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Héctor Alterio: “Lo más gratificante es sentir al público; tengo ya 94 años y me espera poco, pero he hecho mucho”

El actor argentino escenifica el 8 de agosto en Puerto de la Cruz 'Una pequeña historia', ilustrada con música y poesía, dentro de la programación del Festival Veranos del Taoro
Héctor Alterio visita Tenerife en agosto. / Jesús García Serrano

La experiencia del exilio. Héctor Alterio (Buenos Aires, 1929) había viajado a España a mediados de los 70 para presentar en el Festival de Cine de San Sebastián La tregua (1974), la película dirigida por Sergio Renán, basada en la novela homónima de Mario Benedetti. Alterio encarnó al protagonista masculino, Martín Santomé. El femenino, el de Laura Avellaneda, lo interpretó Ana María Picchio (Buenos Aires, 1946). La tregua fue el primer largometraje argentino nominado al Óscar a la mejor película extranjera. En esa edición, la de 1974, la ganadora fue la italiana Amarcord, de Federico Fellini, que también fue candidata a las estatuillas de mejor director y guion original, por la historia creada por el propio Fellini y Tonino Guerra.

Quizás fue antes, o en medio, de los preparativos para regresar a Argentina, cuando Héctor Alterio, según cuenta, recibió una llamada telefónica de su pareja desde el otro lado del océano. Su esposa le alertaba de que la organización terrorista -y parapolicial y de extrema derecha y fascista- Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) lo había incluido en una de sus listas negras y estaba amenazado de muerte. Le habían enviado una carta. El número de desaparecidos y asesinados a manos de los criminales de la Triple A se cifra entre 700 y 1.100 personas (algunas estimaciones apuntan a muchos más). El de exiliados también debió de ser numeroso. La idea de regresar a Buenos Aires se tornó en utopía. De modo que al actor le tocó comenzar de nuevo en España. No volvería a su patria hasta ocho años más tarde.

Buena parte de todo esto lo evocará el 8 de agosto (22.00 horas) Héctor Alterio en Tenerife, en Puerto de la Cruz. El Festival Veranos del Taoro ha programado ese día una función de Una pequeña historia, un texto escrito y dirigido por su esposa, Ángela Bacaicoa, con dirección musical e interpretación al piano de Juan Esteban Cuacci. Además de por sus recuerdos, Héctor Alterio estará también muy bien acompañado por la poesía y por la música.

-La obra con la que visita el próximo mes Tenerife, ‘Una pequeña historia’, lleva como subtítulo ‘Buenos Aires, Madrid, Buenos Aires’. ¿Cómo surge la idea de contar la experiencia del exilio a través de la música y de la palabra?
Una pequeña historia nace de la necesidad de relatar unos hechos que me ocurrieron hace muchos años y de tratar de ser lo más sincero, lo más honesto, posible. No hay nada excepcional a partir de ahí. Es muy sencillo. La situación que tuve que pasar en un momento de mi vida no se la deseo a nadie. Hallarte solo, en un país a miles de kilómetros del tuyo, al que no puedes regresar porque te han cortado el camino… Sin embargo, también encontré aquí, en España, a personas muy generosas. Eso me sigue pareciendo milagroso. No podía volver a Argentina, pero hubo manos que se ofrecieron a sacarme de ese pozo. Hay un actor español, que desgraciadamente ya no está con nosotros: Juan Diego (1942-2022). Él se movió como un loco para que yo pudiese sustentarme. Eso lo guardo entre mis recuerdos y me sigue ayudando incluso hoy”.

