conversaciones en los limoneros

“El artista del siglo XXI es como un hombre orquesta”

Alejandro Tosco de Castro, pintor, escultor, diseñador de joyas y ex presidente del Círculo de Bellas Artes
“El artista del siglo XXI es como un hombre orquesta”

Resultó que, al final de la entrevista, Alejandro Tosco de Castro (Santa Cruz, 1975) era toda una caja de sorpresas. Pintor, escultor, diseñador de joyas, se mueve como pez en el agua en el mundo de las relaciones sociales y es capaz de sacar arte de la espina de un pescado, como ocurrió en un cuadrito que me regaló a mí hace años y que mi hermano menor me birló y, por lo tanto, ya no lo tengo. Acaba de dejar la presidencia del Círculo de Bellas Artes, tiene expuestos murales y esculturas aquí y en otros lugares fuera de España, puede decirse que domina el mundo submarino, quizá porque veranea en La Graciosa y allí los paisajes del fondo del mar son maravillosos. Estudió Náutica pero, que yo sepa, no ha ejercido la carrera y es muy celoso de su intimidad: no le gusta hablar de sí mismo. Tuve que sacarle la entrevista con cuentagotas, por tanto, y este artista tinerfeño tiene obra colgada en Berlín, en Tokio, en París, en La Habana y en otras capitales. Ha expuesto en galerías muy importantes, tanto en muestras individuales como colectivas. Adeje le encargó la Escultura del Amor, que cada día es visitada por cientos de personas. Arona, para no quedarse atrás, le pidió que realizara una escultura dedicada a las 8 Islas Canarias, porque ya saben que ahora son ocho porque al Parlamento de Canarias se le ocurrió colocar a La Graciosa, que no tiene ni municipio, ni cabildo, a la altura de las demás. Me parece bien, a mí ya me parece bien todo. Alejandro Tosco ha dejado huella en el Círculo de Bellas Artes tinerfeño, institución fundada por don Francisco Bonnín, a quien yo observaba cuando pintaba sus acuarelas en los rincones más bellos del Puerto de la Cruz, en la noche de los tiempos. Pero, tras cuatro años, se fue con su equipo. Entró por poquitos votos la candidatura a la que él no se oponía, aunque figuraba en la de Dulce Xerach Pérez como actor secundario. Tras cuatro años pensó que ya estaba bien.

-¿Te vas satisfecho?

“Mi equipo y yo nos vamos muy contentos, porque creemos que lo hemos hecho bien”.

-Muchos socios querían que continuaras.

“Sí, es verdad, pero todo tiene un límite y las personas deben seguir recorriendo sus caminos”.

-¿Se cumplieron todas las expectativas?

“Yo creo que sí. Sobre todo porque conseguimos la financiación, porque pagamos las deudas que encontramos cuando llegamos y ejecutamos las obras de rehabilitación del edificio. También logramos dejar para este año tres acuerdos de dotación para el edificio de casi otro millón de euros”.

-Además, accediste a la presidencia del Círculo en pleno COVID. ¿O me equivoco?

“No exactamente, pero sí once días antes de haberse decretado la pandemia por las autoridades. Cuando todos estaban ocupados con la pandemia, yo me empeñé, con mi junta, en solucionar los asuntos de la sociedad que fundó don Francisco Bonnín. Y lo conseguimos. Había un problema económico muy grande”.

-¿Cuánto paga un socio del Círculo?

“Seis euros al mes”.

-Coño, Alejandro, los vas a arruinar.

“Es uno de los temas pendientes para la nueva directiva, pero es que realmente a los socios no se les ofrece casi nada. Los seis euros, que no son nada, significan puro altruismo”.

-¿Hay gente que te ayudó? ¿Quieres agradecer algo?

“Sí, a mis compañeros de junta, a las autoridades a las que acudimos, a los socios que me ayudaron. A veces era agotador lidiar con personajes de colores políticos tan distintos, pero yo no soy un político, sino un artista. Quizá esto ayudó a conseguirlo. Y también ayudó que el Círculo de Bellas Artes el año próximo cumplirá su centenario y eso aporta mucho prestigio”.

-Y ahora te has ido, cumplido el mandato. ¿Crees en los que entraron?

“Yo espero que hagan bien su trabajo y me consta que entran con ganas. Sólo les pido ilusión, seriedad y trabajo”.

-Hablemos de arte. ¿Por qué se dice que está en crisis en Canarias?

“Yo creo que es porque la cultura ha pasado a un segundo término, por la poca ilusión que se nos genera a los artistas y porque quienes gobiernan, y la propia sociedad, se han olvidado de la propia cultura. Ahí pueden estar las razones”.

-Turismo, sólo turismo.

“Y es importante, porque es de lo que comemos, pero sin olvidar lo demás. Porque el turismo nos ha traído cultura también, nos ha puesto en el mundo y de eso tienen que ser conscientes quienes gobiernan”.

-¿Todavía pueden vivir los artistas de su trabajo?

“Claro que sí. La pintura, por ejemplo, es una disciplina muy dura. Yo digo que los pintores y escultores no es que vivamos del arte sino que sobrevivimos del arte, al menos en Canarias. Pero también espero que los tiempos mejoren”.

-¿Y con qué criterios juzga a los artistas la llamada cultura oficial?

“Esa es una pregunta muy difícil de responder. Yo creo que, muchas veces, con el criterio que se concede a un desconocido; muy tristemente”.

-Seguramente tienes referentes, universales y más cercanos. ¿Quiénes son?

