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“Como la africana ahora, la migración canaria a Venezuela desde el XVI fue por simple supervivencia”

Manuel Hernández, catedrático de la ULL, añade un título más a su profusa obra y, en 232 páginas, analiza la emigración a la ‘Octava Isla’ y el gran retorno de muchos isleños desde los años 80 del XX
“Como la africana ahora, la migración canaria a Venezuela desde el XVI fue por simple supervivencia”

En pleno repunte migratorio desde la costa africana hacia Canarias, el catedrático de Historia de América por la Universidad de La Laguna Manuel Hernández González enriquece en este noviembre su más que dilatada colección de títulos con un libro sobre la emigración canaria hacia Venezuela desde el siglo XVI. Un estudio de 232 páginas que explica bien el estrecho vínculo entre las Islas y ese sueño caribeño y que se extiende hasta el regreso de muchos canarios y descendientes que aún se está dando por la situación del país, retorno que se agudiza en 1983, que se intensifica en 1989 con las protestas del “Caracazo” y que se multiplica a la enésima con Chávez (presidente de 1999 a 2013) y, aún más, con Maduro (desde 2013) ante la evidente pérdida de calidad de vida, la deriva de una innegable dictadura y el doloroso contraste entre el potencial y riquezas de la nación con su pobreza y desigualdad.


Una evolución y vuelta al Archipiélago motivada, curiosamente, por las mismas causas por las que los canarios emigraron a Venezuela durante los últimos 550 años, solo que con viaje en sentido contrario que no se dio hasta esos años 80. Unas razones que, por supuesto, tienen parecidos profundos con las que explican la migración actual por mar desde África a Canarias y a la Europa mediterránea: el hambre, la pobreza, la falta de oportunidades, los mayores sueldos, la persecución política, las guerras o el exilio, a lo que en el siglo XXI se añade la desertización por el cambio climático y sus otros muchos efectos.


Hernández lo tiene claro: “Como la africana ahora, la emigración canaria hacia Venezuela desde el siglo XVI fue por simple supervivencia”. En su libro, que eleva su producción a más de 60 títulos, la mayoría tras exhaustivas investigaciones históricas repletas de fechas y nombres célebres o del pueblo llano (como pasa con esta), el catedrático orotavense llama la atención sobre un error habitual de las fuentes históricas tradicionales, ya que los canarios participaron en la conquista, colonización y desarrollo posterior de la Octava Isla de forma mucho más relevante que lo que se ha sostenido porque no tenían que pasar por Sevilla, donde se daba el monopolio del control de los flujos de personas y materias que iban y venían. “Hubo mucha emigración ilegal en todo esos siglos; hasta de curas y frailes”, subraya.


Bajo el título de “La emigración canaria a Venezuela a lo largo de la historia” (incluido en la colección Miscelánea Canaria que dirige el catedrático Manuel de Paz (ULL) y que promueve LeCanarien Ediciones), el profesor analiza la contribución de los canarios en la conquista y colonización del país hermano de 1500 a 1650 (Caracas se funda en 1560). Según remarca, los isleños (“muchos con sangre guanche”) usan su experiencia en la colonización de Canarias y, por eso, eran muy apreciados.

EMIGRACIÓN FAMILIAR


Con un amplio uso de fuentes documentales y bibliográficas, Hernández ahonda también en la etapa de la llamada emigración familiar colonizadora (de 1670 a 1749). En este periodo, la salida de canarios es impulsada, incluso, por las elites dirigentes en las Islas, que le piden a la Corona española propiciar el poblamiento en Venezuela (y otras zonas del Nuevo Mundo) para, a su vez, reducir el número de residentes en Canarias por las dificultades para su abastecimiento por la infertilidad de la tierra y el crecimiento demográfico. De hecho, Tenerife pasó de 20.350 habitantes en 1585 a 51.867 en 1688, mientras que las Islas crecen de 38.705 en 1587 a 105.075 en 1688.


Las clases dirigentes comienzan a hablar de “saturación demográfica” que, encima, se ve agravada por factores climatológicos, erupciones, la subida cíclica de precios de los productos de subsistencia y la presión sobre la tierra y el agua de los propietarios. Por supuesto, esto acarreó conflictos sociales y se pensó que una gran salida era precisamente eso, la salida hacia América. El obispo García Ximénez alude a esta “saturación” y, en 1676, plantea la conveniencia de reducir la población a la mitad, algo que corroboran otros religiosos y regidores.


