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Sarah McCoy: “El arte lo sientes en la sangre, se muestra en carne y hueso”

La cantante, pianista y compositora estadounidense cierra hoy sábado con un concierto el Otoño Cultural CajaCanarias 2023
La cantante Sarah McCoy presenta esta noche en Tenerife en concierto su segundo trabajo discográfico, 'High Priestess'. / DA

El arte tiene muchas maneras de manifestarse. En Sarah McCoy (Pine Plains, Nueva York, Estados Unidos, 1985) lo hizo a través de la música. La cantante, pianista y compositora estadounidense protagoniza esta noche de sábado (20.00 horas) la clausura del Otoño Cultural de CajaCanarias 2023 en el espacio de la fundación en Santa Cruz de Tenerife. La energía y la sensibilidad que transmite McCoy, sola ante el piano o arropada por su banda, quizás tiene que ver con esa mezcla de sensaciones que nos llevan al pasado que nos habla a través de tantos y tantos artistas de talento y creatividad innegociables -esos y esas que hoy consideramos clásicos-, pero a la vez nos presenta un panorama sonoro renovado, de estreno. Como si describiese el mundo, con el itinerario más o menos extenso de penas y dichas que nos propone a todos, por primera vez.

McCoy se encuentra presentando en directo su segundo disco, High Priestess. Un álbum en el que profundiza en los sonidos que le son afines, muy propios del jazz y del blues, que mostró en 2019 en su primer álbum, Blood Siren. Sin embargo, también marca una distancia o, si se prefiere, un rumbo algo diferente, al ilustrar su propuesta con sonidos, según se describen en su sitio web, “modernos, electrónicos e incluso futuristas”. En todo caso, quien se anime hoy a ir al concierto en la capital tinerfeña será testigo de un fascinante recorrido, hecho música, por la alegría y por la tristeza.

-Nueva York, Charleston, California, Nueva Orleans, París… ¿Cómo describiría el viaje musical, y también personal, que ha emprendido?
“La evolución de mi música está directamente influenciada por donde me encuentro en mi vida personal en cada ocasión. Líricamente, siempre estoy influenciada por lo que tengo ante mis ojos, tanto física como emocionalmente. Por supuesto, está lo que se halla en las proximidades auditivas de mi vida y todo eso. Nueva Orleans ha sido probablemente el lugar más rico para experimentar el sonido en el que jamás haya vivido. Vuelvo a escuchar donde solía estar y me digo: ¡oh, eso es realmente… la que era yo en aquel entonces!”.

“En mis conciertos muestro cómo suena existir entre la alegría y la tristeza, y eso puede sonar amable o espeluznante”

-Si uno consulta su biografía, parece que la música ha estado en su vida desde un principio. ¿Qué le aporta como medio de expresión artística?
“Mi biografía se convirtió en un mito a través de demasiadas traducciones [ríe]. En realidad, la música no formó una parte relevante de mi educación. Discos compactos, casetes, vinilos, conciertos… Mi familia no podía permitírselos. Tengo vagos recuerdos de la música. Era tan joven que las palabras para describir cómo me sentía aún no estaban disponibles, así que solo recuerdo lo que sentía en mi cuerpo. Creo que he estado persiguiendo esa sensación a partir de la primera experiencia en la que la música me puso la carne de gallina. Me encanta hacer música que le provoque eso a otras personas, algo que llega a mí desde un pasado muy lejano”.

-¿Recuerda sus primeras composiciones? ¿A qué le cantaba en esos inicios?
“Como estudiante de piano, escribía sobre todo material instrumental clásico moderno, porque recibía una formación clásica. Desafortunadamente, muchas de mis primeras composiciones que incluían letra se me han olvidado. Había menos tecnología disponible para grabarlas en aquel entonces. Como viajaba mucho, lo que hacía tenía más bien un brillo folclórico. Muchas veces las letras eran ingenuas, si no románticas, sobre todo eso que tiene que ver con ser malcriado y joven. Una cosa que aún permanece en mis composiciones, que está muy presente a lo largo de cada etapa de esta evolución, es acerca del dolor que produce dejar de ser quien alguna vez fuiste”.

-La ciudad de Nueva Orleans es reconocida, entre otras muchas cosas, como la cuna del ‘jazz’, pero quizás sea mejor hablar de un lugar en el que se mezclaron los sonidos negros y la tradición musical anglosajona. ¿Qué busca Sarah McCoy en la música afroamericana?
“Las raíces que definen la música estadounidense provienen de las comunidades negras. Considero que es mi responsabilidad reconocer y respetar esa historia. La mayoría de los géneros musicales que amamos fueron creados por músicos negros increíblemente talentosos y valientes, que estaban luchando simultáneamente contra la opresión, la violencia y la segregación. La música fue, y sigue siéndolo, una parte vital para unir a estas comunidades negras en espíritu, en medio de la depravación sistémica de sus derechos humanos. Esta historia exige visibilidad y respeto, especialmente porque persiste la opresión contra las comunidades negras”.

