cultura

Eva Cruz: “Vivir en la nostalgia tiene algo de pereza intelectual y también de renuncia a progresar”

La escritora canaria presenta el 19 de julio en TEA Tenerife Espacio de las Artes su novela 'Veinte años de Sol'
La escritora tinerfeña Eva Cruz. / Lisbeth Salas

Eva Cruz (Tenerife, 1973) es periodista, filóloga y traductora. Los libros -o mejor, los libros que cuentan historias- le han acompañado prácticamente desde siempre. Sin embargo, no ha sido hasta ahora cuando se ha decidido a adentrarse en el otro lado para publicar su primera novela, Veinte años de Sol (AdN, Alianza de Novelas, 2022). Se trata de un relato que, casi como la misma vida, no transcurre por un único itinerario. Ni el tiempo, al menos el tiempo tal y como lo percibimos, discurre de una forma ordenada. Veinte años de Sol habla de muchas cosas. Por ejemplo, de lo tramposa que resulta la nostalgia -y de lo letal que puede llegar a convertirse-, pero también de la amistad y otros vínculos afectivos. Y, quizás, de cómo en ocasiones una mal entendida idea de lealtad puede suponer un freno para la construcción de eso que suelen llamar nuestra forma de ser y nuestro lugar en el mundo. ¿Qué pasaría si pudiéramos borrar de nuestra memoria los recuerdos dolorosos?, nos (y se) plantea Eva Cruz en esta novela. El 19 de julio (19.00 horas), la escritora tinerfeña presenta Veinte años de Sol en TEA Tenerife Espacio de las Artes, en Santa Cruz, en un acto que será un diálogo con el periodista Jorge Berástegui. Pero antes, Eva Cruz mantuvo esta charla con DIARIO DE AVISOS.

-Ha dicho que ‘Veinte años de Sol’ es una novela contra la nostalgia. ¿Por qué está sobrevalorada esa emoción y hasta qué punto dejarnos llevar por ella nos limita?
“La nostalgia funciona muy bien en el mercado. Influye en el consumo, por ejemplo, de la cultura pop. Hay muchísimas canciones basadas en la nostalgia. De adolescentes nos emocionábamos con la canción de Loquillo Cadillac solitario y eso de siempre quise ir a LA…, cuando ni habíamos ido nunca ni habíamos soñado hasta entonces con ir, pero fantaseábamos con un momento futuro en el que nos reprochábamos no haber estado en Los Ángeles. Es algo que no tiene ningún sentido. Era como si estuviéramos preparándonos para tener nostalgia en el futuro. Y ahora la madurez de mucha gente consiste, precisamente, en echar de menos la juventud. Eso es una trampa mortal”.

“Siempre quise escribir, pero creí que ya había suficientes novelas en el mercado hasta que di con una historia que merecía ser escrita”

-Una nostalgia de un pasado mejor, memorable, acerca de unos recuerdos sobre algo que realmente nunca ocurrió.
“Nací en los años 70 y no me parece que nuestra juventud fuera esplendorosa. Básicamente, era una juventud hedonista, bastante insustancial, poco profunda, con muy poco compromiso. Una juventud que tenía la percepción de que el capitalismo iba a durar para siempre, que las grandes crisis eran una cosa del pasado y tampoco existían grandes causas por las que luchar… Todo eso se ha revelado como completamente falso. De modo que vivir de la nostalgia me parece intelectualmente perezoso. Me cansa mucho ese discurso de qué bien lo pasábamos cuando éramos jóvenes. Por todo eso creo que está sobrevalorada la nostalgia; porque con ella nos aferramos a emociones y a cosas que aprendimos cuando éramos jóvenes, y porque renunciamos a progresar”.

-La amistad y la familia envuelven esta historia. ¿Qué conflictos le interesaba mostrar al exponer la forma en que se relaciona Sol, la protagonista de la novela, con las personas con las que mantiene un vínculo?
“Sol es alguien muy dependiente que vive sobre todo gracias a sus afectos. Uno puede llegar a pensar que la pureza de los afectos siempre podrá justificar las decisiones morales, personales, que adoptemos en nuestra vida. En cambio, esas decisiones merecen al menos ser cuestionadas. Sol ha ido construyendo su identidad en función de la solidez de los vínculos que mantiene con otras personas. Y cuando esos vínculos se le derrumban, se queda sin asideros. Eso es precisamente lo que me interesaba mostrar en esta novela. También el hecho de que en todas las relaciones, por muy afectuosas que puedan llegar a ser, siempre existen tensiones. En determinados momentos, logramos taparlas, conseguimos ocultarlas, pero luego, cuando al fin un día estallan, nos sentimos muy desvalidos”.

“Quería contar cómo en toda relación siempre hay tensiones que, si las tapas, al estallar te pueden hacer sentir desvalido”

-Si hace tres preguntas hablamos de nostalgia, la memoria está muy presente en ‘Veinte años de Sol’, de manera implícita, pero además explícita, con la neurocientífica Catalina Tagle, que plantea la posibilidad de borrar de nuestra mente un recuerdo determinado. ¿Esta idea en su relato cumple una función inquietante o más bien liberadora y hasta terapéutica?
“Las dos cosas. De entrada, se trataría de un tratamiento médico bastante caro, con lo cual no todo el mundo podría tener acceso a él. Podemos entenderlo como un mecanismo eficaz, y también un poco caradura, para poder escapar de las cosas que te duelen. Sin embargo, por otra parte, sería también algo muy liberador para muchas personas, sobre todo en problemas mentales reales, como el estrés postraumático. Siempre es bueno decir adiós a aspectos del pasado que te obsesionan. A mí me gusta, en suma, que la novela diga varias cosas a la vez. Al escribirla no he llegado a tomar una decisión sobre si eso se convertiría más en una liberación o en una trampa”.

