A lo largo de la mañana, la administración de Carmen Boletos concentró la alegría comunitaria. Vecinos y agraciados se acercaron para compartir su dicha.
Entre ellos, Antonio Rodríguez Yáñez, camionero jubilado de 77 años, que dedicó cinco décadas a las carreteras, adquirió su décimo premiado en el bar La Cuevita, situado frente a la administración. “Estábamos sentados en el bar y doña Carmen me dijo de comprar un número. Es como si fuera mi madre”, recordó Antonio, refiriéndose a la propietaria.
A pesar de la noticia, Antonio no se apresuró a verificar su boleto. “No sabía si tenía el número premiado. Me llamó mi hijo y le pregunté para que me revisase el décimo”, comentó con serenidad. Su actitud refleja una vida plena y satisfecha, donde el dinero no es lo primordial.
“Yo no voy a celebrarlo. Son, por ahora, 20.000 euros, es una escapada para unos meses. Mi alegría es por el pueblo”, afirmó, destacando que su verdadera felicidad radica en su familia y, especialmente, en sus nietos.
Isa, la propietaria del bar La Cuevita, estuvo cerca de la fortuna, aunque, desgraciadamente, no tocó a su puerta.
Ella compró el otro de los números que ofreció Carmen en ese momento. Es decir, la propietaria tuvo en sus manos la tanda ganadora. A pesar de no haber adquirido el décimo premiado, Isa celebró la alegría en su establecimiento. Sin remordimiento y en tono jocoso, afirmó: “Nos hubiésemos coordinado y yo compraba uno y mi hija otro”.
El ambiente festivo se hizo palpable en el bar. “Hoy se notaba que había tocado algo. Estaba todo el mundo gastando e invitando”, añadió, evidenciando cómo la suerte de unos se convirtió en motivo de celebración para los locales colindantes.





