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Cambio de hora en Canarias: este mes toca retrasar el reloj

Se acerca el final del verano, y con él, el segundo cambio de hora del año, que dará la bienvenida al horario de invierno. Consulta qué día se cambiará la hora y cómo afectará a tu reloj.
Cambio de hora en Canarias: este mes toca adelantar el reloj

El cambio de hora en Canarias es una de esas cuestiones que siempre son polémicas. Unos lo ven como algo innecesario, mientras otros creen que, energéticamente, puede dar frutos. La realidad es que, cada año, siempre hay despistados con esta cuestión.

El cambio de hora en Canarias empezó a realizarse en 1940 de la mano de Franco. Sin embargo, en la actualidad, esta práctica está regulada por la directiva europea del cambio de hora 2000/84/CE. Este cambio está motivado con el ahorro energético que se calcula basándose en las horas de luz solar durante los meses de verano.

El último cambio de hora, ¿será este?

Mucho se ha hablado en los últimos años sobre la posibilidad de que el cambio de horario llegase a su fin. Sin embargo, por el momento todo indica que no se llevará a la práctica. De hecho, en el BOE se definen que los cambios de hora en España duraran, como mínimo, hasta el 2026. Del mismo modo, se establece que estos cambios se llevarán a cabo, siempre, entre las 2 y 3 horas de la madrugada.

El siguiente cambio de hora que se va a realizar, como cada año, es el cambio de horario de invierno. Este se llevará a cabo el día 30 de octubre, cuando las 03:00 horas pasarán a ser las 2:00 horas. Y lo harán todos los países de la Unión Europea con la finalidad, como ya se ha comentado, de aprovechar más las horas de luz solar y reducir los costes en la producción de energía, algo que este año también está muy presente en nuestro día a día.

Los cambios de hora, aunque no lo parezcan, pueden traer problemas de adaptación. Si bien es cierto que no a todos nos afectan por igual, sí hay personas que pueden llegar a sufrirlo mucho. Por ello, hay una serie de recomendaciones de lo más útiles para poder pasar estos días con un poco más de normalidad. Y, sobre todo, evitar que este cambio altere nuestro ritmo circadiano.

Los ritmos circadianos de las personas son aquellos horarios internos, por decirlo de algún modo, que rigen nuestro día a día. Así, estos ritmos son aquellos que regulan los cambios físicos y mentales que nos suceden a lo largo del día. Es lo que llamamos, comúnmente, “reloj biológico” y se encuentra en una parte del cerebro conocida como hipotálamo.

Durante el día, las señales que emite el hipotálamo hacen que nos sintamos más dormidos o activos y, en gran medida, están influenciadas por la luz del día. Cuando esta parte detecta luz solar, deja de producir melanina, que es la hormona del sueño para que nuestro cuerpo se active. Pasadas las horas del día, y cuando empieza a oscurecer, el hipotálamo da la orden para que el cuerpo empiece a producir esta hormona de nuevo, lo que facilita el sueño.

Así pues, nuestro cuerpo está acostumbrado a unas rutinas y cuando hay el cambio de hora, estas se ven desajustadas, pues nuestro “reloj biológico” no concuerda con el “de la sociedad” por decirlo de algún modo.

Lo primero es aprovechar este cambio para descansar. Se realiza en fin de semana para que sea más fácil llevar a cabo este ajuste, aunque hay personas que lo tienen un poco más complicado al trabajar de noche y de fin de semana. En estos casos, puede ser una buena idea tomar suplementos de melatonina para inducir que el hipotálamo cree más pronto esta hormona y nos facilite el sueño. Sin embargo, el uso de estos complementos debe quedar restringido solo a momentos puntuales, pues el cuerpo puede acostumbrarse a ellos y, por ende, tener más problemas para recuperar nuestro ciclo de sueño.

Otro detalle que tener muy en cuenta es que este cambio puede traducirse, en muchas ocasiones, en una sensación extrema de fatiga. Por ello, es necesario alimentarse bien y seguir una dieta de lo más equilibrada. Como siempre, es importante evitar las comidas copiosas e hidratarse correctamente. Una buena idea para conseguirlo es prepararnos con tiempo y comprar alimentos de calidad, con muchos nutrientes, pero muy bajos en grasa. Si, por el contrario, ya seguimos una dieta más controlada, entonces esto no debería ser un gran problema.

Si tenemos planes, lo mejor es tener cierta flexibilidad. Debemos darnos un margen de tiempo para asegurarnos de poder estar bien “despiertos” cuando llegue el momento. Por este motivo, es mejor evitar la primera hora de la mañana, la hora del mediodía después de la comida y, por supuesto, después de la cena. Además, echar una siesta puede venirnos muy bien siempre que esta no supere los 20 o 30 minutos.

Ajustar los nuevos horarios con la rutina es otro paso que valorar. Todos tenemos una rutina que seguimos, tanto a la hora de acostarnos como de levantarnos. Por ello, es fundamental que, pasado el día del cambio, sigamos con ella a pesar de que nos podamos sentir más cansados.

Pese a que son muchas las voces que critican este cambio de horario por considerar que el ahorro energético anual no compensa los desajustes de salud en las personas, es un cambio con el que deberemos lidiar, al menos, 4 años más.

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