Al entrar en la casa de Ángel Acuña, uno no sabe por dónde empezar a mirar. Allá donde pongas los ojos hay un espacio con una carátula conocida. Desde las estanterías repletas de juegos ordenados alfabéticamente hasta las cajas precintadas con figuras o consolas. Cada rincón de su garaje, utilizado a modo de museo, está dedicado a su pasión: los videojuegos. Con más de 21.000 títulos, esta colección es la más grande de Europa y una de las más imponentes del mundo, producto de 18 años de dedicación.
Acuña, natural de Los Cristianos, inició su fascinación por los videojuegos desde muy pequeño. Las primeras consolas que tuvo en sus manos lo marcaron profundamente, y en 2006 decidió comenzar lo que hoy es un verdadero santuario del entretenimiento digital. “Desde entonces no he parado de coleccionar: juegos, manuales, consolas, libros, CD e incluso, algunas de bandas sonoras originales de los juegos”, comenta. Lo que comenzó como un pasatiempo se transformó en una misión de vida, en la que ha invertido miles de horas y euros. Quizás, ni él mismo sabe cuánto. Eso sí, Acuña valora que cada mes destina unos 400 euros a la compra de videojuegos, lo que, como él dice, “si haces cuentas, te hace entender mi colección echando la vista atrás a hace 18 años”.
La obsesión por coleccionar videojuegos
Acuña no sólo colecciona juegos por el placer de tenerlos, sino que disfruta de la búsqueda misma. “Este es un mundo muy cerrado. Para encontrar otras colecciones, tienes que bucear en las profundidades de YouTube o foros especializados. No es fácil dar con otros coleccionistas”, explica. A pesar de que su colección es conocida por su magnitud, él reconoce que hay otros que guardan en depósitos miles de juegos más, aunque, según su criterio, ninguno cuenta con una variedad tan amplia y diferente como la suya.
La carrera por la colección más grande también lo llevó a plantearse la posibilidad de conseguir un Récord Guinness. Sin embargo, se topó con las complejidades burocráticas del proceso, que incluían fotografiar toda la colección, elaborar un inventario detallado y demostrar la propiedad de cada pieza. En medio de estos trámites, descubrió a Last Gamer, un youtuber australiano que posee más de 45.000 juegos. “Se me quitaron las ganas”, admite.

Un legado, no un museo
Para Acuña, la colección no es solo una acumulación de objetos, sino un legado que espera dejar a sus hijos. Ha jugado casi todos los títulos que posee, aunque algunos permanecen precintados, esperando que su valor se incremente con el tiempo. “Esto no es un museo, pero sí quiero que mis hijos puedan disfrutarlo y, eventualmente, decidir qué hacer con ello”, reflexiona.
Su pasión no está exenta de críticas. Algunos lo han llamado “diogenes” o “basurero” por la magnitud de su colección, pero para él, cada juego es una pieza de historia, incluso aquellos que otros consideran de poca importancia, como los títulos de Barbie o los FIFA de años anteriores. “Los coleccionistas más puristas pueden arrugar la nariz, pero a mí me gusta tener un poco de todo”, comenta con orgullo.

La joya de la corona
Entre las piezas más valoradas de su colección se encuentran los juegos Neo Geo, una consola de 16 bits lanzada en 1990 que, en su tiempo, introdujo la revolucionaria Memory Card. “Los juegos de Neo Geo son lo más valorado en el mercado. Solo por el manual del Metal Slug, se han llegado a pagar hasta 2.000 euros”, revela.
La colección de Ángel incluye 1.744 juegos de PlayStation 3, 3.500 de PlayStation 2 y alrededor de 250 de la recién estrenada PlayStation 5. En cuanto a portátiles, cuenta con más de 1500 títulos para Nintendo DS y cerca de 2.400 de la icónica PlayStation original. No solo podemos encontrar juegos, ya que también tiene en su haber casi 6.500 CD de heavy metal y una gran colección de películas desde VHS hasta Blu–ray. La organización es meticulosa, con cada título registrado en un Excel y algunos etiquetados con post-its para facilitar su localización. “Tengo juegos en dobles y triples fondos, hay que ser ordenado para no volverse loco”, añade entre risas.
“Solo por el manual del Metal Slug, se han llegado a pagar hasta 2.000 euros”
Las dificultades de mantener una colección monumental
No todo ha sido fácil en el camino de Acuña. En un momento de apuros económicos, se vio obligado a vender algunas de sus figuras más valiosas, obteniendo hasta 2.000 euros por algunas piezas. “Es una forma rápida de conseguir dinero si lo necesitas, aunque me dolió desprenderme de ellas”, confiesa.
Sin embargo, su compromiso con la colección nunca ha flaqueado. Durante los últimos 10 años, ha compartido su pasión a través de su canal de YouTube, donde ha mostrado miles de juegos y consolas. “Nadie ha enseñado tantos juegos diferentes en una plataforma”, dice con una mezcla de orgullo y satisfacción. Para él, su canal es una forma de documentar su trabajo y de compartir su amor por los videojuegos con otros entusiastas.

La comunidad de coleccionistas
Fausto, otro coleccionista y antiguo conocido de Ángel, lo describe como un verdadero apasionado. Se conocieron en el foro de MeriStation, un espacio dedicado a la compraventa de videojuegos, donde hicieron sus primeras transacciones. “Su colección es 80 veces más grande que la mía”, admite Fausto. “Cada uno tiene su manera de coleccionar. Para mí, Ángel es único en la forma en que ordena y encuentra sus juegos”.
Acuña no es ajeno a las comparaciones, pero Fausto. tiene claro que la suya es, en términos de cantidad, la más grande de Europa y una de las mayores del mundo. “En calidad, seguramente hayan colecciones mejores, pero en cantidad, no hay discusión”, asegura.
A pesar de tener una colección colosal, Acuña mantiene los pies en la tierra. “Esto no se trata solo de acumular, sino de disfrutar y preservar una parte de la historia de los videojuegos”, afirma. Entre sus favoritos, destaca el Resident Evil 1, un clásico de la primera PlayStation que, para él, encapsula la emoción y la nostalgia de una época dorada.
Mientras continúa ampliando su colección, Ángel Acuña sigue siendo el guardián de un legado único. Para él, los videojuegos no son simplemente un entretenimiento, sino una forma de vida o un testimonio tangible de la evolución cultural y tecnológica de las últimas décadas. Y su garaje, repleto de títulos que abarcan generaciones enteras, es un auténtico templo para los aficionados y un recordatorio de que, para algunos, el juego nunca acaba.





