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“Se come mejor que nunca por seguridad alimentaria, pero los hábitos son claves”

El profesor de la ULL Víctor García Tagua dirigió esta semana un curso en la Universidad de Arona con el que se intentó “romper bulos” sobre manipulación genética y advirtió sobre la excesiva dependencia alimentaria externa

Desde hace tiempo se ha extendido que se come muy mal en Occidente por el ritmo de vida, el estrés, las facilidades de la comida preelaborada y las exigencias laborales y familiares, y, sin embargo, esta máxima tiene muchas lecturas. Resulta innegable que se da, pero choca con el aplastante contraste de que “tenemos a nuestros alcance la mejor comida de la historia por la seguridad alimentaria”, al menos en los países prósperos.
Eso es, al menos, lo que sostiene el profesor de Medicina y Salud Pública de la Facultad de Ciencias de la Salud de la ULL Víctor García Tagua, quien dirigió desde el pasado martes y hasta ayer un curso en la Universidad de Arona titulado de forma llamativa, provocativa pero justificada Alimentación y salud. ¿Comemos mejor que nunca?
La respuesta de García es clara: sí, aunque, por supuesto, con muchos matices, “pues los hábitos son claves”, depende de las decisiones y opciones de cada cual. Según remarca, “comemos mejor porque la seguridad alimentaria no es la de hace años. Los alimentos tienen más calidad, menos contaminantes, están más regulados y pasan controles exhaustivos, aunque es verdad que nuestra tendencia de consumo ha degenerado, pues antes seguíamos una dieta mucho más sana a la que dedicábamos más tiempo para cocinar alimentos frescos. Impera mucho lo ultraprocesado, lo que compramos en el supermercado y simplemente debemos dejar que se haga solo”.
De ahí que la contradicción sea evidente: “La opción de comer mejor que nunca existe, pero otra cosa son las elecciones. Los productos están más desarrollados, tienen mayor valor nutricional, sobre todo las frutas y verduras. Todos los alimentos frescos son mejores, aunque tiramos demasiado de ultraprocesados al no saber cocinar ni dedicarle tiempo. Vamos a lo fácil. Por ejemplo, muchos optan por un plato preparado de paella por tres euros metiéndolo en el microondas a estar una hora en la cocina”.
García defiende a ultranza los alimentos mejorados genéticamente y censura los “muchos bulos existentes. Con estos cursos intentamos derribar esas mentiras y mitos sobre los organismos cambiados, los alimentos funcionales, como la leche enriquecida, los probióticos, las bacterias de nuestro intestinos y cómo pueden hacer que se desarrollen enfermedades con mayor rapidez… Se descubren muchas cosas y tratamos de dar consejos para que la gente compre con algo de base científica y no dependa todo, de la publicidad”.
Censura que muchos alimentos se presenten hoy por fuera como perfectos, pero no sepan casi a nada. “Hay cultivos, como las papas, que se venden en los supermercados con una única, dos o tres variedades mayoritarias, cuando en Canarias tenemos múltiples tipos, que sí están en comercios locales o con los agricultores. Por eso es tan importante que la gente conozca el comercio local que, además, repercute en la sostenibilidad y el bolsillo, ya que el encarecimiento que hay y que perjudica a los agricultores es por los intermediarios”.
Por eso, aboga “por el comercio directo con los productores y los alimentos frescos, por evitar los transportes y ayudar al medio. Canarias debe plantearse una política de soberanía alimentaria que cambie el modelo. Debemos dejar las importaciones un poco de lado y que no ocurra lo de gran parte del pescado de aquí, que se manda fuera y vuelve importado lo que no sirve o, al no tener conserveras, los túnidos regresan en latas. Deberíamos evitar esa huella de carbono creando trabajo local y revalorizando la producción isleña”.
En su opinión, Canarias debe adecuar los cultivos a la climatología actual, “no abusar del regadío en ciertas zonas porque se agotan los acuíferos. “Yo sentaría a agricultores, ganaderos, pescadores… para ver las necesidades y posibilidades. Está claro que no produciremos toda la comida necesaria porque la población sigue creciendo y no hay territorio suficiente, pero sí cubriríamos una parte”, indica.
Según señala, el cambio climático y la crisis hídrica repercutirán en la producción y “subirán los precios, por lo que urgen medidas porque no podemos con eso cuando, encima, somos de las regiones más pobres”.

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