cultura

Javier Segura: “El estilo en la música es el cómo, no el qué; no permito que cerque mi libertad creativa”

El artista tinerfeño acaba de publicar el doble álbum digital 'Los viajes de Gulliver'
Portada de 'Los viajes de Gulliver'

La exploración sonora en la que se halla Javier Segura (Tenerife, 1955) confluye ahora con el universo imaginado del irlandés Jonathan Swift (1667-1745). Los viajes de Gulliver (Odaart, 2022) se llama el doble álbum que acaba de dar a conocer. Un trabajo en formato digital (https://javiersegura1.bandcamp.com/releases) -”quizá más adelante se haga una tirada limitada en vinilo”- que no pretende ser otra cosa que eso, un itinerario, aunque, conviene precisar, transcurra por la mente del artista.

-Desde su título, ‘Los viajes de Gulliver’, este doble álbum digital evoca un itinerario, una exploración. ¿Cuál es el viaje que ha querido plantear?
“La idea fue del sello Odaart, de María Asunción Álvarez, concretamente. Me pareció inspirador. Veo una cantidad de percepciones que, recordadas y sumadas como experiencias, hacen surgir el concepto del Yo. No veo nada más allá de dichas percepciones. Soy percepciones que van creando un paisaje mental a modo de realidad que me aíslan de lo exterior y me hacen sentir como un Yo único. Somos una ilusión. Ahí fuera solo hay partículas que vibran y se mueven. No hay colores, ni sonidos, ni gustos ni olores, todo es producto de nuestra mente. Es una interpretación de nuestro cerebro que crea un escenario para que nos podamos mover y orientar. Nada de eso existe fuera de lo que acotamos como el Yo, simplemente pertenece a esa ilusión de que el Yo existe. Estamos tan convencidos y lo sentimos tan real que cuando alguien como David Hume dice que no existimos, o se piensa que está diciendo un chiste o que ha perdido la razón. Pues bien, en mi experiencia siento que mi Yo es una serie de percepciones que, sumadas, crean un relato de lo que creo ser, pero que no tiene ninguna conexión con la realidad exterior, es decir, ahí afuera no existe. Por tanto Los viajes de Gulliver en realidad es un viaje por mi mente, por la mente humana. Es un relato de la condición humana. Somos capaces de renunciar a la verdad, al tiempo que creer en las más imposible de las utopías. Arrasar con todo lo que nos rodea y de lo que dependemos para existir, al tiempo que construir lo más bello y sublime. Somos un contraste continuo que nos da una enorme fuerza creadora, pero que nos hace vivir al filo de la navaja. Jonathan Swift no creía en la humanidad. Pensaba que estaba condenada por su propia condición, por su naturaleza. No soy tan pesimista. Creo que tenemos posibilidades de superarnos y pasar a un siguiente nivel, pero soy consciente de que cada vez es más difícil que eso ocurra”.

“Nunca vi tanta calidad musical como ahora y la mayoría se genera desde sellos independientes; eso es muy alentador”

-La música como libertad y, a partir de ahí, la incertidumbre, apunta en un texto que acompaña al álbum. ¿Cómo se compone o, mejor, cómo compone usted, desde esa asunción de la falta de certezas?
“En la vida no hay certezas. Esa probablemente es la única certeza. La vida es confusa y por tanto incierta. Buscamos lo cómodo, lo placentero por naturaleza, la seguridad de lo cierto, pero eso en realidad nos desconecta y en ese momento somos pasto de la manipulación. No somos nada. En la música, el estilo significa lo cierto, lo cómodo. Para preservarlo, lo antepones a todo, es decir, estás dispuesto a reprimirte en pro de ese estilo. Cuando observamos algo, aparecen palabras, frases y pensamientos en nuestro cerebro. Es la manera en la que construimos un relato, una reflexión. Con la música me ocurre lo mismo. Observo algo y mi cerebro de forma automática construye sonidos, melodías, ritmos y demás elementos musicales. Eso se fija en mi memoria. En la mente, el tiempo no existe. Tengo estructuras musicales que llevan muchos años en mi memoria. Hay algunas que llevan meses o incluso días. Cuando me siento ante la máquina, ordeno y lo transcribo para interpretarlo y posteriormente grabarlo. El estilo nunca debe de estar por encima de lo que dices o quieres decir. La belleza está en lo que dices, no en cómo lo dices, sostenían en la Grecia clásica. En la música funciona igual. El estilo es el cómo, no el qué. Lo utilizo como un instrumento más. No permito que cerque mi libertad creativa. Esa libertad provoca incertidumbre, pero no pone límites de ningún tipo. Soy yo actuando según mis más profundas percepciones. Si soy mis más profundas percepciones, es decir, una ilusión, no tengo más remedio que defenderlas, amarlas y exponerlas. A ser posible sin perder la sonrisa”.