Los flujos se aceleraron tanto que, al poco, las elites se inquietan por la pérdida de población en Canarias, algo que se repite luego en otros siglos y etapas. De hecho, subrayan que, entre otras muchas salidas, hubo un navío en el que embarcaron, en Garachico y con rumbo a La Guaira, “más de 400 personas”. Empiezan a vaciarse zonas como Santa Cruz, El Sauzal, el Valle de Guerra y hasta se alerta de la necesidad de bajar hasta 100 guardias desde La Laguna para proteger la actual capital. Solo entre 1683 y 1684, por ejemplo, Garachico pasó de 4.819 habitantes (cifra muy similar a la actual) a 2.992.


Según comenta Hernández a DIARIO DE AVISOS, “cualquier momento es bueno para analizar esta emigración a Venezuela ya que se suele pensar que comienza en los años 50 del siglo XX, pero, en realidad, la historia de Canarias empieza también con estas salidas, sobre todo, a ese país y Cuba, y con mucha menos intensidad a Uruguay, Puerto Rico o República Dominicana porque no tuvieron ni el carácter masivo ni la repercusión histórica, social y cultural”.


Por mucho que la ha estudiado, eso sí, el catedrático admite que resulta imposible ponerle números globales a esta emigración hacia América y su regreso (sobre todo por su carácter ilegal y de descontrol), aunque sí da cifras de ciertos periodos. Además, desmiente que fuese fácil hacerse rico en Venezuela. “Muchos trabajaban como burros y vivían juntos o en malas condiciones, lo mismo que pasa hoy con los migrantes africanos al llegar. Eso sí, al cobrarse más allá, podían ahorrar y luego venir e invertir aquí”. Entre otros muchos, destaca al Marqués del Toro (natural de Teror), quien logró una de las mayores fortunas como terrateniente (por el cacao), dedicándose primero al comercio (tuvo 3 barcos) y consiguiendo que uno de sus hijos fuera el primer magistrado de Venezuela tras estudiar en Salamanca.
En su mayoría, se asientan en el interior por el gran peso de la agricultura y, aunque en mucho menor número, también emigró gente formada que acaba estudiando en las universidades, “sobre todo entre exiliados, como el padre de Elfidio Alonso, su hermana María Rosa o el catedrático de Química Antonio Morales. Incluso, en el XVII y XVII, muchos canarios estudiaron medicina allá porque aquí aún no había universidades y les era más barato y, encima, tenían familia”. Asimismo, Hernández ha estudiado la emigración femenina de mujeres que cruzaban el charco solas, “fenómeno vinculado sobre todo a la prostitución aunque otras iban a buscar a familiares (muchos maridos se casaban clandestinamente o vivían amancebados)”, con lo que no solo se daba un perfil varonil y familiar.


El cenit de la emigración se da en la primera década del XIX, en el contexto de las guerras por la independencia. A diferencia de los viajes a Uruguay, “con travesías mucho más largas y, de hecho, Álvarez Rixo constató que lanzaroteños comieron carne humana, hacia El Caribe la gran ventaja son los Alisios”, explica. La lucha por la independencia hizo que Venezuela perdiera un tercio de su población y, por tanto, necesita gente para recuperar la economía (que no paró de crecer hasta el conflicto) porque la esclavitud está en decadencia. Eso sí, y según matiza, “al principio eran con contratos de empresas que hacían negocios con el Estado venezolano (creado en 1830). Un decreto regulariza la llegada de canarios, pero hay explotación, trabajaban de sol a sol, casi como esclavos, y, de hecho, muchos se fugan y les llaman cimarrones”.

FENÓMENO CAMBIANTE


Tras estos impulsos, la isla con más canarios allá en proporción fue El Hierro, seguida de Tenerife (con gran peso inicial de la Isla Baja) y Gran Canaria, aunque siempre fue un fenómeno cambiante dependiente de las épocas. En el siglo XX, el primer experimento democrático, con Rómulo Gallegos (9 meses en 1948), impulsa la emigración (tuvo relaciones diplomáticas con la II República, pero no con el franquismo), si bien luego se corta en seco con la dictadura de Pérez Jiménez (1952-58). “Al principio, Jiménez considera a los canarios comunistas y los encierra (mueren 8), pero acaba viéndose desbordado. Sigue llegando gente que, de por sí, necesitan y, por eso, se legaliza la emigración en 1952 (la ilegal costaba unas 6.000 pesetas en 1951, cifra similar al pasaje legal pero sin el engorroso papeleo)”.


Comienzan las llegadas masivas, siempre en barco porque el avión “siguió muy caro incluso en los 80. Además, Rómulo Betancourt (1945 al 48 y, ya constitucional, del 59 al 64) vuelve a fomentar la familiar”. Del 46 al 66, salieron del puerto de Santa Cruz 98.876 personas y 9.746 del de Las Palmas, mientras que, del 62 al 82, las salidas desde la provincia occidental fueron 11.850 y 617 de la otra.


