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Vázquez Montalbán: “Los godos no conocemos la cocina canaria; a mí me enseñó a hacer papas arrugadas Juan Benet”

En esta segunda entrega de la entrevista que hice, hace unos 20 años, a Manuel Vázquez Montalbán (de cuyo personaje literario Pepe Carvalho se cumple ahora medio siglo) el escritor catalán fallecido en 2003 abunda en su libro-reportaje sobre la visita de Juan Pablo II a Cuba
Manuel Vázquez Montalbán, periodista y novelista fallecido en 2003

En esta segunda entrega de la entrevista que hice, hace unos 20 años, a Manuel Vázquez Montalbán (de cuyo personaje literario Pepe Carvalho se cumple ahora medio siglo) el escritor catalán fallecido en 2003 abundaba en su libro-reportaje sobre la visita de Juan Pablo II a Cuba:
“Allí la iglesia más seguida es la afrocatólica, la de los santeros, que tiene más seguidores que la Iglesia, identificada por parte del pueblo como la Iglesia de los españoles (de la etapa de la dominación), o como una Iglesia ligada al poder económico. Buscaba ser una Iglesia más plural, más aceptada por las capas populares. Hay allí unas personas muy interesantes, como el descendiente de uno de los personajes de la independencia, Céspedes. Es un sacerdote muy inteligente y muy abierto a esa salida. Se puso a prueba ese poder, se puso a prueba la capacidad de movilización social”.

-Usted le sacó jugo al episodio. Leí su grueso libro con la misma intensidad que me exigió, en su día, una biografía crítica de Fidel que escribió Tad Szulc.
“En aquellos días se producían situaciones casi cómicas. El que había sido jefe del espionaje omnipotente, Barbarroja (Manuel Piñeiro), que era gallego y había estado con Castro desde el comienzo, se reunía en el Cohíba Meliá (donde yo me quedaba) y me decía, “ven, Manolo, que nos vamos a ver con los espías de EE.UU.” Y tenía una tertulia con los que a él le constaba que eran espías norteamericanos, cubanos que habían vivido en Cuba antes, y charlaba con ellos como si estuvieran hablando del partido del otro día entre Las Palmas y el Barcelona. Sacaba del bolsillo un fax en el que hacía un análisis de la posibilidad de que determinados mensajes llegaran, como diciéndoles a los espías que estaba al corriente de sus operaciones. Era una situación pintoresca, que sólo se pudo vivir en aquellos momentos. Como con la luminosidad. La Habana parecía Las Vegas. Y cuando estaba elevándose el avión que se llevaba al papa, de pronto, se apagó la ciudad. Fue casi como un símbolo de hasta qué punto se había montado un espectáculo, y el espectáculo había terminado”.

El show del Papa

-¿Quién es mejor papa, Juan XXIII o Wojtila? (Lástima no poder preguntarle por el papa Francisco, en trance de retirada, que intuyo sería hoy su preferido.)
“Es que Juan XXIII era un papa en el sentido convencional, porque había estado a punto de ser expulsado por modernista, y cuando pudo, abrió cauce a una reforma de la iglesia. Y este otro papa, que en proyectos sociales, es un papa abierto, en otros aspectos ha sido uno de los más represores. del papado, y además, dudo que haya añadido ni un católico a la Iglesia. Este ha sido un showman, un gran publicista, un gran viajero, ha movilizado multitudes, pero en América latina se han perdido 40 millones de católicos creyentes, que se han pasado a sectas protestantes, a confesiones afrocubanas o afrobrasileñas. Y está la Teología de la Liberación, que el papa no admite como movimiento y frente a la cual ha movilizado a todo el Opus Dei latinoamericano para que la destruya. Por tanto, es un papa muy cargado de contradicciones. Su discurso social lo ves positivo y, en cambio, su visión sobre la vida cotidiana, ante el sexo por ejemplo, es como para echarse a reír para unos y para otros como para echarse a llorar”.

Medio siglo de poeta

-Lo primero que usted fue es poeta.
“Sí, pero mi primer libro fue el ensayo Informe sobre la información, que publiqué en el año 63, pese a que, en efecto, mi primer libro poético, Una educación sentimental, está escrito mucho antes, pero, por problemas de censura y de dinero, el editor solo pudo publicarlo cuando Gimferrer ganó el Nacional de Poesía, y parte del dinero que le tocó a él lo empleó en publicarme el libro, que llevaba aplazado cuatro años”.

