En la era de la sexta extinción masiva, cada día, más de 150 especies desaparecen del planeta. Y esto, que ya de por si es una tragedia medioambiental, tiene otra lectura más amplia. Cada especie que desaparece es habitante de un ecosistema que se ha dañado, fragmentado o que sufre algún tipo de presión que lo hace inhabitable para ella. Según un reciente informe de la ONG WWF, el planeta ha perdido el 73% de los vertebrados en solo 50 años. Un dato estremecedor que alcanza el 76% en África y el 60% en Asia.
Esta circunstancia es la que se convierte en la mayor dificultad a la que científicos, investigadores y personas o entidades que trabajan por la naturaleza tienen que enfrentarse a la hora de desarrollar acciones de protección y recuperación de especies amenazadas de extinción. Loro Parque Fundación, especializada en la intervención global lleva 30 años trabajando en todas las áreas que implica recuperar especies. Su experiencia le ha permitido llegar a salvar 12 especies de loros de esta amenaza. Algunos de ellos han conseguido cerrar el preciado círculo de la reintroducción en la naturaleza: un espectacular logro que coloca a Loro Parque Fundación como una de las entidades más importantes en este campo. El protagonista de este logro es una hermosa ave de color azul: el Guacamayo de Lear que se ha convertido para Loro Parque y Loro Parque Fundación en el emblema de lo que los trabajos colaborativos, globales y sostenidos, que generan una red de conocimientos y esfuerzos compartidos, pueden conseguir.
Rafael Zamora, biólogo, y uno de los especialistas en psitácidas más reconocidos es el director científico de Loro Parque Fundación. Ha trabajado desde el principio en uno de los más resonantes logros, al menos el más completo, que ha sido la vuelta con éxito a la vida silvestre del Guacamayo de Lear. Una especie que es ya el emblema del esfuerzo humano por salvar la vida natural amenazada.
Rafael, ¿Qué hace que el proyecto del guacamayo de Lear sea tan especial?
Este majestuoso guacamayo azul es la demostración de lo que se puede conseguir con la colaboración internacional. En Loro Parque Fundación conseguimos reproducir los primeros descendientes de dos parejas encomendadas por el Gobierno de Brasil, en pocos meses tras su llegada en el año 2006 y contra pronóstico. Algo que en su país natal no se estaba logrando. Y en Puerto de la Cruz, la experiencia que ya teníamos con tantas especies, en la mayor reserva de loros del mundo, nos permitió comenzar a tener resultados.
Un gran éxito, pero esa no fue la parte más compleja ¿verdad?
No, ese fue un grandísimo, un imprescindible primer paso. Pero la batalla más complicada venía después en muchos frentes: conseguir un número significativo de crías en la estación de cría en Tenerife, crear protocolos que se pudiesen establecer en su país natal. Y en Brasil, mediante la cooperación con entidades zoológicas y centros de cría autorizados, trabajar de forma consecuente para establecer un programa de manejo bajo cuidado humano con el fin de establecer como objetivo la posible reintroducción en la naturaleza de la especie. Otras tareas paralelas consisten en evitar la caza furtiva, y después para conseguir que la población se convierta en la primera interesada en proteger su riqueza natural.
Parece un proceso complejo…
De hecho, lo es. En este proyecto lo más importante es que tenemos una colaboración in situ (en la naturaleza) y ex situ (en Loro Parque Fundación) muy estrecha que nos permite que cada uno de los pasos que se da sea ajustado a la realidad de la especie: a sus necesidades para criar, para alimentarse luego en la naturaleza, para sobrevivir sin ayuda…
Esta es otra pregunta que surge cuando lees sobre este proceso. ¿Cómo vuelve a la naturaleza un ave que ha nacido y crecido bajo los máximos cuidados humanos?
Esta es una duda que muchas personas, incluso profesionales tienen: si un ave nacida bajo cuidado puede volver a ser hábil en la naturaleza. Este proyecto ha demostrado que sí. De hecho, las parejas que se reintrodujeron ya han tenido varias nidadas y estas han salido adelante en el medio silvestre.
Todo el proceso está acompañado por biólogos que analizan los comportamientos de las aves antes de su introducción. Un entrenamiento ante depredadores y formación de las aves para consumir los alimentos propios del entorno.
¿Y cuál es la clave de esto?
La clave es la suma de conocimientos, los procedentes del manejo cercano en un medio controlado y la sabiduría adquirida por los biólogos en campo sobre el hábitat de la especie. Deben aprender a consumir el alimento que se encontrarán en la zona, a protegerse y huir de los depredadores, a sobrevivir en las condiciones que se van a encontrar una vez que sean silvestres… Lo impresionante, es que haciendo todos los pasos correctamente, las aves lo consiguen.
Debe ser muy emocionante ver a esas aves volar en su territorio de origen…
Es una de las emociones más intensas que pueden experimentar todos aquellos que dedican su vida a la conservación de especies. Ver a un animal reconquistar su territorio gracias al trabajo de en equipo, tanto en Tenerife como en Brasil, no tiene precio.





