política

El castillo de naipes

Las rupturas en CC y las dos caras de Jano en las puertas del nacionalismo: Clavijo y Román

CC dio materialidad al concepto. Vendió su nacionalismo con sentido de la oportunidad. Pasaban volando por encima los espíritus de la Unión del Pueblo Canario, de las arengas de Cubillo en La Voz de Canarias Libre, del PNV y Convergencia i Unió… Hermoso tuvo olfato, en comandita con Adán Martín, y pusieron su pica en Flandes.

Eran ambiciosos en sus expectativas. Nada de alcaldías y santas pascuas. Asaltaron el cielo. Primero el Cabildo de Tenerife y después el Gobierno. Ni Podemos, en La España que puso en solfa el bipartidismo tras el 15M de 2011, lo hizo mejor. CC, la de Hermoso y Adán, puso a Canarias políticamente patas arriba y en la España peninsular se llegaron a llevar las manos a la cabeza. ¿Cuál era el techo de aquellas ínfulas de gobernantes quijotescos en sus ínsulas baratarias?

Llegaron a influir decisivamente en la política española desde sus escaños en el Congreso, llegaron a tener grupo propio. Aznar, Zapatero y Rajoy no lo dudaron: había que llevarse bien con aquellos canarios incontrolados, que predicaban un nacionalismo de manta esperancera, pero del que no había que fiarse nunca.

Ahora, Torres, que rezuma aquella bonhomía carismática de Hermoso y cae bien en Tenerife, despierta la sana envidia de CC. Ese era su mayor capital, el elixir de su éxito. Y lo han perdido.

La marcha de Unidos por Gran Canaria asestó en Coalición, un partido nacido en Tenerife, el primer hachazo en su isla espejo, Gran Canaria, donde el plantón de los candidatos de Telde al jefe, Clavijo, este miércoles, es todo un síntoma de la estampida en ciernes.

Esta baja tendrá consecuencias el 28M, traducidas en escaños en la Cámara por la isla que más se resiste a CC, bajo la implantación de Nueva Canarias. Sus votos, de no llegar a la calle Teobaldo Power, se los restará al partido de la calle Galcerán.

El adiós de AHI

La ruptura de la Agrupación Herreña Independiente (AHI), todo un símbolo insularista con 45 años de historia, era una decisión adoptada y congelada durante una década que tarde o temprano se iba a hacer realidad. En las páginas de DIARIO DE AVISOS se ha contado con todo lujo de detalles el contenido literal del acuerdo adoptado en la última asamblea presidida por Tomás Padrón antes de su retirada y las maniobras desde Tenerife para abortar su ejecución, hasta que el agua, inexorablemente, ha vuelto a su cauce y AHI decide esta vez resurgir de sus cenizas. Restarle impacto al hecho forma parte de la ceremonia de las apariencias de un partido al que sorprende cada eclipse a la intemperie, ya fuera de los cuarteles del poder.

Pero, como no hay dos sin tres, en vísperas de las elecciones se apeó también de CC un partido de cuyo bagaje histórico y empatía nacionalista nadie tiene duda, el Partido Nacionalista Canario (PNC), el que más suena al PNV, que tanto encandila a CC elecciones tras elecciones. Su desvinculación y libertad supone la puntilla para una racha reduccionista que termina por desvirtuar la noción misma de la matriz. Una matriz que se ve mermada progresivamente a riesgo de contraerse a la mínima expresión, la de ATI en Tenerife y API en La Palma si acaba consumándose el último rumor de esta racha de emancipaciones: la de Asamblea Majorera, de Mario Cabrera, otra histórica sigla con vocación de poder que se mira en sus pares: ASG y AHI.

Los cabildistas

En cierta forma, Canarias, al cabo de 40 años de autonomía, está desandando sus pasos en un deja vù persistente, y así los que eran partidos de ámbito insular regresan a su naturaleza primaria y los que eran partidos de ámbito regional continúan siéndolo. En Canarias siempre hubo autonomistas y cabildistas, dos familias que ahora estarían menos distanciadas, pero que en su momento llegaron a engendrar el fantasma de la doble autonomía. Esta expresión estuvo en boca de más de uno que hoy no se reconocería en sus palabras como si fueran de tinta de calamar.

Por suerte, hemos dejado de hablar del pleito insular, que es un hacha enterrada, una bicha que nunca debemos dar por muerta sin más para que no resucite. Dice Casimiro Curbelo que esta etapa está definida por el mítico pacto de colactación de los guanches gomeros con Hernán Peraza: los socios del cuatripartito habrían bebido leche del mismo gánigo jurándose fidelidad, y por eso han llegado juntos a la meta.

Todos los partidos se la juegan. El PSOE se juega confirmar que ha abierto una nueva época con un segundo mandato. Nueva Canarias, devolver las coces de cuando la borraron del registro de Interior, y, a su vez, apuntalarse para el día menos pensado de la reunificación nacionalista. Si Clavijo y Román no congenian (las dos caras de Jano, el dios romano de la doble puerta: los finales y los comienzos), los fans de la reconciliación aguardan al 28M para ver quién queda en pie y saber si es posible el reencuentro o dan la batalla por perdida, como se lamentaba Juan-Manuel García Ramos, tras dejar la presidencia del PNC y emprender una estoica retirada.

CC se enfrenta a su destino: consolidarse como partido regional o dividirse en sus múltiples ramificaciones, a sabiendas de que lo primero fue la consecuencia de lograr el poder en virtud de la suma de una serie de partidos heterogéneos. La pérdida escalonada de Ican, CCN, AHI y PNC describe una tendencia que solo desde el poder se disimula o maquilla.

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