-¿Y sigue llevando al poeta dentro?
“Sí, supongo que sí, como esa cursilada que dice que todo el mundo lleva un niño dentro. Yo creo que a mucha gente le pasa que, cuando quiere expresar un malestar contra la realidad o contra sí mismo, el instinto le empuja a escribir poesía. Eso es lo que se llama la poesía adolescente. Si a partir de los 20 años sigues escribiendo poesía es que quieres ser poeta. Y eso es muy duro, muy difícil. Es una práctica de depuración, de ir gastando materiales, de ir gastando ingenuidades, y escribes y publicas o no acabas de destruir esas rémoras. Y yo por eso, constantemente, tengo necesidad de volver a la poesía. Y he publicado a lo largo de toda mi vida unos 8 libros de poemas”.

-Pepe Carvalho, en un momento determinado, se rebela contra usted, le echa en cara muchas cosas. ¿Usted que le debe al personaje?
“Pues el haber ganado el Planeta (Los mares del sur, 1979) y haber podido pagar entonces las deudas que tenía. El haber conseguido con sus novelas unos ingresos suficientes. Que me lo hayan traducido a 24 lenguas. Todo eso se lo debo a Carvalho. Ahora, Carvalho me lo debe todo, me debe la vida. Eso que usted cita era una pieza teatral por encargo. Me pidieron una obra de muy pocos personajes y que uno de ellos fuera Carvalho. Y yo pensé, a ver qué les puedo enviar a esta gente, y finalmente escribí un monólogo de Carvalho contra mí, que se titula Antes de que el milenio nos separe, y es una diatriba contra mí, porque dice que yo le he dado una ideología que no es la suya, le he hecho acostarse con señoras que no le gustaban, que, en cambio, le he quitado señoras que sí le gustaban, le había impuesto unos gustos gastronómicos que no eran los suyos… Es una rebelión del personaje contra el autor en clave burlesca, porque, al final, ya harto de que me esté diciendo tantas cosas, bajo el telón y lo destruyo”.

La ilocalizable cocina canaria

-En uno de sus artículos gastronómicos dejó escrito: “Los godos no conocemos la cocina canaria”.
“Es que es cierto, no se conoce suficientemente. Si vienes aquí, pruebas el sancocho, las papas arrugadas, la vieja, cuando allá no se tiene noticia de que haya esos peces peculiares, y otros guisos. Es una cocina de origen básicamente popular, muy rica y variada, y se conoce poco. Yo la conozco a través de recetarios y de los viajes. A veces, también, si no tienes amigos del país que te guíen, es difícil encontrar restaurantes donde se haga la auténtica cocina canaria. Yo, por ejemplo, sé cómo se hacen las papas arrugadas antes de venir a Canarias. Me lo enseñó nada menos que Juan Benet, que no sé por qué sabía hacer papas arrugadas y un día, en casa de una amiga común, se puso a cocinarlas”.

-Ángel Guimerá, que es nuestro, de los canarios, y de ustedes, los catalanes, pedía gofio a los paisanos de las islas …
“Es que el gofio es un mito posbélico. Yo tengo un pariente lejano que vivió en Canarias en aquellos años y justifica el que no pasaran hambre, como sí sucedió a tanta gente, gracias al gofio, un alimento, para los niños sobre todo, muy importante”.