-¿Y le resultó difícil encajar en la trama ese elemento de la neurotecnología que puede parecernos tan extraordinario, pero seguramente ya hoy no podemos considerar ciencia ficción?
“No, porque era justo la base argumental de la novela. Cuando me contaron esto de la neurotecnología, pensé que podía ser un buen enganche para una trama. Más difícil resultó, eso sí, darle verosimilitud emocional a una historia que tenía que ver con la ciencia. Soy muy poco científica y tuve que investigar. Ese aspecto de ciencia ficción era la columna vertebral de lo que quería escribir. Digo ciencia ficción, aunque realmente esto es algo que ya existe. Hay muy pocos casos, pero se está investigando en ese sentido. Esa técnica para borrar recuerdos se asemejaría a un electroshock. Se trata de algo mucho más preciso y con menos daños orgánicos, pero responde al mismo principio: una descarga eléctrica en el cerebro, en un punto determinado de tus conexiones neuronales. Sería algo así como un electroshock de precisión. Antes te freían el cuerpo entero”.

“Me gusta que la novela diga varias cosas a la vez, como que poder borrar un recuerdo resulta liberador y también inquietante”

-‘Veinte años de Sol’ no ofrece al lector una trama lineal, sino fragmentaria, con un pasado y un presente que se van intercambiando. ¿Qué posibilidades le ofreció esta forma de exponer su relato?
“Ha sido importantísimo, porque me permitía escribir escenas cortas y, además, cambiar continuamente de escenario de una a otra. Tengo un ritmo de vida complicado: hago un programa de radio cada día y eso significa que paso muchas horas en el trabajo. Contaba con pocos ratos libres para ponerme a escribir durante un tiempo prolongado. Pero haciéndolo de esta manera, cada vez que me sentaba podía redactar un capítulo completo y además que fuera, prácticamente, un relato en sí mismo. Sabía de antemano qué escenas iba a escribir en cada momento, cómo se iban a ir entrelazando esas escenas… También lo hice así porque, directamente, me parecía chulo y porque podía mantener la intriga y retrasar los acontecimientos del presente. Además, de esta forma se iban completando los personajes, se iban conociendo, poco a poco, más cosas acerca de ellos. Quería contar esta historia a mi ritmo”.

-Periodista, filóloga, traductora. Podría entenderse que las historias siempre han estado junto a usted. Esta es su primera novela. ¿Cómo llegó ese momento en el que decide escribirla? ¿Hubo antes otros relatos o más bien nunca había sentido la necesidad de abordar un proyecto literario?
“Siempre había querido escribir, pero me parecía que ya había suficientes novelas en el mercado, así que renuncié a la literatura durante bastante tiempo. En la adolescencia escribía continuamente, pero en torno a los 20 años, cuando estudiaba literatura y leía muchísimo, llegué a pensar que no tenía nada que hacer en este campo. Hasta que llegó el momento en el que me pareció que sí había algo que aportar. Que tenía una historia sobre la amistad femenina que merecía ser contada. Por supuesto, ya existían libros que abordaban este tema, y desde que escribí la novela he recordado o he descubierto algunos más, pero este, Veinte años de Sol, podríamos decir que no estaba en mi estantería. Me faltaba una novela acerca de algo que sabía que ocurre con la amistad, no solo con la femenina, sino con la amistad en general. Una novela que narrase qué sucede con una amistad de años y qué desconsuelo se te queda cuando esa relación se rompe”.

-¿Y hasta qué punto le ha sido útil ese bagaje profesional que posee para dar forma a esta ficción, a ‘Veinte años de Sol’?
“Mucho. La radio, por ejemplo, me ha enseñado un montón de cosas. A ser precisa y, sobre todo, a ser clara, porque de joven era un poco embarullada. La radio te obliga a ser muy consciente de que te están escuchando y, lo mismo que si lo trasladamos a la literatura, de que escribes para unos lectores. No vale solo con que lo que estás haciendo te guste a ti, sino que eso que escribes tiene que seguirse bien e interesar a los demás. Has de tener siempre en cuenta, en definitiva, al interlocutor. Por otra parte, son fundamentales las lecturas que hagas. Para cualquier persona que quiera escribir, leer es esencial. Es como si decides dedicarte a componer música. De manera que todo ese bagaje es importantísimo. No sabría decir muy bien en qué libros concretos, en qué lecturas me he fijado más, me han influido en mayor medida, como escritora, pero sí que hay autores a los que admiro muchísimo. Escritores de fuera y de aquí, de España, especialmente los que están escribiendo ahora y en cuyo trabajo me puedo ver reflejada o inspirada. He vivido y vivo entre libros y tenía cierta lógica que un día me pusiera a escribir. Incluso siempre ha habido un punto de envidia en mis lecturas”.

-¿Cómo se desarrolla en su caso este nuevo oficio de escritora? ¿Hay un trabajo previo, muy intenso, de planificación o en cambio parte de una idea que se va desarrollando a medida que escribe?
“Todo va tomando forma según avanzo en la escritura. Comencé con el primer capítulo, en el que relato un desprendimiento de retina, que es algo que me sucedió a mí. Luego me puse a ver cómo podía encajarlo con otra historia que estaba en mi cabeza sobre dos amigas. Entonces una de esas amigas se convirtió en la hija de este señor que sufría el desprendimiento de retina y recurría a la neurotecnología… Poco a poco fui viendo en qué podía consistir la traición… Esta novela se fue montando a medida que la iba escribiendo. Se suele decir que hay escritores de brújula y hay escritores de mapa. Si eso es así, entonces yo soy más de brújula. Sabía adónde quería ir, pero desconocía cómo iba a llegar”.

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