La reflexión que viene formulando Carlos Nicanor (Gran Canaria, 1974) a través del arte, un diálogo permanente que parte de la introspección, de lo más íntimo, para elaborar un discurso universal, global, un pensamiento compartido con sus semejantes, acaba de mostrarse en Estados Unidos. El artista canario ha expuesto, desde el 7 de septiembre y justo hasta este fin de semana, La madeja del alma (The skein of the soul) en Pan American Art Projects, en Miami.
Comisariado por Claudia Taboada y Greisa Gutiérrez, el proyecto expositivo, detallan desde la galería, ha ofrecido “una exploración profunda de la esencia humana a través de la instalación interactiva, esculturas y dibujos […] Es una exposición autorreferencial […] El trabajo del artista es un testimonio de la dualidad de la forma y la palabra, utilizando la ironía y el sarcasmo como herramientas lúdicas pero profundas”.

“La madeja del alma -indica Carlos Nicanor en una charla con DIARIO DE AVISOS- viene a prolongar la idea que ya estaba presente en De la carne al hueso, del hueso al alma (2023), que se expuso en el espacio San Antonio Abad del CAAM (Centro Atlántico de Arte Moderno), en Las Palmas de Gran Canaria, y también en Después de la calma (2024), en Galería Artizar, en La Laguna”.
“En la exposición en el CAAM se le dio énfasis, por ejemplo, a la pieza Icor, con toda esa trama de hilos que habla del espacio interior por donde fluye la sangre…”, añade. “Claudia Taboada ya conocía mi obra de una visita que realizó a Artizar hace unos años, de manera que me siento muy honrado de que se hayan fijado en mi trabajo en Estados Unidos. Exponer en Florida es fantástico y también algo que te impulsa a continuar, a seguir dándolo todo para que sigan pasando cosas”, subraya.
“Trato de observarme a mí mismo, de hacer el ejercicio de mirar más hacia dentro y no tanto hacia fuera”
Carlos Nicanor suele recurrir en su obra, de una u otra manera, a referencias mitológicas y también de la historia del arte, con el propio organismo del ser humano como elemento propicio para la reflexión acerca de la existencia. Si en De la carne al hueso, del hueso al alma la obra de Rembrandt Lección de anatomía era un punto de partida, en Después de la calma también lo fue el tríptico El jardín de las delicias, del Bosco.

“En Icor, por ejemplo -explica el artista-, establecía un paralelismo entre la sangre, la savia, de los dioses y la idea de que solo por el hecho de vivir, de estar vivos, los seres humanos podemos considerarnos semidioses. Y siempre en mis propuestas hay una reminiscencia, una alusión, por pequeña que sea, a obras de arte, pinturas, esculturas…”.
En su labor creativa, la elección de los materiales y la elaboración de cada obra desempeñan papeles principales. “Como escultor -afirma-, tengo la necesidad de experimentar directamente ese proceso constructivo, manual, artesanal, y no solo el creativo de cómo se desarrolla la idea. Me resulta absolutamente necesario ese feedback entre el material y el artista, para conocer su comportamiento, así como los límites, los del material y los personales, los míos. Me gusta ponerme a prueba, plantearme retos, porque eso me anima a seguir investigando sobre mis capacidades a la hora de estar en el taller creando una obra. Forma parte del ritual”.
“Trato de observarme a mí mismo -argumenta cuando se le pregunta acerca de esa mirada interior que atraviesa su discurso artístico-, de practicar ese ejercicio que debemos hacer de mirar más hacia dentro y no tanto hacia fuera. Pero al hablar de mí, creo que hablo de todos. No es una cuestión de ego, sino más bien al contrario: es ir de lo particular a lo colectivo, a lo compartido”.
La madeja del alma se ha expuesto en uno de los dos espacios que posee Pan American Art Projects, el situado en Design District. Para el próximo año, está prevista una nueva muestra de Carlos Nicanor en Miami, pero en este caso en la sede de la galería en Little River.





