Acaba de ver la luz el libro Divagaciones de convalecencia. Ensayo sobre el mundo actual y sus circunstancias, de Melchor Núñez Pérez, editado por el Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC). Se trata de un ensayo en el que el destacado político y docente canario reflexiona sobre diversos aspectos de la vida, desde la enfermedad hasta la docencia, la ciencia, la filosofía, la religión, la política, la literatura, el arte…, vistos desde su experiencia y su larga trayectoria vital y profesional.
-¿A su edad no es tarde para hacerse escritor?
“Nunca es tarde. En realidad escribo y publico, modestamente, desde joven. En 1986 publiqué un librito, La neutralidad de Canarias, sobre el rechazo de las Islas a la permanencia en la OTAN. Se distribuyó en toda España. Releído ahora, su contenido no andaba muy descaminado, salvo el hecho de que nadie previó entonces que solo tres años después desaparecerían la URSS y el Pacto de Varsovia. No se puede estar en todo. Desde ese momento Canarias dejó de ser una supuesta pieza clave para la llamada defensa de Occidente, para convertirse en un objetivo más vulnerable frente a Marruecos”.
-¿Y la literatura?
“Me interesa en especial la de viajes, si es que toda la literatura no lo es. Hace unos años publiqué el libro Patagonia, país de la ausencia, un lugar por cuya historia natural y social siento pasión. Luego publique La Laguna, patrimonio de la transición, una recreación del papel que la ciudad jugó en tres transiciones históricas: entre la sociedad aborigen y colonial; entre el Antiguo Régimen y la monarquía parlamentaria, y entre la dictadura y la democracia. Estos libros tienen una impronta literaria. Ahora estoy acabando una novela cuyo título y temática prefiero no adelantar, para no romper ningún sortilegio”.
“Este es un ensayo ‘sui generis’, nada academicista, informal; espero que dé que pensar, aunque sea para discrepar”
-¿Tiene un autor de cabecera?
“Tengo muchos. En este libro están algunos, como Chateaubriand, Chesterton, Pío Baroja, Kafka, Walter Benjamin. En literatura contemporánea agradezco la forma clara de escribir y construir historias de Mario Vargas Llosa. Hasta el punto de perdonarle todas sus debilidades humanas. O por ello mismo. Le dedico un capítulo a Carmen Laforet, que cuando escribió Nada era una escritora canaria, porque había vivido casi toda su vida en Las Palmas. Al menos tan canaria como Pérez Galdós”.

-¿Qué tipo de libro es ‘Divagaciones’?
“Un ensayo sui generis. Nada academicista, informal. Sin pretensión de pontificar. Pero con observaciones que espero den que pensar a quienes lo lean, aunque sea para discrepar”.
-¿Y por qué ese título?
“Porque está escrito desde la convalecencia física y anímica posterior a una crisis cardiaca. Pero esa circunstancia es solo un pretexto. Me considero una persona muy poco victimista y, menos aún, melodramática. Soy de esos que proclaman sin ambages que todo lo que sucede conviene. Menos las cosas injustas, claro”.
“Vivimos en un contexto de confusión y derrota del pensamiento, pero que se puede y se debe remontar”
-Dígame qué tipo de cosas trata en el texto.
“Por ejemplo, la religión y la filosofía, pero no la filosofía de libro de autoayuda que hoy se prodiga entre autores de moda, que corren tras la actualidad, en lugar de ser al revés, como ocurría cuando el pensamiento iba por delante de la acción, o al menos a la par. Entonces lo llamábamos filosofía de la praxis”.
-¿Y la ciencia?
“También, especialmente por su excesiva e interesada confusión con la tecnología. Algunos amigos matemáticos me van a matar por algunas cosas que digo sobre la inexactitud de las ciencias exactas”.
-¿Algo más?
“La política, naturalmente. Le dedico una atención muy crítica al papel del sistema mediático comunicacional, cuya función no es tanto la de un intermediario, sino un facedor de entuertos y molinos de viento que confunde más que esclarece. Vivimos en un contexto de confusión y derrota del pensamiento, pero que se puede y se debe remontar. Todo visto desde mi propia trayectoria personal, con sus aciertos y errores, porque no hay nada más instructivo para aprender sobre la condición humana que uno mismo”.
-Cuestiones de peso mayor.
“Lo son, pero también abordo asuntos más pequeños y próximos, como la relación con los animales o con las casas en las que vivimos. Tengo un capítulo breve dedicado a las gallinas, a las que llamo pequeños dinosaurios. O me ocupo de las piedras, esos objetos tan comunes como impenetrables, que sirven tanto para construir modestos paredones como pirámides y catedrales. Por eso lo he titulado Divagaciones, porque voy de una cosa a la otra, aparentemente disímiles o disjuntas, pero siguiendo un propósito, digamos, oculto, que da sentido y significado al texto en su conjunto. De una manera u otra, todo está interconectado, y el hilo conductor es la memoria”.
“No hay nada más instructivo si se quiere aprender acerca de la condición humana que uno mismo”
-El prólogo es de Juan Cruz.
“Juan es un amigo desde la juventud. Nos hemos seguido la pista colateralmente a lo largo de la vida. En una ocasión tuve en mis manos un libro suyo en una librería en Ushuaia, esa ciudad que en América llaman fin del mundo. Es una satisfacción que un canario como él pese en la cultura española, y más si le conoces y aprecias. Le agradezco su elogioso e inmerecido prólogo. Y al Centro de la Cultura Popular Canaria su esmerada y cuidada edición”.





