cultura

El cine que construye, relata y muestra una sociedad

El Teatro Leal de La Laguna estrena el lunes 4 de diciembre ‘Lo que realmente importa’, un film desarrollado por vecinos en los centros ciudadanos de Bajamar, Finca España y San Diego
'Lo que realmente importa' se estrena el 4 de diciembre, en torno a la conmemoración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad. / DA

Cine social. Entendido no solo por los temas que aborda, también por el compromiso activo de la ciudadanía en su plasmación. El Teatro Leal de La Laguna alberga dentro de una semana, el lunes 4 de diciembre (20.00 horas), el estreno de Lo que realmente importa, un film que es el resultado del trabajo desarrollado durante seis meses en los centros ciudadanos de Bajamar, Finca España y San Diego, con la coordinación del cineasta Raúl Jiménez (La Laguna, 1973). La experiencia cuenta con el apoyo del Ayuntamiento lagunero, a través de la Concejalía de Participación Ciudadana, que dirige Badel Albelo.

El rodaje se ha desarrollado durante seis meses. / DA

El film se presenta, además, en torno a la conmemoración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, que tiene lugar cada 3 de diciembre. Y la elección de fecha no es casual, pues la historia que se muestra -en realidad son tres- tiene que ver con la efeméride. “El punto de partida -explica Jiménez en una conversación con DIARIO DE AVISOS- fue que cada centro ciudadano trabajase en su propio relato, pero además que, al tratarse de historias contemporáneas, se pudieran fusionar en un mismo discurso cinematográfico”. “Quizás -añade el responsable de los talleres de cine social-, la historia que aborda el de San Diego pueda ser el eje central de la película”.

LA TRAMA

Al tratarse de un estreno, no hay necesidad de destripar el argumento del largometraje. Puede ser suficiente con saber que Lo que realmente importa ha tejido su trama “entre las historias de un joven cuidador, un amor aparentemente imposible y una mujer mayor que reside en un centro, creando un poema visual donde los destinos convergen en la sinfonía de la existencia”, tal y como puede leerse en un texto facilitado por el propio Raúl Jiménez.

Más de medio centenar de personas han participado, de una u otra manera, en el proyecto. / DA

Al describir cómo se ha desarrollado el proceso de construcción de Lo que realmente importa, el cineasta tinerfeño hace hincapié en el itinerario que él mismo recorrió junto al resto del equipo que quiso sacar adelante este proyecto audiovisual. “Puede parecer que la parte más importante es esta que llega ahora, la película en sí, cuando vemos los resultados -argumenta-, pero la experiencia comienza a ser interesante desde el mismo día en el que me encuentro con las personas que han decidido apuntarse a los talleres de cine social, cuando aún no sabes muy bien cuáles son sus inquietudes”.

Lo habitual es que la mayoría se decante por la interpretación, “pero, al ser un largometraje no profesional, aquí los roles van cambiando continuamente. Quienes se ponen ante la cámara también ayudan a los compañeros que están detrás de ella”.

Esa parte que no se ve en pantalla está conformada por tres directores -uno por cada historia-, cinco o seis personas responsables de las cámaras y otras tantas del sonido y la iluminación, mientras que en el montaje solo ha habido dos, incluyendo al propio Jiménez. Teniendo en cuenta, eso sí, que estas y el resto de funciones técnicas han sido abordadas de manera colectiva.

El largometraje fusiona tres historias concebidas en cada uno de los barrios. / DA

“Una vez por semana -señala- nos reuníamos cada grupo, poníamos las ideas sobre la mesa, creábamos foros de debate, elegíamos la historia que considerábamos mejor y hacíamos un casting para ir repartiendo los personajes que intervenían en ellas”. “Lo más importante en esta aventura es el espíritu de grupo, el buen ambiente y el compromiso. Es fundamental que todos los que participan sientan que el relato merece la pena, que tengan fe en el trabajo que vamos a hacer”, subraya el coordinador de los talleres de cine social.

Raúl Jiménez emplea como símil la labor de un entrenador de fútbol, la de alguien que intenta sacar lo mejor de cada una de las personas con las que trabaja. “Siempre les digo -comenta- que esto es juego y que vamos a procurar jugarlo de la mejor manera posible”.

Los talleres se desarrollaron en Bajamar, Finca España y San Diego. / DA

Y no deja de sorprenderse: “Lo que siempre me llama la atención es la parte interpretativa, entendiendo que nos basamos en el naturalismo. Es decir, no buscamos que la actriz o el actor que sale de un taller sea camaleónico. Lo más frecuente es que actúe de una forma muy cercana a su personalidad. Y luego, sí, hay personas que muestran condiciones más innatas, que tienen fuerza y la cámara las quiere, mientras que otras no son tan afortunadas en este ámbito. Pero nunca vamos a decirles que no van a actuar en la película. Aquí de lo que se trata es de que cada uno tenga una oportunidad para expresarse”.

No es sencillo exponer el número de participantes en cada proyecto. Jiménez apunta a más de medio centenar, entre alumnos de los talleres, personas que participan en mayor o menor grado en el rodaje de una secuencia y las que ejercen como figurantes. Esa indefinición también puede revelar lo que significa emprender una labor colectiva.

EL PRECEDENTE: LA CANDELARIA, SAN LUIS GONZAGA Y EL ORTIGAL

Esta es la segunda ocasión en la que los talleres de cine social que imparte Raúl Jiménez se plasman no en un cortometraje abordado por vecinos de un barrio en concreto, sino con la creación de una obra colectiva que da como resultado un largometraje. El año pasado, esa idea se fraguó en Me llamo François y fue posible merced a la iniciativa desarrollada desde los colectivos cinematográficos surgidos en los núcleos de La Candelaria, San Luis Gonzaga y El Ortigal. La inmigración fue su temática.

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