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Europa Clipper: a la búsqueda de las condiciones para la vida en las profundidades de una luna oceánica de Júpiter

La mayor y más ambiciosa sonda de la NASA pretende desentrañar los misterios ocultos en los mares bajo la gruesa capa superficial de hielo del satélite y determinar sus posibilidades de albergar vida
Europa Clipper
Europa Clipper pretende ayudar a responder una de las grandes preguntas de la humanidad: ¿Puede haber vida más allá de la Tierra?. DA

Júpiter, nombrado en honor del principal dios de la mitología romana, es con mucha diferencia el planeta más grande y masivo del sistema solar. No en vano, la masa del gigante gaseoso es 2,5 veces mayor que la de todos los demás planetas del sistema solar juntos. Otra de las características del planeta, además de su descomunal tamaño, es la cantidad de lunas que lo orbitan, ya que hasta ahora se conocen 95 y se siguen descubriendo nuevas lunas en sus alrededores. Las cuatro mayores fueron descubiertas por Galileo hace más de 400 años y recibieron los nombres de cuatro amantes del dios Zeus, el equivalente de Júpiter en la mitología griega: Ganímedes, Calisto, Ío y Europa.

Con un diámetro de casi 3122 kilómetros, Europa, la más pequeña de esas cuatro lunas galileanas, es apenas un poco menor que la luna de la Tierra. Sin embargo, son dos cuerpos muy diferentes. En contraste con la “magnífica desolación” que reina en nuestro satélite natural, tal como describiera Buzz Aldrin en 1969 el polvoriento y rocoso paisaje que se extendía ante él en la superficie lunar, Europa está completamente cubierta por una enorme capa de hielo. Aunque no se sabe con total exactitud, se estima que el grosor de estos hielos permanentes es de, al menos, 20 kilómetros, pudiendo alcanzar hasta 100 kilómetros en algunos lugares.

Lo que hace tan interesante a la luna Europa es que todas las evidencias indican que entre esa gruesa capa de hielo superficial y su núcleo rocoso se extiende un océano salino global tan grande y profundo que, unido a la corteza helada superficial, podría contener el doble de agua que la presente en todos los mares de la Tierra. Los científicos creen que ese océano interior puede contener todos los componentes básicos para sustentar la vida tal y como la conocemos y que los elementos y condiciones que se dan en sus profundidades no resultan muy diferentes de los que se dieron en los mares de nuestro propio planeta cuando surgió la vida en la Tierra.

Unos 3.800 millones de años después de la aparición de la vida que hasta ahora conocemos, hemos alcanzado un punto evolutivo y tecnológico que nos permite enviar sondas que recorren enormes distancias a través del espacio profundo para explorar lugares remotos del sistema solar en busca de evidencias biológicas más allá de nuestro planeta, como es el caso de los diferentes róvers que recorren la superficie de Marte y, ahora, Europa.

Debido a sus condiciones, la luna joviana se perfila como uno de los lugares de nuestro sistema solar con mayores probabilidades de albergar vida y ahí radica su enorme interés para la astrobiología y la importancia de esta misión. No obstante, es importante precisar que Europa Clipper no cuenta con la capacidad para detectar directamente posibles formas de vida, aunque sí de concluir si se dan las condiciones necesarias para que en el océano interno de Europa haya podido darse esa vida.

Recreación artística de un sobrevuelo de la sonda vista desde la superficie helada de Europa, con Júpiter al fondo. NASA
Recreación artística de un sobrevuelo de la sonda vista desde la superficie helada de Europa, con Júpiter al fondo. NASA

LA SONDA

El despegue de Europa Clipper, originalmente previsto para el jueves 10 de octubre, tuvo que ser aplazado durante cuatro días debido al huracán Milton, el más intenso registrado en el Golfo de México desde 2005 y que azotó las costas de Florida, lugar del lanzamiento, causando 26 muertos, importantes daños materiales y dejando a más de dos millones de personas sin electricidad.

Finalmente, el lunes 14 pudo despegar a las 16.06 horas (UTC) desde la rampa 39A del Centro Espacial Kennedy un cohete Falcon Heavy de SpaceX con la sonda a bordo. La primera etapa del lanzador situó a Europa Clipper en una órbita terrestre desde donde la sonda, impulsada por la segunda etapa del Falcon Heavy, emprendió un largo viaje que la llevará hasta Marte en febrero del año que viene para realizar una primera maniobra de asistencia gravitacional para conseguir aceleración. De ahí volverá hacia la Tierra en diciembre de 2026 para hacer una segunda asistencia gravitacional que le imprimirá la velocidad necesaria para, por fin, continuar rumbo a Júpiter, donde llegará en abril de 2030.

