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“El discurso político sobre la migración crea una alarma injusta”

El Buen Samaritano, la organización fundada por el sacerdote tinerfeño, desarrolla desde hace cuatro años dos exitosos proyectos de integración solidaria en Añaza y Güímar
El padre Pepe - Fundación Canaria El Buen Samaritano
El padre Pepe, José Hernández, posa con un grupo de los jóvenes migrantes participantes en su proyecto de integración, muchos de los cuales ya tienen trabajo en Canarias. DA

Ninguna persona es ilegal; tampoco irregular, por mucho que diariamente infinidad de medios y emisores de mensajes usan esos términos al referirse a la migración, que, por supuesto, la mayoría presenta con el prefijo “in”. No obstante, resulta evidente también que, en este mundo de comunicación instantánea vía internet y globalización económica que mutila, a veces, continentes enteros salvo para materias primas y otras intereses siempre en pro del más fuerte, tener o no ciertos “papeles” cambiar vidas para bien o para mal.

Lo que está haciendo el padre Pepe y su organización El Buen Samaritano en Añaza y Güímar desde hace 4 años con jóvenes que han llegado a Canarias desde África arriesgando su vida en busca de esperanza y futuro dignifica a la especie humana en estas Islas de tantos contrastes, de tanta solidaridad y empatía con el de fuera en muchos casos y, al mismo tiempo, de tanto racismo, mezquindad, cálculos políticos y verdaderas atrocidades de gente que, luego, se da golpes de pecho en da igual qué iglesias en nombre de cualquier dios.

Como el propio padre Pepe recalca, “lo más urgente es que se relaje el discurso político actual porque se está creando una sensación de alarma social con la migración (la primera preocupación ya de los españoles, según la última encuesta del CIS) que no es justa ni real porque, según datos de la propia Fiscalía, no ha habido ningún aumento ni de la violencia o la delincuencia”.

Hace un año, y en un reportaje de Norberto Chijeb, DIARIO DE AVISOS detalló la loable labor de este cura atípico y sus trabajadores y colaboradores. Entonces, ayudaba a unos 60 jóvenes, en su mayoría subsaharianos (de Senegal, Mali, Guinea Bissau…, aunque también tienen a seis marroquíes, nacionalidad que trabajan más fundaciones como la de Don Bosco, con la que colaboran). Pasado este tiempo, ya son 80, a los que facilita formación en diversos ámbitos, conseguir sus “papeles” y entrar en el mercado laboral tinerfeño, que los demanda intensamente (sí, “no quitan” puestos a “locales” porque es que no se cubren estas vacantes) en ámbitos como la agricultura, la restauración (camareros, cocineros…), construcción, carpintería y hasta en la actividad textil, en la que muchos son expertos en corte y confección de vestidos porque ya lo hacían en sus países, si bien la salida laboral en esto es menor.

Desde 2020, ya han ayudado a unos 550 jóvenes vulnerables (todos varones que, en principio, quieren quedarse en la Isla, pues las chicas tienen recursos específicos al ser menos), de los que la mitad se han quedado trabajando en Tenerife.

La fundación se ocupa de todo el proceso con la máxima de la continuidad hasta la emancipación, si bien esta suele retrasarse por el genérico problema del alquiler. Algunos, eso sí, han logrado vivir solos por su trabajo, otros lo hacen con parejas que conocieron aquí y los más comparten pisos y casas alquiladas.

Los 80 que ahora forma El Buen Samaritano se hospedan en once inmuebles de la fundación, con tres casos que sí han sido acogidos por familias. De esa cifra, unos 40 trabajan con contrato y siguen formándose y hospedándose con la entidad.

Según recalca el padre Pepe, “aparte de ir aumentando el número de jóvenes, el gran cambio en este año ha sido que, desde que los chicos tienen papeles, es muy fácil incorporarlos al mercado laboral. De hecho, tenemos más ofertas que hace un año, sobre todo en agricultura, construcción y restauración, y por eso hemos focalizado la formación en esto junto al Cabildo. La gran dificultad sigue siendo la parte administrativa, porque se prolongan muchos los procesos de documentación. El más corto, el de asilo, tarda un mínimo de dos años o dos años y medio. En el mejor de los casos, hasta que cumplen los 20 y, en el peor, hay que esperar tres años para solicitar su arraigo en el país si logran antes un contrato y tardan diez meses o un año en responder”.

