conversaciones en los limoneros

Facundo Fierro: “Flandes está vivo en Canarias, de ahí mi exposición”

El primer dibujo que Facundo Fierro (Las Palmas, 1938) pintó fue el de un toro

El primer dibujo que Facundo Fierro (Las Palmas, 1938) pintó fue el de un toro. Puede que por afición taurina, que la tiene, y mucha, puede que porque un hermano suyo fue torero y crítico. El covid casi noquea a mi amigo, pero lo fue venciendo. Llegó a pintar con una bombona de oxígeno al lado, pero un día se cabreó de tanto oxígeno y de tanto hospital y la desconectó. Superó el lance con sobresaliente. Vive de y para la pintura, no acepta el mecenazgo, es un acuarelista acreditado mundialmente, pero lo que pinta ahora son acrílicos. La ciudad de Niza –su segunda casa, la primera es Madrid— lo distinguió con su medalla de honor y en esa urbe de la Riviera francesa existe un mural de Facundo Fierro que quita el hipo. Facundo dice que él es “un chicharrero de la Rambla de Pulido, nacido en la calle Triana de Las Palmas y con familia paterna de tradición palmera”, así que la mezcla no puede ser más interesante. Pintor, escultor –y también grabador–, se ha caracterizado siempre por defender los valores naturales y culturales, pero curiosamente no lo han incluido en los “libros negros” del Gobierno de Canarias sobre los mejores artistas isleños. A él le importa un pito, pero a mí no. Estamos sentados en Los Limoneros, nosotros dos y la esposa de Facundo, Rosi, que en varias ocasiones ha sido su modelo. Añado: Espectacular. Al día siguiente de la entrevista se fueron disparados a Madrid porque a Facundo le entró el mono por no pintar y dejaron por unos días la exposición “Al flujo del Alisio: la ruta del Flamenco. Flandes en Canarias”, abierta en la Casa de Lercaro de La Laguna desde el 15 de marzo y hasta el 24 de mayo. No se la pierdan.

