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Gibraltar negó el paso al portaviones tóxico que pasa otra vez por Canarias

Mientras aguas tan disputadas como las del estrecho logran controlar la navegación de buques con tal alto riesgo contaminante, las Islas ven cómo semejante convoy circula de ida y vuelta por sus costas
el viejo portaviones tirado por un remolcador holandés.
El viejo portaviones tirado por un remolcador holandés. Defensa.com

Mientras en aguas tan disputadas como son las del Estrecho de Gibraltar se toman medidas para respetar las normas vigentes sobre el tráfico marítimo, las de Canarias siguen al albur de, sin ir más lejos, las organizaciones criminales que han convertido el Océano Atlántico en esta parte del planeta en un auténtico cementerio como resultado de la trata de personas, como atestigua el hecho de que Naciones Unidas catalogue a la llamada Ruta Canaria de las Pateras como la de mayor mortalidad de las existentes actualmente.

Qué mejor prueba de ello el hecho de que las autoridades gibraltareñas hayan logrado, al alimón de la negativa del Gobierno de Turquía a permitir que semejante montón de chatarra tóxica atraque en sus puertos, que el remolcador que transporta el casco del hoy llamado portaaviones NAe São Paulo haya dado la vuelta y regrese a Brasil. Eso sí, repitiendo su navegación por aguas de las Islas gracias al corredor internacional existente entre dos de las tres mayores del Archipiélago, como son Gran Canaria y Fuerteventura.

En realidad, el viejo portaviones francés botado con el nombre de Foch, uno de los únicos dos de clase Clemenceau que fueron tan lustroso como dudoso honor para la Armada gala, ha sido tirado por un remolcador de bandera holandesa llamado ALP Centre por las inmediaciones del Archipielago durante dos fines de semana sin que las autoridades españoles hayan podido hacer más que monitorizar el mismo.

Cabe recordar que este viejo portaviones, sobre cuyo enorme riesgo medioambiental han alertado ONG de Bélgica y EE. UU., fue vendido por 12 millones de dólares a Brasil a primeros de siglo en un negocio cuanto menos controvertido desde la perspectiva de los intereses del país verdeamarillo, cuyas autoridades pronto comprobaron lo ruinoso del mismo tras registrarse dos incendios en el mismo, por no hablar del evidente desfase para su uso. Es más, en cuanto llegó la crisis, Brasil acertó en terminar con la sangría de gastos que les supuso el ahora conocido como NAe Sao Paulo y lo retiró del servicio, para finalmente ser adquirido por la misma empresa que ahora se ha recorrido medio planeta en su afán de lograr un desguace que nadie admite en realidad.

Lo cierto es que, según los datos fácilmente comprobables en la plataforma internacional abierta al público para el seguimiento de embarcaciones Marine Traffic, se espera que el ex buque insignia de la Marina de Brasil llegue a Río de Janeiro el 2 de octubre.

Tal y como adelanta la reconocida página web sobre temas militares www.defensa.com, la vuelta del portaaviones desactivado es una determinación del Ibama (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables). A fines de agosto, la agencia brasileña aceptó la denuncia del gobierno turco sobre la falta de un inventario detallado de la cantidad de materiales tóxicos a bordo del buque, especialmente amianto, y canceló la autorización que permitía desmantelar el barco en el puerto de Aliaga, Turquía.

Adquirido como chatarra por representantes brasileños del astillero turco Sok Denizcilikve Tic en marzo de 2021 por 12 millones de dólares, el portaaviones NAe São Paulo inició su viaje a Turquía el 4 de agosto. La entrada del barco en territorio turco, sin embargo, estuvo condicionada a la presentación del informe de sustancias tóxicas presentes en el buque, que había sido requerido por las autoridades turcas en contacto con el gobierno brasileño desde el 9 de agosto. Sin respuesta, se revocó el permiso de ingreso de la embarcación a las costas del país, emitido el 30 de mayo.

El remolcador que transporta al portaaviones inició su regreso a Brasil cuando se encontraba a la altura de la costa norte de Marruecos, cerca de la entrada del estrecho de Gibraltar que da acceso al mar Mediterráneo y algo antes de llegar a las proximidades de Casablanca, como ha informado DIARIO DE AVISOS. La previsión original era que el convoy llegara a Turquía el 11 de septiembre. Todavía no hay información sobre dónde se amarrará nuevamente el casco del buque aeródromo en Río de Janeiro.

Monitorizado a la ida y la vuelta

Pese al sorprendente silencio informativo que solo DIARIO DE AVISOS ha roto respecto al peligro medioambiental que han sufrido las costas de Canarias con el paso por sus aguas del viejo portaviones francés Foch, lo cierto es que las autoridades marítimas han cubierto en la medida de sus posibilidades -que es ínfima, habida cuenta la desprotección de las Islas por lo que respecta a la legislación internacional vigente- la navegación entre Gran Canaria y Fuerteventura que ha tenido lugar en sucesivos fines de semana.

Así, cuando el ahora denominado Sao Paulo llegó a estas alturas del Océano Atlántico tirado de un remolcador holandés de nombre ALP Centre y contratado a tal fin por una empresa privada, fuentes de la Capitanía Marítima de Las Palmas de Gran Canaria reconocieron al Decano de la Prensa de Canarias que estaban “monitorizando” tal transcurso. Además, este periódico pudo comprobar que un helicóptero de Salvamento Marítimo, concretamente el Helimer 206, ‘controló’ el retorno de tan tóxico convoy cuando en días pasados retornó a la altura de La Graciosa obligado por la negativa de las autoridades de Gibraltar a que pasara por el Estrecho.

A este respecto, no se descarta que el reciente vertido al mar de sustancias contaminantes desde un granelero que chocó contra un petrolero en el Golfo de Algeciras haya tenido también que ver con el retorno del viejo portaviones tóxico hacia Río.

De la dimensión de lo que ocurre dan buena ONG como la belga Schipbreaking Platform y la estadounidense Basel Action Network, que remitieron el pasado día 8 de agosto al Gobierno de España, al del Reino Unido y a las autoridades de Gibraltar una misiva que, por una parte, explicaba que el viejo portaviones incumple el tratado internacional firmado en Barcelona allá por 1975 para la protección del Mediterráneo por cuanto en el mismo siguen habiendo toneladas de amianto, como denunció en 2006 Greenpeace respecto a su buque gemelo, pero también, ojo, residuos radioactivos resultantes de las pruebas nucleares llevadas a cabo por Francia en el Pacífico desde mitad de los años sesenta del siglo pasado en adelante, especialmente en no pocas toneladas de cadmio utilizadas como pintura a modo de protección, aproximadamente unas 170. También denuncian los ecologistas que la inmensa nave que nos ocupa lleva casi 650 toneladas de materiales pesados cuyo vertido en el océano resultaría catastrófico.

Resta recordar que el Foch fue un portaviones francés de la Clase Clemenceau, clase que tomó su nombre del otro único buque que la había constituido, el Clemenceau. Ambos buques fueron los primeros portaviones de Francia en haber sido construidos y completados después de haber sido diseñados como tales desde el principio (el Clemenceau en 1957 y el Foch en 1959). El Clemenceau fue dado de baja en 1998 y desguazado en 2006. En cambio, tras ser dado de baja por Francia en el año 2000, el Foch fue vendido en ese mismo año a Brasil, quien lo rebautizó como São Paulo (A-12).

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