En cuanto al retorno, el previo a 1983 se caracterizaba por personas con éxito que volvían con dinero (los famosos indianos, en el caso de Cuba). “No fueron muchos, pero, desde el 83, y por el hundimiento de la moneda (aunque es algo ridículo respecto a lo de hoy), se para la emigración, aparte de que ya había comenzado el desarrollo en las Islas, sobre todo en el sur, lo que contrastó con la crisis de 1973, que siguió fomentando la marcha a Venezuela”.


El “Caracazo” de 1989 acelera la vuelta, pero todo se agudiza con Chávez y, sobre todo, con Maduro. “Con Chávez, al principio, los retornos se paran porque fueron los años más boyantes del precio del petróleo y aún no se habían desmantelado muchas estructuras. Pero esto cambia y, con el hundimiento del petróleo, el descenso de la producción, la erosión y saqueo de las estructuras y una crisis general. Los datos de retorno son brutales y se agravan más con Maduro”.


En su opinión, “y salvo que se pare el desmantelamiento del país, tal y como ha pasado en Cuba, que sigue anquilosada desde hace 60 años sin inversiones y con más de 50 centrales azucareras cerradas, la situación irá a peor en Venezuela. Si no hay cambios y algunos retornados se planteen volver, la cosa empeorará. Es más, han venido más hijos de canarios que sus propios padres, pues tienen miedo a perder todo allá”.

CRÍTICAS A MADURO


Hernández, que nunca ha escondido su visión de izquierdas, se muestra muy crítico con Chávez y Maduro. “Su problema es que saben que no tienen apoyos y, de hecho, han perdido a un sector grande del chavismo. Como Cuba, es claramente una dictadura y, por eso, han anulado las elecciones de la oposición porque saben que perderán. Eso no ocurría antes, aunque Chávez perdió un referéndum. Es algo de locos lo del TSJ, demuestra la descomposición total del país. Todas las encuestas dicen que el 80% está contra Maduro, han perdido los barrios populares, las refinerías las han destrozado, las centrales eléctricas no funcionan ni al 10%; los militares gestionan de forma horrible las minas de oro y cobran del narcotráfico; los hoteles tienen precios disparatados para ellos (70 euros al mes, 3 veces más que el sueldo medio), los de fuera no tienen derecho a pensiones… La gente ya no lo soporta, muchos ganan 9 euros al mes… Si se dan elecciones limpias, hay vuelco seguro”.
Según subraya, “los únicos medios de comunicación se dan en internet, red que, encima, está muy mal y, como la luz, se va a cada momento. Es increíble que, en un país rico en petróleo, con las mayores reservas de gas del mundo y otras materias primas, paguen clandestinamente por una bombona de gas: es alucinante. Son locos y hasta burros: con lo de Oriente Próximo, Maduro ha dicho que Jesús fue palestino, no judío, y que lo asesinó el imperio español. En fin”.

“Que la canaria fue diferente a la migracion de hoy africana es un tópico falso”

Para Hernández, eso que se dice en algunos sectores de que la emigración canaria a América “fue diferente a la actual desde África es un tópico falso. En realidad, lo que se da es un problema de trabajo. En la hostelería, la mayoría que trabaja hoy en Canarias y otros sitios son emigrantes de América. A los de aquí les cuesta más trabajar en eso. El gran paralelismo de las migraciones siempre ha sido la supervivencia”.


A su juicio, el repunte ahora se debe, sobre todo, a la situación en Senegal, pendiente de elecciones en 2024. “Pero, en su mayoría, los senegaleses usan Canarias como puente porque hablan francés y tienen a familiares o amigos ahí o en otras zonas de Europa”. El profesor cree que esto irá a más, pero, a diferencia de otros analistas, niega que Europa sea o se convierta en un castillo inexpugnable. “No se puede decir que Francia o Inglaterra lo sean porque están llenas de migrantes, pero no de ahora, desde la I Guerra Mundial y llegados de África, China o Paquistán para hacer grandes obras mientras los ingleses y franceses estaban en el frente. Si hasta ha habido alcaldes conservadores de la India… Curiosamente, donde más problemas hay de integración es en el Este: la Alemania de la RDA, Polonia, Hungría… El problema de África es cómo llegaron las independencias. Unas etnias mandan sobre otras, como pasó en Ruanda y la matanza del 94. Los militares siguen en el poder, no se desarrollaron capas sociales medias y el 90% son dictaduras, como hoy Senegal”.

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