-¿Cómo llega el arte flamenco a Canarias?
“Pues al flujo del alisio, como todo lo que ha enriquecido nuestro patrimonio, nuestra historia, nuestra genética y la riqueza de nuestra flora”.
-Es verdad, sin ese viento no hubiésemos sido nada ni nadie.
“De no ser por el alisio, si alguien no hubiera sido arrastrado por él hasta nuestras islas, miles de años atrás, no hubiésemos formado parte de la mitología griega, como ese paraíso más allá de las Columnas de Hércules. El alisio, en los siglos XV y XVI sitúa a Canarias en la ruta más importante entre Europa y el Nuevo Mundo, partiendo desde Amberes, Sevilla… y es entonces cuando se establece una relación comercial entre Flandes y Canarias”.
-Y ese arte anida todavía en conventos y ermitas.
“En efecto, el recién llegado arte flamenco quiere demostrar su fe católica, no protestante, aportando pintura religiosa en conventos y ermitas, lo que significa hoy un importante patrimonio internacional”.
-¿Qué pretendes demostrar con tu exposición, que es magnífica, sobre Flandes en Canarias?
“Precisamente eso. Hacer una llamada para invitar a mirar en nuestras casas antiguas, casas con historia. Hurgar en nuestro pasado para descubrir la huella de esa relación con Flandes que llevamos en nuestros genes, junto a tantas otras influencias que nos enriquecen y caracterizan”.
-Facundo, voy a decir lo que pienso. Algunos de tus compañeros llevan muy mal que tú seas uno de los pintores canarios que más obra venden”.
“¿Ah, sí? Pues no lo sabía. Bueno, puede entonces que ese haya sido el motivo de haber recibido algún ataque, a veces muy duro. Pero ya sabes cómo es la condición humana. A mí, la verdad, todo eso me importa un pito. Tampoco cuando pinto soy capaz de considerar la obra realizada bajo un patrón económico. Son otros los que tienen que valorarla. Pero sí te diré que la pintura es para mí un modo de vivir, de respirar”.
(Facundo Fierro nunca pierde su relación con Canarias, entre otras cosas porque aquí vive su familia, que aún conserva la casa de sus padres en Santa Cruz. La tienen un poco como depósito. Se le ve feliz en su tierra, pero aún no han encontrado Rosi y él su Sangri-La, un pequeño paraíso para convertirlo en residencia permanente. Les digo que busquen por el norte, donde existen parajes que parecen medievales, llenos de encanto y de ruinas para restaurar. Y les señalo un lugar: San Juan de la Rambla. He visto allí edificios maravillosos, dignos de recuperar su vida).
-¿Cómo surgió esa conexión tan especial con la ciudad de Niza?
“Pues mira, en el año 1990 se hermanaron Tenerife y Niza por el Carnaval. Y monté una exposición, Carnaval Tenerife-Nice. A partir de entonces compartí muestras y actividades en el tiempo en que viví allí, en Niza, en Montecarlo, en Cannes. Esa zona posee una conexión especial con el arte español y me sentí muy identificado con ella. En Marsella fui homenajeado por la Agrupación de Acuarelistas LACAPS y en Niza, como pintor nicoise, me concedieron la Medalla de la Ciudad”.
-¿Por qué hay en tu muestra flamenca personajes sin rostro?
“Intento buscar un rostro imaginario en el que identificar al personaje que arribó a Canarias allá por el siglo XVI, utilizando un cuadro de la época al que le desposeo de su cara”.
-¿Y eso?
“Todo comenzó buscando huellas en los muros de una antigua casona construida por ese personaje y ahí encuentro la justificación para mostrar este experimento o vivencia, incluso divertimento, como quiera interpretarse, que me ha permitido fabular y argumentar la historia que muestro”.
-O sea, que no sólo es una exposición de pintura la que está abierta en la casa de Lercaro.
“No, no lo es. En mi búsqueda de un rostro he hecho de intérprete y modelo, introduciéndome luego en la obra de destacados pintores de aquellas épocas para dialogar con ellos y versionar con sus pinceladas las diferentes etapas del personaje: Frans Hals, Holbein, Vermeer, Ter Borcht e incluso Tiziano, relacionado con el emperador Carlos de Austria”.
-Quizá trates, consciente o inconscientemente, de renovar el vínculo de Canarias con Flandes, que viene desde hace 500 años.
“Cuando comenzó esta exposición, en 2015 –la actual del Museo de la Historia de La laguna es la cuarta estación— esa era la intención. Hoy en día hay asociaciones e instituciones involucradas en ello, lo cual me parece muy importante. Canarias se merece un museo del arte flamenco, es decir, Flandes en Canarias. Es un vínculo que sigue vivo y existen huellas a ambos lados del océano. De hecho, esta exposición se encuentra haciendo un recorrido itinerante, a la inversa del que hicieron entonces, de Canarias a Flandes, terminando en Brujas, que tendrá, o así lo espero, la colaboración de las embajadas de Bélgica en Madrid y de España en Bruselas”.
-Hablo ahora en general, Facundo. ¿Vive la pintura un gran momento?
