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Cristina Mendoza, propietaria del Molino Imendi: “Me levanto a las 8 cada día para ir a llenarme de gofio”

Acaba de ganar la fase territorial del Premio A Mujer Profesional Autónoma Caixabank y el próximo día 14 optará al galardón nacional junto a otras 13 premiadas
Cristina Mendoza

Cristina Mendoza acaba de ganar la fase territorial del Premio A Mujer Profesional Autónoma Caixabank y el próximo día 14 optará al galardón nacional junto a otras 13 premiadas. Esta emprendedora comenzó a los 22 años con su idea de negocio en un pequeño local de San Sebastián de La Gomera con un molino de gofio en alquiler.

Veinte años después, cuenta con negocio propio de cuatro molinos en los que elabora más de 200.000 kilos de gofio al año, con más de diez variedades. Sus productos han sido galardonados como los mejores gofios de Canarias en varias ocasiones. Y ahora ve reconocido su trabajo. “Este premio ha sido un subidón porque valora el trabajo y el esfuerzo de muchos años”.

-¿Qué ha supuesto este premio? Uno más que añadir a su larga lista de galardones.

“No se crea. Los premios que he obtenido hasta ahora han sido a mi producto, pero en este caso se ha valorado mi trayectoria y esfuerzo como emprendedora estos últimos años. Ha sido un subidón; un chute de energía que me anima a seguir trabajando. Este premio me dice que algo he hecho bien, por eso es tan importante. No sé si ganaré el jueves, pero para mí ya soy una ganadora. Yo sigo siendo la misma que cuando empecé. Me levanto a las 8 de la mañana todos los días para ir al molino a llenarme de gofio”.

-¿Cómo se aventuró con un molino de gofio?

“Pues mire surgió de una conversación con mi madre y mi marido. Mi madre se le ocurrió decir que le gustaría tener algo suyo y montar un negocio y pensó un molino. Empezamos a indagar y encontramos un molino pequeño que acababa de cerrar en Chipude y le dijimos que si nos enseñaba a hacer gofio le comprábamos el molino. Y así fue. Empezamos con muchas dificultades, pero aquí estamos”.

-¿Qué dificultades?

“Bueno, al final éramos una industria y muchos vecinos no querían un molino en la zona, pero bueno seguimos adelante. Recuerdo con amargura los comienzos. Yo era una mujer joven repartiendo gofio y tuve que acostumbrarme a burlas. Fue la peor época y no lo llevo nada bien porque me afectaba porque repartía algo que había hecho yo y las burlas me afectaban mucho más que si repartiera productos para otra persona”.

-¿Mucho machismo?

“Mucho, pero bueno, ahora estamos en donde estamos. Gracias al apoyo de mi familia seguí adelante y ya somos reconocidos fuera del mercado nacional y tenemos varios premios”.

-¿Cómo afrontó la pandemia?

“Pues siendo producto de primera necesidad, la verdad es que trabajamos como nunca”.

-¿Qué tiene el gofio de su molino que recibe tantos premios a diferencia de otros?

“No hay nada especial. Seguimos trabajando con los mismos proveedores desde hace 20 años e intentamos mantener la calidad del producto. Eso sí, le puedo decir que mi madre y yo hacemos el gofio con mucho cariño. No pensamos en la producción en masa. No tiene sino cereal tostado y molido y un poco de sal. Y eso lo hace un producto con mucha proteína y muy energético”.

-¿Le está afectando la escasez del cereal por la guerra de Ucrania?

“Cereal no nos está faltando porque no solo Ucrania tiene cereales, lo que sí ha subido muchísimo es el precio y nuestros costes. Me preocupa más la subida del diésel, la luz y el plástico. Éste es un mercado muy competitivo y no puedo repercutir sino hasta un límite los costes. Además, yo tengo un valor añadido: tengo que traer el cereal hasta La Gomera y después sacar el gofio de la Isla para distribuirlo. Yo hacía cinco años que no subía los precios y en los últimos seis meses lo que he tenido que hacer dos veces. El gofio no es un producto gourmet, es de primera necesidad”.

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