A Miryam le apasiona contar historias y cuando escribe “me olvido de la hora, me gusta porque me evado”, afirma. Es también una forma de libertad, “porque yo quiero ser libre porque en la silla me encuentro como si fuera una cárcel”, explica esta joven de 20 años. Y es que Miryam sufre desde nacimiento una distonía, un trastorno del movimiento que le ha provocado especialmente una discapacidad motórica del tronco superior y le obliga a estar en una silla de ruedas, y le causa también algunas dificultades en el habla, sobre todo cuando está nerviosa o emocionada. Lo que, sin embargo, no le ha impedido escribir y editar hasta el momento tres historias juveniles, y todo gracias a sus pies, que son la parte que más controla de su cuerpo y que desde niña convirtió en su principal herramienta, utilizándolos para mover su silla eléctrica a través de un joystick y para escribir con el ordenador y la tablet.
Miryam López Ferrera nació el 2 de mayo de 2004 y, aunque todo fue bien durante el embarazo de su madre, las complicaciones llegaron en el momento del parto. “Venía con tres vueltas del cordón umbilical y con las aguas turbias”, explica su madre, Carolina Ferrera, desde la casa donde residen en el santacrucero barrio de El Tablero. Eso provocó que Miryam estuviera cinco minutos sin oxígeno y pasara sufrimiento fetal, causándole la distonía, aunque no se la detectaron de recién nacida. “A los tres meses ya nos dimos cuenta de que no cogía las cosas con las manos, sino con los pies, y la llevamos al médico”, quien les confirmó la distonía y ahí empezó el periplo por médicos, rehabilitación, logopedas, terapia ocupacional… “La odisea”, apunta Miryam.
Pero eso no impidió que Miryam estudiase en el colegio de El Chapatal, hasta los 12 años, y luego en el instituto Benito Pérez Armas, hasta los 19 años, cuando concluyó el Bachillerato. En aquel entonces vivían en el santacruero barrio de La Alegría, donde la guagua recogía a Miryam para ir al colegio y al instituto, pero cuando terminó de estudiar se mudaron a la casa de su abuelo, en El Tablero, que es más accesible y donde pueden hacer más vida por el barrio.
Durante toda su etapa escolar Miryam obtuvo “buenísimas notas”, destaca con orgullo su madre, quien fue su apoyo fundamental mientras estudiaba porque ella no podía sostener los libros, y gracias también a profesores, compañeros de clase y cuidadores que la ayudaron durante todo su recorrido académico.
Sería precisamente gracias a su profesora de PT en el colegio, Rosi, que Miryam comenzaría a utilizar los pies para escribir en el ordenador, ya que se le ocurrió la idea después de que la niña hubiese probado un dispositivo para escribir utilizando los movimientos de seguimiento de los ojos, pero que no sirvió para Miryam “porque se le movía mucho la cabeza”, explica su madre. Lo que sí controlaba eran los pies, así que probó y funcionó, y hasta ahora, aunque ha cambiado el ordenador por una tablet.
Las historias llegarían en 4º de la ESO, cuando su “profesor favorito” la animó a presentarse a un certamen literario, recuerda. Y ahí descubrió su pasión por escribir. “Cuando escribo me olvido de la hora, me gusta porque me evado, me transporto a otro mundo”, afirma. “Si la dejo está todo el día escribiendo y me termina haciendo 200 libros”, apunta su madre. “Mi padre dice que lo voy a sacar de pobre”, bromea la joven.
Miryam escribe sobre el teclado de la pantalla táctil de la tablet con los dedos de sus pies como si de los de sus manos se tratasen, con una soltura y agilidad que sorprenden. El editor de texto tiene también una herramienta de voz que le lee en voz alta lo escrito, lo que la ayuda a hacer las correcciones.
Y a través de la tablet también se conecta con el mundo, las redes sociales o el whatsapp y sigue aprendiendo de todo, como geografía o inglés. Además, a Miryam también le encanta leer, historias románticas y de misterio sobre todo, así como la música y bailar con su silla de ruedas. Y, especialmente, ir a la playa y a la piscina, donde puede meterse en el agua sin la silla, o usando solo un flotador, y “me siento libre, como un delfín”, afirma, que precisamente es el animal protagonista de su primera historia.
Así, hasta ahora, Miryam ha escrito y editado tres historias juveniles, las dos primeras fueron maquetadas, editadas e impresas por ella misma, gracias a lo que aprendía por Internet. De la última, con más formato libro, ya se encargó un profesional, que también le ha estado asesorando sobre la forma de la escritura y es el único libro que ha puesto a la venta, de momento entre familiares, conocidos y locales colaboradores. Sus historias han ido evolucionando a la vez que Miryam, y todas reflejan una parte de ella y de su vida.
Su primera historia se titula Miryam Delfina y, según ella misma explica, “es como si fuera mi vida” pero a través de animales y ella representada como un delfín porque “cuando era pequeña me llevaron mis padres al Loro Parque, y en el momento en el que vi a los delfines me enamoré de ellos”.
Después escribió Queremos la libretad, que también refleja aspectos de su vida pero desde una perspectiva un poco más adulta y a través de una historia de amor al más puro estilo Romero y Julieta, señala.
El último que ha escrito se titula Un día en el campo, es el más largo hasta el momento y fue editado e impreso por un profesional. Es una defensa del medio ambiente a través de la historia de varios jóvenes de diferentes islas, y también hay espacio para el amor. “Guacimara tiene un terreno que se lo quieren expropiar para poner un centro comercial y ella y sus amigos hacen un power point, como si fuera un trabajo de clase, donde hablan de sus islas, de la protección del medio ambiente, que se tire la basura donde se debe para que no se ensucie el mar…”, explica.
Este es el único libro que ha vendido entre amigos, conocidos y familiares, y algunos locales de El Tablero colaboran exponiéndolo, así como el estanco Punto y Coma del barrio de La Alegría. El libro se puede conseguir por diez euros, “para aunque sea reunir para editar el siguiente”, apunta su madre.
Y es que la cabeza de Miryam bulle con cientos de historias. Ahora mismo, está trabajando con los mismos protagonistas de su último libro para hacer una continuación en la que se van de viaje a Inglaterra, pero en una versión más corta que el anterior y que no se va a publicar porque está siendo como una prueba de escritura para ir perfeccionando el estilo y el formato.
Pero Miryam guarda en su tablet también muchos bocetos de otras historias a la espera de su desarrollo. “Cuando me voy a dormir sigo pensando en ideas para las historias”, afirma. Y es que ella tiene claro que su sueño es ser escritora, y a la vista está que ningún obstáculo va a impedírselo.