“No, nos hallamos en un momento bastante incierto”.
-Eso es lo que yo creo y también me lo transmite mucha gente del mundo del arte.
“Mira, el móvil, la imagen virtual y las infinitas posibilidades que se nos brindan día a día para la creatividad son capaces de dejar al pincel y a la paleta en una situación lejana. Posiblemente, si Leonardo viviera no los utilizaría. Por otro lado, el mundo del negocio, de la inversión, capitaneado por las organizaciones de marchantes, dan un carácter muy discutible y poco fiable al coleccionismo, que en mi opinión no beneficia al mundo del arte”.
-Y por eso te aferras al pincel.
“Claro, yo me siento cada vez más aferrado a él como medio de expresión. Y tampoco tengo ningún complejo por ser realista y no abstracto. Porque aquí, desde Westerdahl, sólo se ha considerado vanguardista el arte abstracto. Y eso no es cierto. Yo mismo, cada día que me enfrento a un lienzo en blanco, con una nueva idea o intención, me invento un nuevo modo de pintar. ¿Es que eso no es vanguardia? Precisamente en esta exposición me inventé un modo de interpretar la pintura flamenca –siendo los flamencos quienes aportaron al mundo en los siglos XV y XVI la pintura al óleo—utilizando pintura acrílica y aplicando el color de un modo radicalmente opuesto a la mezcla, en la paleta, del óleo”.
-Te diviertes entonces con todo eso, ¿o no?
“Sí, ha sido como un divertimento, pero también ha sido un diálogo con Frans Hals, con Holbein y con Vermeer, ese maestro de la luz interior”.
-¿Hasta qué punto sufres cuando no pintas?
“Es que, como ya te dije, para mí pintar es vivir y sufro cuando veo pasar una semana y otra alejado de mis pinceles. No puedo, es superior a mis fuerzas. De ahí este viaje a Madrid, incluso con la exposición abierta, para seguir trabajando en mi estudio. Tengo la edad que tengo y no puedo dejarlo, es como un veneno”.
-Facundo, has cumplido 85 años. A esa edad muchos no tienen proyectos en el mundo del arte. Tú sí.
“Cuando pinto no tengo edad”.
-Mira, es una buena razón.
“A veces, cuando suelto el pincel para ir al baño y me veo el rostro, me sorprendo”.
-¿Por qué? Se te ve muy bien.
“Es que tengo proyectos para el 2025 y para el 2026 y estoy trabajando en ellos. En dos mundos y en dos planeamientos diferentes pero, como siempre, relacionado con mis islas”.
-Claro, sigues siendo un canario de pura cepa, a pesar de las largas ausencias.
“Aunque lleve casi cincuenta años viviendo fuera soy un isleño y, como tal, llevo a mi isla conmigo. Allá donde vaya. Y siempre, y he dicho siempre, la interpreto en mi obra, sea en la temática que sea”.
-¿Y puedo saber en qué trabajas ahora?
“No mucho, a medias te lo contaré”.
-Adelante.
“En uno de los temas en los que estoy trabajando ahora interpreto la isla desde la mitología a la historia, desde el isleño a su isla, y la reflejo en lienzos, instalaciones y escultura”.
-Me dejas intrigado.
“Es que no puedo contar demasiado, por razones de estrategia. Espero presentar esa obra aquí porque últimamente siento, y cada día más, la necesidad de recuperar mis tiempos en Tenerife, compartiendo mis vivencias día a día, respirando nuestro aire, nuestro aroma y nuestras luces”.
(No puedo reproducir el currículo de Facundo, como me ocurre con casi todos mis personajes de entrevista. Pero sí puedo decir que estuvo muy presente en la movida madrileña de la bendita Transición, junto a Aranguren Sorel, Javier Sádaba y algunos contestatarios de calibre diverso. Que el marqués de Lozoya, eminente crítico, calificó a Facundo, en la acuarela, como “pintor universal”. Que en su casa de Pozuelo guarda increíbles recuerdos de su vida. Que expuso en Nueva York, una ciudad que supongo le apasiona. Que su mural se incorporó al museo CUUM de Niza. Que ha inmortalizado a Galdós en un busto. Y que es, sí, un chicharrero de la Rambla de Pulido, nacido en Las Palmas. La definición, como reflejé más arriba, es suya. Facundo Fierro es uno de los artistas canarios más reconocidos, pero, nadie sabe por qué, despierta envidias y raras contradicciones que le impiden estar donde tendría que estar, en esa colección de artistas canarios, los “libros negros” editados por la Cultura oficial. Yo espero que se le haga justicia, aunque a él le importe un pito).
-Venciste a un covid jodido. Otros no pudieron.
“Entraba y salía del hospital, con riesgo de coger cualquier bacteria, hasta que un día dije ¡basta! y no fui más. Me curó la pintura. Seguí pintando y me sentí mejor, pero sí, lo pasé mal. Ya está olvidado, ahora me enfrento a mis propios proyectos. Y gracias a Rosi, que enfermó también pero me cuidó como siempre lo hace. A ella le debo todo en la vida”.
-Bueno, pues es bonito terminar tu entrevista con esta declaración de amor, Facundo.

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