Con Soler Serrano en la radio

-No me gustaría que nos despidiéramos sin terminar hablando de la radio. Disfruté leyendo su ‘Crónica sentimental de España’ (primero en Triunfo, después en libro), donde la ensalza y le agradece la compañía prestada de niño, en que, al parecer, leía poco, por falta de recursos y de libros…
“No los había en casa. Pero la radio, en cambio, sí que tuvo un papel importantísimo. Hay que pensar, además, que mi formación es paralela al desarrollo social de la radiodifusión en España, que se inaugura en el 25 y tiene ya cierto público antes de la guerra civil, y que se expande por todo el país como consecuencia de la electrificación, años 47, 48, gracias a la comercialización de aparatos en una España pobrísima. A veces te prestaban radios que para que funcionaran tú tenías que meter una peseta rubia y te permitía una hora de radiodifusión. Fue expandiéndose y creando puntos referenciales, conductas radiofónicas, tipos de programas, figuras, como, por citar una que es de todo el Estado, Bobby Deglané. Luego, en cada realidad regional o subnacional, aparecían héroes de la radio que tenían un prestigio social, como ahora los artistas. La gente gritaba por las calles cuando veía a un locutor de Radio Barcelona, o alguno de radio-teatro. No se puede olvidar esa etapa. Luego llega la televisión, y yo, si he de ser sincero, me siento todavía más radiofónico que televisivo. Incluso, el fútbol me acostumbre de tal manera a oírlo en las retransmisiones radiofónicas, que a veces prefiero seguir un partido por la radio. En la época de los Matías Prats y los grandes locutores locales, eran personajes que nos enseñaron a ver un partido de fútbol sin estar allí. Y, por lo tanto, es una relación de amor total al medio, al que he sido siempre fiel. La primera vez que sonó mi nombre, al margen de mi familia, fue en un programa que presentaba Joaquín Soler Serrano (que luego se dio a conocer a toda España). Se llamaba Busque, corra y llegue usted primero. Pedía cualquier cosa. Aquella noche pidió una calabaza. Y una vecina mía encontró una calabaza y me llevó al programa. Soler Serrano me preguntó, “¿Tú, que estudias?”, y yo dije, “Bachillerato”. ”A ver, dime una declinación latina”, dije la única que me sabía. Y ese fue mi primer acto en un medio de comunicación de masas. Se lo he comentado más de una vez a Soler Serrano, al que le hace muchísima gracia nuestro primer encuentro”.

-Usted escribió una radionovela, si no me equivoco…
“Sí, María Hitler. Estoy considerando, cuando acabe las cosas que tengo entre manos, volver sobre ella; ya he practicado el ejercicio de reescritura. En esa obra hay cosas divertidas: el retrato del mundo de las guerrillas urbanas de final de los años 60 y comienzos de los 70. Una de las conductoras de ese movimiento es una tal María Hitler, que es hija de Hitler y de una representante de la Sección Femenina. Una de las aspiraciones de un personaje del Régimen (¿cómo se llamaba aquel que estaba obsesionado porque la Falange, palabra femenina, había que convertirla en Falanjo, y Franco se lo quitó de encima y lo mandó de embajador a Paraguay?, ya me acordaré). Pues este sugirió un matrimonio entre Hitler y Pilar Primo de Rivera, como antes se casaban los reyes de un país y de otro para crear unidades dinásticas, y eso generó un horror, supongo, por parte de la pobre Pilar Primo de Rivera. Más el problema de Hitler, que, al parecer, no podía tener hijos. Eso hubiera sido un matrimonio completamente inútil”.

El afrofranquismo

-Usted sabe que se ha desclasificado el expediente militar de Franco estos días. ¿Cree que se pueda descubrir algo que no sepamos, que no sepa usted, que lo sabe todo del dictador hasta el punto de haber novelado su ‘autobiografía’?
“Depende de quien haya escrito ese expediente, si lo ha hecho el ABC, que es el gran creador del mito militar de Franco. ¡Quién sabe! Lo interesante, aparte del expediente, es indagar en toda la memoria que hay alrededor de la conducta de Franco en su etapa norteafricana, un período interesantísimo, y ahí hay que recurrir a libros de memorias, como las de Hidalgo de Cisneros, que fue el jefe de la aviación republicana y compañero de armas en la guerra africana. La influencia de los militares acfricanistas es tremenda, porque luego se supo que los métodos que aprendieron en la guerra africana los aplicaron en la guerra civil”.

Tras la relectura de esta entrevista realizada en 2001 (Montalbán murió en 2003), guardo la imagen del saludo y la despedida, la última vez que das la mano a alguien sin saber que no vas a volver a verla. En esos dos últimos años de vida que le restaban al inagotable autor bajo la espada de Damocles de un posible infarto, no perdió el tiempo. Publicó Erec y Enide (2002), un par de títulos gastronómicos de la serie Carvalho, columnas por doquier, hizo planes y viajó a Bangkok. En el aeropuerto tailandés lo estaban esperando…”.

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