La escritora y editora vasca Sabina Urraca llega a Tenerife para presentar su más reciente creación, El celo, un novela que urde el errático viaje de una mujer quebrada entre cuentos antiguos, afectos atravesados por cicatrices y heridas abiertas y en medio de una sexualidad poderosa y amenazante. El acto de presentación, dentro de la Feria del Libro de La Laguna, tendrá lugar el próximo viernes, día 11, a las 19.00 horas, en el Espacio Ángel Guerra.
Inteligente y con destellos de un humor incisivo, esta obra sigue una estructura que fluye naturalmente entre el sentimiento de alienación de la protagonista, los recuerdos familiares, los foros de Internet, los diálogos cotidianos y la violencia, mezclando todos sus elementos con una facilidad que disimula un profundo trabajo narrativo.
-¿Cómo presentaría usted misma ‘El celo’?
“Diría que es una novela sobre un personaje perseguido por una maldición. Y que el detonante de todo es el celo de una perra. Quería construir una historia sobre una mujer y una perra que pusiera en contacto el celo animal y el celo humano, siendo este extensible a la pulsión romántica y a todas las violencias primarias que nos atraviesan como humanos”.
-¿Requiere un cuidado especial escribir una novela con esta temática?
“Desde el inicio tenía claro que El celo iba a ser la historia de una maldición, de cómo opera a nivel psicológico el poder de una persona sobre otra. Me interesaba esa capacidad anuladora, más cercana a una magia oscura que a un fenómeno explicable. Finalmente, como siempre sucede, otras cosas fueron cobrando mayor significado: los cuentos, cómo nos narramos. Lo que me parece que requiere de un cuidado especial es no caer en una historia plana, de buenos y malos, de blanco y negro, y mostrar en cambio personajes complejos, víctimas imperfectas, victimarios imperfectos, emociones mezcladas. En mi opinión, la literatura no está para enseñar nada. Si hay algo bueno que la literatura puede hacer es mostrarnos el mundo tan complejo y contradictorio como es”.
-¿Cree que ha habido en usted alguna evolución notable respecto a sus publicaciones anteriores?
“Supongo que eso lo tendrían que decir los lectores. Desde el punto de vista de la creación del libro, es el proceso más complejo que he vivido, en el que más tiempo he invertido. Cuando empecé a definir lo que era El celo, tenía un documento de más de 500 páginas, casi todo escenas sueltas y notas de observación o ideas repentinas que se me ocurrían y apuntaba. Me costó muchísimo entrarle por algún lado. Lo intentaba y desfallecía. No tenía ni idea de cómo construir a partir de tanto material. Así que sí siento que ha habido una evolución en la capacidad de trabajar sobre un texto más complejo”.
-¿Hay un público lector al que vaya dirigido este libro?
“En absoluto. En ferias y presentaciones se me acercan personas de todo tipo, género y edad. Me sorprende especialmente cuando vienen a las firmas matrimonios de 70 años y me dicen: ‘Nos lo hemos leído los dos’. O señores mayores que asisten a clubes de lectura, que hablan del libro y ves que lo han entendido perfectamente. Y de pronto al lado hay una chica de 25 años que te dice que se ha enamorado de uno de los personajes y que ha soñado que hace el amor con ella. Me hace muy feliz haber construido unos personajes que provocan cosas así”.
-¿Tiene algún hábito o rutina que le ayuda con la escritura?
“Escribo en el móvil por la calle, con el dictado de voz, mientras camino. Me encanta escribir en el transporte público. Escribo mucho a mano, escribo diarios desde que tenía siete años, y sigo haciéndolo todos los días. Escribir de esta forma me ayuda a mantenerme en contacto con la parte más lúdica de la escritura, olvidarme de todo lo que la relaciona con trabajo, expectativa, lectores, etcétera. He escrito en mitad de fiestas, en el vestuario de la piscina, apoyada en el capó de un coche. Aunque, por supuesto, hay una última parte del proceso que requiere de esa escritura en silla y mesa, silencio, horas y horas por delante, un día tras otro. También me tranquiliza tener al lado un libro o varios en los que se perciba que la autora está escribiendo con libertad, cediendo a su propio capricho e interés y olvidando el gustar. Los Cuentos de Lydia Davis; Sistema nervioso, de Lina Meruane; La última frase, de Camila Cañeque, son algunos libros que me reconforta tener cerca”.
-¿Podría describir la sensación de poner el punto final a una obra?
“Cuando termino un libro siento el agotamiento del trabajo que ha quedado atrás, pero, al mismo tiempo, me sucede que de pronto observo todas esas páginas y no recuerdo cuándo las he escrito. Es como si hubiese estado hipnotizada”.
-¿Cómo se lleva el ser considerada una de las mejores escritoras del momento?
“Intento no pensar en las opiniones, no pensar en los lectores, no pensar demasiado, en general, en la recepción externa. En la escritura busco volver al sentimiento de infancia de estar sola en mi cuarto, escribiendo para nadie, sin expectativas, solo para mi propio divertimento. Es la única forma de seguir haciéndolo. Los halagos pueden paralizar”.





