecencias ante la prensa y terminaron dándole el sustento emocional al rival para sacar adelante sus compromisos
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Han pasado ya algo más de 18 años pero lo ocurrido esta semana con Jonathan Viera después del primer partido de la eliminatoria entre el CD Tenerife y la UD Las Palmas tenía un precedente, lejano, pero presente. El de La Feria no fue el primero que se equivocó hablando más de la cuenta. En aquella primera semana de marzo de 2004, a Rubén Castro también se le fue la lengua con idéntico resultado, el del efecto boomerang.


El fúbol está lleno de frases proféticas, de tópicos, de partidos ‘molto longos’ y de resbalones causados por incontinencias verbales. La de Jonathan Viera no fue sino otra más lo que pasa es que en estos tiempos, con la capacidad creativa, la tecnología y el revanchismo, cualquier cosa se convierte en meme sobre la marcha.


Le pudo haber ocurrido hace eso, 18 años, a Rubén Castro. “Quiero ganar el derbi para hundir un poco más al Tenerife. Si los podemos hundir, lo haremos. Si ganamos los dejaremos a ocho puntos y espero que bajen”, dijo el isletero antes de viajar Tenerife para disputar un derbi donde el cuadro blanquiazul, entrenado por Martín Marrero, se jugaba media vida.


A diferencia de lo sucedido esta semana con Viera, Castro tuvo la opotunidad de matizar sus declaraciones, pero lo que hizo fue meterle más fuego al partido. “Yo quiero hacer mi trabajo y marcar goles y si les ganamos les hundiremos un poco más, me van a pitar igual y me van a dar patadas igual”, señaló un Rubén que por aquel entonces ya acumulaba 16 tantos en su haber.


El Tenerife, en zona de descenso, con una dificultad enorme para hacer goles y una distancia importante aún para salir del pozo manejó de maravilla aquella situación. El vestuario tomo nota, Rubén se convirtió en obsesión para la zaga blanquiazul y para la hinchada que celebró como un gol la patada de Sebas Corona, central blanquiazul, sobre el propio Castro nada más comenzar el partido.


El atacante grancanario no apareció en el partido y el Tenerife tuvo la suerte de poder encarrilarlo pronto con un tanto de Raúl Martín y de dejarlo perfilado con un cabezazo del ‘Leche’ La Paglia. Aquel 2-0 levantó al cuadro de Martín Marrero, que acabaría salvándose, y hundió a la escuadra amarilla, incapaz de sumar ninguna victoria en las ocho jornadas posteriores y condenada al descenso a Segunda B al final del curso.


Catorce años y medio tenía en esas fechas Jonathan Viera. Lo conocían como Romario y era lo que es ahora, talento, descaro, fútbol. No debió enterarse el grancanario de lo ocurrido en esos días con Rubén Castro, el CD Tenerife y la UD Las Palmas. Acostumbrado a tirar de los suyos dentro y fuera del campo el centrocampista quiso ejercer de líder después de la derrota en el Heliodoro del pasado miércoles… y se le fue la mano.


“Veo mucha fiesta aquí. Veo mucha fiesta. Y me parece bien. Pero les esperamos el sábado en el Gran Canaria con nuestra gente. Va a ser un partido totalmente diferente. 90 minutos allí son muy largos”, dijo tras el 1-0. Sus palabras fueron utilizadas por los blanquiazules como elemento motivador dentro y fuera del vestuario, y al final, pasó lo que pasó aunque Viera, al menos, fue elegante al final de la contienda.


En el bando blanquiazul también hubo meteduras de pata históricas, como cuando Javier Pérez dijo que quería ganar 20-0 a Las Palmas y los amarillos, en Segunda, eliminaron a los blanquiazules en la Copa del Rey. La de Pepe Mel, al frente del Tenerife en Primera en otra eliminatoria copera ante el Lanzarote, en Segunda B, también fue épica. “Vamos, comemos, jugamos, ganamos y volvemos”. El Tenerife perdió 5-1.

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