Cientos de personas han acudido hasta la iglesia de San Juan Degollado, en Arafo, para despedir, primero en el velatorio y después en el funeral, a Nicomedes Carballo Fariña, el último gran pastor de las cumbres de Tenerife, hasta el sábado, el más longevo (88 años) de cuantos pastoreaban rebaños de cabra, aunque después del último gran incendio (15 de agosto) muy cerca de su corral, en Chivisaya, ya las abandonó, aquellas con las que decía hablar todos los días junto a su fiel guardián Moreno, el perro de raza garafiano que bautizó con el sobrenombre que le pusieron a él, por su piel oscura.
Cientos de araferos y tinerfeños en general se dieron cita desde el sábado por la tarde en la sala velatorio de la iglesia de San Juan Degollado y otros tantos acudieron hoy al entierro, tras un corto pero emocionado funeral oficiado otro pastor, este de la iglesia, Simón Herrera, uno de los tantos amigos que deja Nicomedes Carballo en su marcha hacia la cumbre más alta, el Cielo, “para reunirse allí con el gran pastor que nos guía”, relató el párroco palmero que recordó “el don de gente de Nicomedes, con quien siempre era un placer conversar, porque te daba positivismo, cultivando la sabiduría que da la tierra, que el tanto conocía en su interior, abriendo galerías y en las cumbres pastoreando sus cabras”, relató Herrera.
La familia, encabezada por Eva Delgado, su esposa, sus tres hijos, sus cinco nietos y sus tres bisnietos, una de ellas portando la vara de pastoreo de su bisabuelo, recibió el pésame de todo el pueblo, incluidos los regidores municipales de Arafo y Candelaria, Juan Ramón Martín y Mari Brito, antes que el coche fúnebre, con una decena de coronas, se dirigiera muy despacio hacia el cercano cementerio municipal, con un río de gente dando el último adiós a quien ha sido un referente en el sector primario y medioambiental de la isla, pero por encima de todo, un personaje cercano y generoso. Hasta siempre, Nicomedes.