-¿Qué supuso para su carrera el encuentro, hace seis años, con el pianista Chilly Gonzales?
“Recuerdo muy bien esa noche. Mi amiga Alyssa y yo estábamos como locas detrás del escenario, cubiertas con pintura corporal plateada y dorada. Nunca me hubiera imaginado el gran cambio que esa noche supondría para mí y para mi carrera musical. Chilly Gonzales ha sido un encuentro precioso en mi vida. En cuanto a lo que significa componer para un escenario versus un álbum, sobre cómo usar elementos instrumentales adicionales sin llegar a resultar agobiantes, acerca de cómo ocupar espacio en un escenario sin por ello perder el control del momento… Estas fueron solo algunas de las cuestiones importantes que muy generosamente me ha brindado Chilly Gonzales: ha sido una gran orientación para conducir mi carrera musical. La sabiduría que él me ha aportado, con respecto a las giras, a la composición y a la grabación, es infinita”.

“La mayoría de los géneros musicales que amamos fueron creados por músicos negros talentosos y valientes, que estaban luchando simultáneamente contra la opresión”

-¿Dónde encuentra la inspiración? ¿Qué historias le gusta relatar con su música?
“La inspiración también es infinita. Vivimos en un mundo que cuenta con imágenes maravillosas y realidades insondablemente aplastantes. Hoy en día, intento yuxtaponer esas cosas en mis composiciones. Hablar sobre esa experiencia humana e interrogarla. Mis espectáculos también se parecen mucho a esto. Me río mientras toco música que a menudo resulta dolorosa”.

-El ‘jazz’ fue música popular y hoy es sinónimo de libertad musical. ¿Es esa idea de libertad la que ha motivado el deseo de explorar nuevos territorios en su segundo álbum, ‘High Priestess’, con respecto a ‘Blood siren?
“Nunca me he considerado del todo una artista de jazz, y tampoco he sentido exactamente esa marca específica de libertad que tiene asociada esta música, en el sentido de que hay una presencia impresionante de la improvisación en la teoría musical del jazz. Entonces, la respuesta corta sería no, en absoluto. Cuando me planteé este nuevo disco, High Priestess, tenía el deseo de crear atmósferas más distintivas, que me permitieran unir melodías, estados de ánimo y poesía… Lo que hizo posible hacerlo, sobre todo, fue contar con una intimidante e infinita plataforma de bancos de sonido entre los que poder elegir tonos, modulaciones y arpegios muy específicos”.

-¿Cómo describiría un concierto suyo? ¿Qué es lo que propone a quien acude a escucharla?
“Lo único que resulta constante cuando me subo a un escenario, ya sea en solitario o con mi banda al completo, es que voy a desencajarme la mandíbula y mi alma saldrá arrastrándose. Se me verá un poco fea, no soy exactamente una belleza cuando canto, y me mostraré bestial al piano. Mis conciertos tratan acerca de lo que significa vivir. Trato de mostrar cómo suena existir entre la alegría y la tristeza, y eso puede sonar a la vez amable y espeluznante. También tiendo a reírme mucho entre canción y canción”.

-Internet ha logrado algo que antes era inconcebible: poner a nuestro alcance prácticamente toda la música del mundo. Pero también es posible que, por eso mismo, corramos el riesgo de valorarla menos. ¿Qué opina usted? ¿Cómo es su relación con este universo digital?
“No creo que el problema se encuentre en la cantidad de música, de arte, etcétera que tenemos a nuestro alcance. Eso es una bendición. El problema es cómo se devalúa la manera en la que encontramos, participamos y consumimos medios digitales. Nuestro comportamiento e incluso nuestro lenguaje. Por supuesto, existe un claro beneficio desde una perspectiva empresarial en tener ese acceso global, porque es un sistema de pago y también un sistema que se beneficia de las adicciones desenfrenadas que tenemos con nuestros teléfonos y con nuestras cámaras. Me preocupan las personas que exponen su arte con la intención de compartir el amor con el que fue creado, pero sin comprender del todo que hay un hacha capitalista helada que les va a amputar ese arte. Mi relación personal con todo esto es, en definitiva, muy básica, si no mínima. Me critican mucho por ello… y ha ido en mi detrimento en cierto sentido. Tal vez podría tener más seguidores si creara más contenido… Pero eso no me importa. Tengo dos discos de los que estoy orgullosa. Si alguien quiere una prueba de lo que hago, debe buscarla en mis presentaciones en vivo. Así ha sido siempre. El verdadero arte, en la mayoría de los casos, se halla cuando se revela en carne y hueso y lo sientes en tu sangre. Eso nunca le ha fallado a mi corazón al buscar o al hacer arte”.

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