granadilla de abona

El barco de los Díaz: un legado que navega en tierra firme

Este símbolo, instalado en la entrada de El Médano, fue colocado hace 25 años. La nave fue cedida al ayuntamiento para recordar la tradición pesquera de la localidad
Los 25 integrantes de la familia Díaz, frente a la embarcación.
Los 25 integrantes de la familia Díaz, frente a la embarcación. Daniel Marrero

En la entrada de El Médano, donde las olas del Atlántico susurran historias antiguas al viento, se encuentra un barco varado, inmóvil, pero lleno de vida. Quienes lo ven pasar en coche, desconocen que detrás de esa madera azulada desgastada hay décadas de sacrificio, identidad y orgullo familiar. Esta no es una embarcación cualquiera. Este no es un navío más: es el barco de los Díaz. Esta familia es un símbolo discreto y poderoso de la tradición pesquera de este rincón del sur de Tenerife, hoy, con avenidas masificadas por el turismo, pero años atrás, con calles ataviadas con redes de pesca.

La familia Díaz ha vivido siempre del mar. “Mi padre se dedicó toda su vida a la pesca del atún”, recuerda Fernando Díaz, uno de los hijos que heredó no solo el apellido, sino también la relación íntima y rigurosa con el océano. En aquellos años, la embarcación familiar era el medio de sustento. Pero el tiempo, como las mareas, cambia. Después de años al timón, el patriarca de los Díaz decidió retirarse. Fue entonces cuando Fernando y su hermano, mirando al horizonte, tomaron una decisión importante: construir un nuevo barco.

La nueva nave que transportaría el futuro de la familia se encargó en Bermeo, en Vizcaya, un lugar que, como El Médano, respira una profunda tradición marinera. Su gran industria de astilleros construye embarcaciones que surcan los mares de todo el planeta. “Queríamos algo más grande, más moderno, que pudiera cumplir con las exigencias de nuestra labor”, explica Fernando.

Pero mientras el nuevo proyecto avanzaba, surgió una pregunta inevitable: “¿Qué hacemos con el viejo barco?”

En muchas familias, la respuesta habría sido sencilla: venderlo o desmontarlo. Pero los Díaz no podían deshacerse de él. Fue durante una conversación fortuita con Jaime Ceja, el alcalde de Granadilla en ese momento, cuando el destino del barco comenzó a definirse. “Él nos propuso donarlo al municipio para que se exhibiera como un símbolo de nuestra tradición pesquera”, relata Fernando. El barco seguiría vivo, no en el mar, pero sí en el corazón del pueblo. De esta forma y hace 25 años, el barco de los Díaz fue colocado en su posición actual, en la entrada de El Médano, donde desde entonces da la bienvenida a todos los que llegan al pueblo.

“Cada vez que paso por allí y lo veo, siento algo especial”, dice, con una mezcla de nostalgia y orgullo. “Es como si una parte de nuestra historia siguiera presente”.

La presencia del barco en El Médano también es un recordatorio de cómo ha cambiado la economía local. Antes, lugares como este eran uno de los centros pesqueros por excelencia de la comarca sur. Hoy, el turismo ha colmado las calles y ha tomado el protagonismo. “Es un trabajo demasiado sacrificado. Nosotros nos dedicábamos al atún, y eso significaba pasar 15 días en alta mar, sin apenas descansar”, explica.

Con el paso de los años, el mar dejó de ser una opción atractiva para las nuevas generaciones. Fernando, que tiene hijos, admite que no les recomendaría seguir sus pasos. “Hoy en día hay tantas oportunidades laborales que es lógico que busquen algo más cómodo. Entiendo perfectamente que la gente joven no quiera embarcarse en una vida tan dura”.

Historia detenida en una rotonda

Esa historia, ahora detenida en una rotonda, no solo habla de pesca, sino también de comunidad, de esfuerzo y de identidad. “Cada vez que paso por ahí, recuerdo los días en el mar, las madrugadas frías, el olor… ”, recuerda.

A modo de tributo y recientemente, los Díaz, una familia de aproximadamente 25 personas, decidió sacarse una foto frente al barco. La instantanea muestra a veteranos y noveles; desde el padre de Fernando hasta su hija, Paula. Ella afirma que “es un orgullo y una manera de decir: ‘Esto es lo que somos, y no lo vamos a olvidar’”.

Y mientras el sol se pone sobre El Médano, la silueta del barco de los Díaz parece contarle al viento la historia de un pueblo que, aunque cambiante, no reniega de su esencia.