Debido al hostil entorno de radiación en las cercanías de Júpiter, los sistemas e instrumentación de la sonda se encuentran en el interior de una bóveda de titanio y aluminio de gruesas paredes diseñada como escudo para proteger los componentes electrónicos de la degradación causada por la radiación.

A pesar de esta protección, Europa Clipper no permanecerá orbitando alrededor de Europa, que se encuentra inmersa en los cinturones de la radiación atrapada por el campo magnético de Júpiter. Con la finalidad de pasar el menor tiempo posible bajo esas condiciones extremas, la misión ha sido concebida de modo que la sonda se moverá en una gran órbita elíptica alrededor del planeta diseñada para que pueda acercarse mucho a Europa y sobrevolarla para luego volver a alejarse de las zonas de radiación.

A lo largo de la misión la nave realizará 49 sobrevuelos a Europa, explorando un lugar diferente cada vez a altitudes tan bajas como 25 kilómetros de su superficie. Durante estas aproximaciones la instrumentación científica de a bordo llevará a cabo todas las observaciones, mediciones y experimentos previstos. El primero de esos sobrevuelos tendrá lugar en marzo de 2031.

En Europa Clipper, de modo similar a Júpiter, todo es a lo grande. La sonda, la mayor construida por la NASA hasta ahora para una misión planetaria, tiene una masa de casi 6 toneladas y una impresionante envergadura de más de 30 metros con sus paneles solares desplegados. Para hacernos una idea de estas dimensiones, basta decir que la envergadura de un avión ATR-72, los aparatos utilizados por Binter para volar entre las islas que tan bien conocemos, es de 27 metros. Estos dos enormes paneles solares que se despliegan a ambos lados de la sonda, de más de 14 por 4 metros cada uno, son necesarios para captar la poca luz solar que llega hasta Júpiter y convertirla en la energía eléctrica que requieren para su funcionamiento los complejos sistemas e instrumentos científicos de la nave.

Además de todos estos sistemas e instrumentos imprescindibles para el desarrollo de la misión, Europa Clipper incorpora algunas curiosidades como, por ejemplo, un chip que contiene el nombre de los más de 2,6 millones de personas que participaron en una iniciativa pública de la NASA bajo el nombre de Message in a bottle (mensaje en una botella). En una placa de metal se encuentran grabados un poema de Ada Limón titulado Elogio al misterio, una fotografía del geólogo planetario Ronald Greeley y la representación de las ondas de audio correspondientes a la palabra “agua” en más de 100 idiomas.

Infografías de detalle del océano salino que se extiende entre la corteza helada y el lecho marino de Europa. NASA
Infografías de detalle del océano salino que se extiende entre la corteza helada y el lecho marino de Europa. NASA

LA MISIÓN

Bajo los hielos de Europa podrían encontrarse todos los ingredientes necesarios para la vida tal como la conocemos: agua, materia orgánica, fuentes de energía química y la estabilidad que otorgan unas condiciones que se han mantenido a lo largo de 4.000 millones de años.

Europa Clipper tiene como propósito determinar si en la luna joviana hay lugares que reúnan las características necesarias para albergar vida. Para ello, los esfuerzos de los equipos científicos de la misión se centrarán en tres objetivos principales. El primero de ellos será determinar el espesor de la corteza helada y las cualidades del océano bajo ella, como su profundidad, salinidad y las posibles interacciones entre el océano y la superficie. Otro de los objetivos será determinar la composición de Europa para confirmar si tiene los elementos necesarios para permitir la aparición de vida y sustentarla. Por último, los investigadores caracterizarán la geología de Europa para localizar señales de actividad reciente como el deslizamiento de placas en su corteza o la posibilidad de columnas de vapor de agua expulsadas al espacio.

Para cumplir sus cometidos, la sonda equipa diferentes instrumentos como cámaras de alta resolución e infrarrojas que producirán precisos mapas de la luna y las imágenes más detalladas que se hayan obtenido de ella hasta ahora, espectrómetros capaces de analizar la composición de la superficie o un radar de penetración de hielo para medir con precisión el grosor de la corteza helada y localizar las masas de agua bajo su superficie. Otros dispositivos permitirán realizar estudios de la gravedad, mediciones térmicas para tratar de ubicar zonas de hielos más cálidos donde podrían haberse producido erupciones recientes de agua en forma de géiseres y analizar la composición de las partículas presentes en esos chorros de vapor de agua expulsados hacia el espacio desde el océano interno, así como en la fina atmósfera de Europa.

La sonda terminará sus días impactando de manera controlada contra Ganímedes. Se pretende de esta manera evitar que se estrelle accidentalmente en Europa al finalizar su misión y contamine su superficie.

Europa Clipper es una de las misiones más ambiciosas concebidas por la NASA para ayudar a responder a una de las grandes preguntas no solo de la ciencia, sino de toda la humanidad: ¿puede haber vida más allá de la Tierra?