“Sí, es verdad que los tengo, cercanos y lejanos. El maestro belga del siglo XVI, Franz Snyders; los loros y peces de nuestro gran pintor canario Néstor Martín Fernández de la Torre; los que pintaban la noche como lo hacía Van Gogh; el indigenismo de Guayasamín. Como ves, artistas de diversa condición y origen y de estilos tan diferentes”.

(Le pregunto si cree que la madurez llega a un artista en un momento dado y responde: “No, no, la madurez no le llega nunca a un artista, siempre estás estudiando, experimentando y aprendiendo. En el mundo del arte no se puede decir que alguien ha alcanzado la madurez, porque no existe. Todo cambia, todo evoluciona con el tiempo”)

-Eres un artista de estudio. ¿Cuántas horas le dedicas a la pintura y a la escultura?

“Pues no todas las que me gustaría”.

-Explícate, hombre.

“El artista de hoy no está todo el día en su estudio metido y tampoco tiene un mecenas o una galería que le recoja su obra cada trimestre. Los tiempos han cambiado”.

-Tú has definido al artista del siglo XXI como una especie de hombre orquesta.

“Es verdad, es un hombre orquesta, como todos los autónomos de este país. Somos nuestro gerente, nuestro secretario, nuestro relaciones públicas, nuestro director comercial”.

-Y además están las redes, que hay que atender.

“Sí, tenemos que estar en ellas, adaptarnos a los nuevos sistemas de comunicación para que se nos conozca en todas partes; movernos, viajar, transportar la obra, con las dificultades que ello entraña; tratando con las galerías de todo el mundo, diseñando los catálogos con los maquetistas. No tenemos un marchante para nosotros, sino que es el artista quien ha asumido, en parte, ese papel”.

–Vender arte es cada vez más difícil. ¿No crees eso?

“Tienes que estar acreditado en este mundo para conseguirlo. Y también has de perder mucho tiempo fuera del estudio, llevando a cabo cometidos que antes asumían otras personas. Cuando trabajas por encargo, vale, es más fácil porque ya tienes el cliente. Pero cuando eres tú el que ofrece, la operación se hace mucho más difícil”.

-¿Qué prefieres como trabajo de todos los días, la escultura o la pintura?

“Yo antes que otra cosa soy artista plástico. Te diré que me considero más pintor que escultor, pero también que mis esculturas, lo mismo que mis diseños de joyas, gustan mucho. No es que dude, pero la pintura está por encima de todo”.

-¿Y cómo te dio por estudiar Náutica y no Bellas Artes?

“Me lo pregunto hasta yo mismo. Llegó un momento en que pensé en que algo había que hacer. Y hacer arte desde el prisma del autodidacta no está mal tampoco, no todos van a ser artistas academicistas. Hay muchos ejemplos en la historia de grandes pintores y escultores que no acudieron a aprender a las academias. Así ocurrió en mi caso y no me arrepiento de ello para nada”.

-Volvamos al Círculo. Yo creo que le hace falta actividad.

“Sí, a nosotros no nos dio tiempo sino de resolver los problemas que tenía y de rehabilitar el edificio. Tenemos, y casi nadie lo sabe, un auditorio de 150 butacas que está a disposición de la cultura”.

-Hombre, esa labor no hay quien te la cuestione.

“No, no, no se trata de que no se cuestione. Todo el mundo tiene derecho a discrepar. De hecho, muchos de los socios nos pidieron que siguiéramos otro mandato más, pero estábamos ya un poco cansados, lo dimos todo. Ahora ha sido elegida democráticamente una nueva junta yo creo que capacitada para continuar nuestra labor. Y sí, las elecciones fueron muy reñidas”.

(A propósito de una exposición de Alejandro Tosco, el catedrático y crítico de arte Fernando Castro Borrego escribió: “Se trata de una obra abstracta, con fuertes reminiscencias figurativas derivadas de la percepción del mundo subacuático. El elemento simbólico irrumpe con fuerza. Este es el plano simbólico que hallamos en la pintura de Alejandro Tosco. Vemos así cómo la cadena de la tradición pictórica canaria revive en la obra de Alejandro Tosco, al menos en una de las líneas de la misma, la que reflexiona no sólo sobre los paisajes volcánicos del Archipiélago o poéticos, sino también sobre la relación de sus habitantes con el mar que baña sus costas. Me complace saber que los eslabones de esta tradición no están cortados. De esta cadena sólo conocemos uno de sus extremos, el que se halla profundamente enraizado en las imágenes de la Naturaleza universal”).

-Al margen de tu labor como gestor y artista hay otras actividades sociales y hasta diplomáticas de las que prefieres no hablar. Pero me gustaría que dijeras algo de tus comienzos.

“Desde chico me decidí por la creación plástica, pero no sólo eso sino que colaboro como jurado en certámenes artísticos. El Rotary me condecoró con su máxima distinción, la Medalla Paul Harris; soy miembro de honor de la Alianza Francesa. En fin, no me gusta hablar de mí, como te he repetido, porque es verdad. Sí te diré que colaboro desinteresadamente con instituciones de servicio a los demás, como la del Loro Parque y UNICEF y que me siento muy orgulloso de aportar mi granito de arena en ellas”.

-¿Y los proyectos?

“Muchos, de los que te hablaré, ahora que tengo más tiempo, liberado como estoy de las obligaciones como presidente del Círculo, gracias a la llegada de la nueva junta. Parece que no, pero las obligaciones sociales te quitan tiempo y la gestión también. Pero, sinceramente, valió la pena. Realizamos una labor que yo creo que fue fundamental para el futuro del Círculo”.

-Pues que se cumplan y que cundan, amigo.