“Lo único que le pido a un texto, a un guion, es que tenga verdad, nada más; aunque todo sea fingido, debe poseer verdad”

-¿Recuerda el momento en el que fue consciente de que no había vuelta atrás, de que no podía regresar a su tierra porque su vida corría peligro?
“Fue algo terrible. Yo tengo una imagen. La de la llegada de mi mujer [la psicoanalista Ángela Bacaicoa] a España, con mi hija Malena en sus brazos, con unos pocos meses de vida, y cogido de su mano, o prendido a su falda, mi hijo Ernesto, que tendría entonces cuatro años. Venían a quedarse conmigo en un momento tan difícil, para afrontar juntos una situación desconocida totalmente. Sin embargo, también fue gratificante encontrarnos con gente que nos ayudó sin ningún interés personal. Esa imagen se me sigue presentando de tanto en tanto. No podía volver a Argentina, porque en cualquier momento me iban a pegar un balazo en la cabeza. Así lo escribieron en una carta que le mandaron a mi mujer y ella me leyó por el teléfono. Esa situación la he ido sobrellevando durante todo este tiempo. En algunos momentos, con angustia; en otros con alegría. Pero, bueno: aquí estoy contándotela”.

“Cuando empecé a trabajar en España, no me era fácil meter una ‘zeta’ y una ‘ese’ en una frase, pero todo lo vas superando”

-‘Una pequeña historia’ puede entenderse como un relato del exilio, pero también como un recorrido por su trayectoria artística en los escenarios y en las pantallas. ¿Qué es lo más gratificante de su oficio de actor?
“La presencia de los espectadores que vienen a verme. Recuerdo que cuando empecé a trabajar en España, no me era nada fácil meter una zeta y una ese en una frase; expresarme de una manera que no es la mía. Eso me ponía muy nervioso: se notaba mucho la falsedad de mi trabajo a través del esfuerzo que hacía para hablar como un español. Esto me duró un tiempo, pero al final salí adelante. No digo que llegué a hablar como un español, pero no molestaba mi argentinidad en la expresión. Sin ser español, podía llegar a parecerlo. Y, ahora, a veces se me escapa el español donde tengo que hablar como un argentino y viceversa [ríe]. Todo esto son obstáculos del oficio que se van superando poco a poco. Tengo ya muchos años, 94. De manera que me espera poco, pero he hecho mucho”.

“No podía volver a Argentina porque en cualquier momento me iban a pegar un balazo en la cabeza; era todo muy terrible”

-La poesía y la música son, sin duda, buenos compañeros de viaje. ¿De qué manera le han hecho compañía a usted?
“Han sido buenos compañeros a lo largo de toda mi vida. En cualquier momento, siempre hay situaciones en las que uno recuerda frases, melodías, tonalidades… Surgen casi intempestivamente, pero ayudan muchísimo. La música y la poesía me han auxiliado en diferentes ocasiones. Más allá, como decía, de haberme encontrado con numerosas manos amigas”.

-Cine, televisión y teatro. ¿Siente predilección por alguno de estos ámbitos o más bien resultan igual de válidos para expresarse como intérprete?
“No, no tengo preferencias por uno o por otro. Al final, no son más que manifestaciones, formas de expresión artística, que se presentan, que te las ofrecen. Y bueno, puedo ejercer mi profesión, expresarme como actor, ya sea en la televisión, en el teatro o en una película, o incluso en el circo, donde no he trabajado nunca”.

“Juan Diego, el actor, se volvió loco para ayudarme en mi exilio, para poder sustentarme; ese recuerdo lo guardo muy bien”

-¿Qué aprende, qué sigue aprendiendo Héctor Alterio cada vez que se sube a un escenario?
“Continúo aprendiendo a interpretar con verdad. A que las personas del público me crean mientras estoy actuando. Ahora me siento cobijado por mis hijos y por mi mujer, que se moviliza mucho en todo lo que tiene que ver con mi trabajo. Estamos preparando una película, que puede ser también una función de teatro, escrita por ella… Esos proyectos, esas historias, siguen resultándome maravillosas y no dejo de aprender”.

-¿Qué tiene que tener un texto, un guion, un proyecto, en suma, para que decida embarcarse en él?
“Verdad. Eso es lo único que pido. Nada más. Aunque todo sea fingido, porque, en definitiva, en eso consiste el oficio de un actor, de una actriz: aunque no estoy enfermo, tengo que parecerlo, debo ser creíble. Finjo, pero esa mentira tiene que ser lo más verosímil posible”.