Suben a otros países

Muchos de los 550 formados hasta ahora se han derivado a la Península porque tienen allá familiares (en su concepto más amplio de lo que es familia, que incluye a amigos y vecinos) o conocidos y algunos acaban en Italia, Alemania o Francia, “si bien la mayoría se queda en España porque ya han ido aprendiendo el idioma aquí”.

El padre Pepe intenta evitar el partidismo y no habla de ideologías, pero sus mensajes, en el fondo, son diáfanos y contundentes. “Necesitamos que, sobre todo de la mano de los políticos, se atenúe mucho el tono con el que hablamos de la migración, ya que la única sensación que tenemos al escuchar o leer noticias es que nos están invadiendo y eso no es así, y pasa igual con lo de la okupación. No puede ser, no nos beneficia en nada, y más cuando somos conscientes de que toda esta gente viene a sumar y, desde que tiene papeles, a contribuir pagando impuestos, por ejemplo, con el sector primario, en el que muchos de los de aquí no queremos trabajar. Con toda la humildad del mundo, y aunque a veces duele decir esto, la falta de control con las ayudas sociales hace que personas que pueden trabajar o formarse no lo hagan, no hacen ninguna contraprestación por esa ayuda aunque estén en condiciones dignas. No me meto con los que realmente lo necesitan, pero sí creo importante que los que puedan salir de eso, que lo aprovechen”.

Además, lamenta las dificultades de su colectivo para lograr ayudas públicas (suponen un 20% de sus ingresos, mientras que el resto responden a aportaciones altruistas en dinero, comida, ropa u otros materiales) “porque se trata de chicos invisibles, están al margen, no tienen documentación y es muy complicado que las administraciones contemplen su atención. Y es aquí donde ponemos gran parte de nuestros esfuerzos porque son muchos chicos y tenemos problemas de financiación, pues deben comer, dormir en un lugar digno, contar con agua, luz, ropa, enseres… Las ayudas son insuficientes y menos mal que tenemos un catering para la comida”.

Posible visita del papa

Sobre la eventual visita del papa Francisco, también es claro: “Hace tiempo que dejé de creer en la objetividad, pero los signos están para despertar las conciencias y, si su visita sirve para despertarlas en Europa y España, es una gran oportunidad para que estemos más sensibles con esto y tratemos de intervenir en origen, algo muy importante, y generar una estructura que facilite la integración, para que sea menos problemática, y más sabiendo la necesidad que tenemos de mano de obra y de relevo generacional, y ahí está la España vaciada. Y es que ¿quién nos va a cuidar a nosotros de mayores en una Europa que va a ser un geriátrico? ¿Quién se va a ocupar del sector primario, del campo…? Europa puede ser la avanzadilla en esto”.

Preguntado por el Pacto de Migración y Asilo de la UE, tiene también claro “que se queda muy corto porque los estados, por miedo, piensan muchas veces que lo que viene de fuera es una amenaza cuando, en realidad, hay que cambiar esa mentalidad y asumir que el mundo es ya multicultural y va a serlo mucho más, pero nos resistimos a aceptarlo. Preservando lo propio, porque nadie cuestiona que hay que conservar nuestras costumbres y tradiciones, hay que hacer un ejercicio de integración y enriquecernos unos con otros porque, así, avanzamos como humanidad”.

¿Y discursos como el de Vox (y otros supuestamente menos ultras) que, luego y por ser “profundamente católicos”, se dan golpes de pecho en nombre de un salvador del mundo? Por supuesto, en esto es más prudente y obvia las siglas, pero tampoco se esconde: “Siempre digo lo mismo: los derechos humanos están ahí por algo y son patrimonio de la humanidad. Solo reivindico, donde sea y con quien sea, que se respeten los derechos de las personas vengan de donde vengan, tengan la religión que tengan, la orientación sexual, sean más altos o bajos, con discapacidad o sin ella… Las personas tienen derecho a vivir con dignidad. Si yo viera mi vida amenazada, no tuviera oportunidad para salir adelante, mi familia sufriera hambruna y pobreza como la que padecimos los canarios antes y emigramos… ¿qué hago, debo resignarme? Esto es una cuestión de justicia social”.

¿Qué diría Jesús?

