Tiene las cosas claras, temple para moderar debates, formación como geógrafa experta en género, se expresa muy bien y, encima, a su condición de migrante le añade la de mujer en una Europa en la que esa combinación dificulta las cosas. Pero es que, encima, Adama Sophie sabe lo que es no tener restricciones para viajar por el mundo como francesa y toparse justamente con lo contrario como senegalesa. Su testimonio vale más, por tanto, en este planeta tan cínico.
-¿Cuándo llega a Canarias?
“Hace un año, en avión, sin motivo concreto que justificara mi viaje, sino interés personal y curiosidad. Soy franco-senegalesa y, como francesa, tengo derecho y libertad para ser curiosa y migrar sin justificarme, pero no como senegalesa”.
-¿Ha notado mucho racismo?
“No. De los sitios de Europa donde he vivido, Canarias es, sin duda, donde menos lo noto. Pero sé que hay racismo y, particularmente, institucional. Es algo universal, solo que hay países con poblaciones más abiertas y progresistas, como España y Canarias en particular”.
-¿Va a más o depende de si hay repunte migratorio o no?
“Sí ha ido a más, pero no directamente por los repuntes. Crece por los discursos de odio de políticos, el lenguaje de los medios y las políticas discriminatorias que se intensifican con repuntes. Se añade la manipulación de las cifras para exagerar la situación y presentarla como un caos o algo incontrolable sin ser así. Esto hace que la/os migrantes (extracomunitaria/os) se perciban como amenaza y eso incrementa el racismo”.
-Siempre se habla de motivos económicos o políticos, pero se orilla la situación de la mujer, los matrimonios forzados, la ablación, la persecución de la homosexualidad… ¿Es más difícil migrar para estos colectivos?
“Ante todo, por ser mujer. Luego, por tener que huir por estos motivos, que son parte de las tradiciones y creencias y, por tanto, difíciles de cambiar. Es más difícil entender que alguien emigre por rechazar las antiguas costumbres o ideas conservadoras de su comunidad que por motivos económicos”.
-Y, ya aquí, ¿la mujer migrante lo pasa aún peor?
“Sí. Se convierten en supervivientes del machismo y el racismo. Tienen que procesar los traumas de las violencias sexuales (entre otras) que han sufrido en el camino, enfrentarse de nuevo a violencias de género y a los estereotipos sexualizados que existen sobre ellas en Europa y que descubren. A nivel institucional, deben superar los numerosos obstáculos burocráticos. Al ser más vulnerables que los hombres, no se exponen tanto, no se arriesgan a salir adelante y quedan más invisibles y marginadas. Su integración es más difícil: el infierno sigue para ellas en Europa”.
-Hay pacto migratorio en la UE (aún no se sabía la atrocidad de los 20.000 euros por persona para evitar su acogida): ¿optimista o todo lo contrario?
“Todo lo contrario. Las migraciones no pararán y tampoco tienen por qué. Siempre han sido parte de la humanidad; de un sistema global que implica diferentes territorios, poblaciones, actores y estados. Para que no sean tratadas como un problema, hace falta un trabajo en conjunto entre esos componentes mediante la cooperación entre los estados de origen y destino, políticas migratorias inclusivas, no discriminatorias y legales, la mejora de las condiciones en los países de origen y estrategias de inclusión social en los destinos, entre otras cosas. Pero no creando acuerdos siempre más restrictivos. Las migraciones no se pueden frenar. Si no aceptamos esto, seguiremos creando odio, frustración y fracturas sociales. Estas políticas no frenarán los flujos, sino que generarán una adaptación al nuevo contexto con nuevas estrategias y rutas… Los flujos siempre se adaptan al cambio”.
-¿Ha creado la UE un muro y solo lo quiere más fuerte?
“Sí, para los que vienen de ciertos lugares. Los de África o Latinoamérica tienen que justificarlo y hacer valer sus habilidades intelectuales o profesionales para poder entrar. ¿Hablamos de los flujos desde Europa a África o América Latina, cuyo principal motivo es vivir en condiciones climáticas agradables? Es una realidad y se entiende perfectamente. Pero, ¿cómo explicar que otra parte de la población deba justificar sí o sí su movilidad y hacerse valer por un visado?”.
-¿Por qué les cuesta tanto convencer a los africanos de que el sueño europeo es irreal?
“Es verdad que los migrantes en Europa no transmiten la dura realidad a sus familiares en origen, por lo que no pueden imaginarse esta desilusión. Pero la desilusión no es solo el resultado de una diferencia entre la percepción de los africanos y lo que es, objetivamente, Europa. La desilusión viene del trato que reciben por haber llegado por vías ilegales. Las condiciones en Europa no son malas. Llegan a serlas para ellos por ser ilegales, tratados como mercancías y no respetados como personas. Es un sueño irreal por enfrentarse a la vulneración de su dignidad como humanos, pero no por inventarse o imaginarse un mundo idílico que no existe”.
-¿Con visados se evitaría la migración por mar?
“Por supuesto. Uno no elige de manera libre emprender un viaje de meses o años, subirse en un cayuco, pagar miles de euros, ser explotado de todas las maneras, aguantar la muerte de compañeros en el viaje y ser humillado cuando podría gastar menos con un avión y llegar con su dignidad humana y en pocas horas. Se hace por no tener visado y estar desesperado”.
-¿Cómo se cura el racismo?
“Ojalá hubiera una receta mágica. Con educación, políticas de igualdad y, sobre todo, los medios, dado el poder y peligro de las redes sociales y fake news”.