Javier Segura. / DA

-Un aspecto que llama la atención de su trayectoria es esa voluntad de trabajar fuera de los márgenes, y quizás hasta de espaldas, de la industria. ¿Qué de bueno y qué de malo le ha traído ese empeño por la libertad del que hablábamos antes?
“La industria y el arte son incompatibles. La industria busca rendimiento económico, y cuando lo consigue, tienta y presiona al artista para que repita una y otra vez un éxito hasta que deje de ser rentable. El problema es que en ese proceso el artista va perdiendo su capacidad creativa. Va muriendo lentamente. Mi capacidad creativa se ha incrementado y reforzado con los años, y es debido a que siempre la he trabajado sin importar qué rendimiento económico podía tener. Escribo lo que tengo en mi cabeza sin límite alguno”.

“La industria musical tienta y presiona al artista hasta que deje de ser rentable, por eso es incompatible con el arte”

-Las etiquetas, al tiempo que definen, simplifican, limitan, reducen. Si estamos de acuerdo en que ‘Los viajes de Gulliver’ no está sujeto a ningún estilo predeterminado, ¿cómo, al menos, invitaría a un futuro oyente a acercarse a este proyecto?
“Es evidente que la tecnología hay que conjugarla con hechos tales como las montañas, las nubes, el mar, las estrellas, etc. En el álbum utilizo texturas que destilo del último software para mezclarlas con sonidos antiguos, pero tremendamente emotivos y sugerentes, como el violín indio, el chino, el mongol y un largo etcétera. Pongo énfasis en contrastar la tecnología última con instrumentos tradicionales. Lo étnico casi siempre está presente en mi obra. Una de mis percepciones más profundas tiene que ver con el hecho de ser canario y, en ese espacio, lo étnico es omnipresente. El álbum no es difícil en sí mismo. Lo que lo puede hacer difícil es que el oyente no encuentre referencias claras en él, que no lo relacione con su entorno musical, pero eso con varias escuchas se evapora. Creo que una vez que el oyente lo sitúe en su cabeza, lo engancha”.

-¿Existe un discurso predeterminado, un planteamiento, cada vez que aborda la labor de composición o todo es mucho más azaroso e imprevisible?
“No hay nada predeterminado ni tampoco el azar interviene. Se trata de lo que aparece en mi cerebro a través de lo que percibo. Lo único predeterminado es el método de trabajo. Llegar a la esencia. Sacudir las notas hasta que quede lo fundamental, pues las que sobran matan la obra. Todas las filigranas y lo superfluo lo debes borrar. El trabajo constante e intenso, sumado a una eficaz autocrítica, te hace saber cuándo se te están colando notas intrusas. La herramienta que más uso son las tijeras. Lo que puedas decir con dos notas no lo digas con tres, ya que aunque te pueda parecer que suma, en realidad resta. Algunos temas en este álbum tienen melodías a modo de improvisación con muchas notas, pero son melodías construidas como tales, con un principio, un desarrollo y un final, que se pueden tararear. Están escritas con las notas exactas, aunque puedan parecer muchas en su primera escucha. También hay fragmentos de muy pocas notas, muy fáciles de entender desde una primera impresión”.

“Las tijeras son la herramienta que más uso al componer; lo que puedas decir con dos notas no lo digas con tres”

-En alguna ocasión ha mencionado su profunda curiosidad por la filosofía, el cine, la literatura y, por supuesto, la música. ¿De qué manera esas inquietudes se trasladan luego a su obra?
“Yo básicamente soy producto del colectivo humano. Sin el colectivo no sería nada de lo que soy. No creo en los genios que van descubriendo cosas. Todo nace del colectivo. Sin él, no habríamos sobrevivido. Si hubiese nacido entre lobos, andaría agachado y aullaría. Nunca pierdo esa perspectiva. Con esto quiero decir que soy todo lo que he escuchado y sentido, incluyendo esta entrevista”.

-Teniendo en cuenta esa curiosidad, me gustaría conocer su opinión acerca de la industria musical actual y los productos de consumo masivo que genera.
“Las grandes compañías son tres, y ya no son tan grandes, no al menos en artistas nuevos. Poseen el catálogo histórico que les hace ganar mucho dinero, pero la mayor parte de lo nuevo está en manos de sellos pequeños, miles y miles. Es alentador ver la cantidad enorme que hay. En Canarias hay muchos, y todos de una gran calidad. Las plataformas digitales, como Bandcamp, Spotify, Apple Music, YouTube… y las distribuidoras de contenido digital tales, como DistroKid, TuneCore, etc., mueven una cantidad enorme de producto nuevo. Nunca hubo tal cantidad de buen producto. Pese al estereotipo de que lo de antes era mejor, con lo que no estoy de acuerdo, nunca vi tal cantidad de calidad musical como ahora, y la mayoría se genera desde sellos independientes”.

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