¿Y no hay contradicciones en el propio cristianismo con lo que están diciendo (o interpretándose y titulándose) algunos obispos? “Por supuesto. Esto es como todo en la vida. Yo tengo claro cuál es mi ideal del maestro: Jesús de Nazaret. Pero, por seguir su modelo, no dejo de ser persona y soy hijo de una cultura, una familia y un pensamiento y creo que él diría que somos personas y debemos atendernos siempre, especialmente a los más vulnerables”.

Y esto entronca con lo ocurrido en 2006 en las alfombras de La Orotava. En pleno pico migratorio y sin experiencia con llegadas continuas por mar, a uno de los grupos que confeccionan los tapices le dio por hacer un cayuco lleno de negros con Jesús guiándoles a la proa. Hubo críticas por “hacer política” y no centrarse en motivos religiosos cuando, en realidad, ¿hay algo más cristiano? El padre Pepe también se moja: “Si pasó eso, tengo claro que necesitamos abrir un poco más la mente, sencillamente. La herramienta más poderosa del mundo es el miedo y detrás está el desconocimiento. Si se educa para que, con independencia del color de la piel, se vea al otro como persona con los mismos derechos y oportunidades; si se enseña desde pequeños a tratar con respeto e igualdad porque así nos lo merecemos, avanzamos todos, los cristianos y los que no lo son. Por ser cristianos, no tenemos un plus que nos haga mejores”.

“Es muy difícil poner puertas al mar y lo de la Armada, una atrocidad”

El padre Pepe recalca que Canarias “no es racista, sino, al contrario: un pueblo especialmente acogedor, aunque sí creo que estamos sembrando en el corazón de la gente rechazo a los que vienen por mar por generar esa alarma y decir que, más o menos, estamos siendo invadidos porque, en ese caso, ¿qué decimos de los aeropuertos o de la inmensa cantidad de italianos que hay aquí, por ejemplo? Aunque sean de la UE, pobrecitos míos, los italianos son un mogollón y no decimos nada, cuando no todos se comportan bien porque eso no tiene nada que ver con los orígenes, sino con factores como la psicología personal, la educación y el contexto en el que uno se mueve. Para ayudar a la gente a superar esos estereotipos, miedos y prejuicios, necesitamos un discurso mucho más sereno e integrador”, recalca.

Por eso, insiste en que España es un “país grande, con 48 millones de habitantes, pero con zonas en la que esta gente podría seguir aportando y contribuir al desarrollo, y basta con hacer un seguimiento a las experiencias maravillosas que se hacen en muchos sitios, donde se puede comprobar la grandeza del corazón humano cuando nos ayudamos. Tampoco creo que haya un problema con la religión o la cultura porque la inmensa mayoría de los chicos que vienen a la fundación son musulmanes y nunca ha habido un conflicto religioso. Al contrario, a medida que se van integrando, suavizan sus propias tradiciones porque se van mimetizando con nuestra cultura y sociedad. Necesitamos conocernos para vencer los prejuicios porque ellos, cuando nos conocen, empiezan a abrir su mente y se dan cuenta de que muchas ideas preconcebidas que traían de sus países no tienen nada que ver con la realidad. Se esfuerzan por adaptarse y la prueba es que la mayoría aprende español en unos 3 meses, entre otras cosas porque saben que el futuro de la gente a la que aman depende también de su integración aquí”.

A su juicio, las administraciones no hacen didáctica sobre tópicos falsos, como que llegan los hijos que “sobran” en esos países (cuando vienen los más preparados para adaptarse), que tienen dinero por los móviles que usan y otras lindezas. Por eso, y porque tiene claro que “es muy difícil poner puertas al mar”, considera clave trabajar la información y cree “una atrocidad hablar de la Armada, aparte de que no sirve para nada”. “Estos chicos aman su tierra, pero, en la medida que puedan, seguirán viniendo y por eso es tan importante crearle oportunidades en sus países, pues si pudieran evitarlo, no vendrían. Pero, claro, desde que mandar dinero, eso genera mucho a sus familias, lo que, a su vez, se convierte en un incentivo y una inversión”. En este sentido, y en la ambivalencia de casi todo, ve bien que se pueda llegar a acuerdos para que vengan con contratos, “pero esto tiene el lado malo de que se vacían más sus países de talento, de gente formada, y no se le da una oportunidad a los que sobreviven”.