cultura

Arcadio Labrador y la escritura en movimiento

El autor orotavense publica el volumen ‘Un lugar que sólo nosotros conocemos’, un trabajo literario que reúne textos dispersos, en verso y en prosa, escritos durante años
Arcadio Labrador González acaba de publicar ‘Un lugar que sólo nosotros conocemos’.

Cuenta Arcadio Labrador González (La Orotava, 1971) que Un lugar que sólo nosotros conocemos (Círculo Rojo Editorial, 2025), su primer libro, no es el resultado de un plan trazado de manera meticulosa. Y, de alguna manera, el escritor también resuelve esa paradoja, nada inhabitual, que hay en publicar algo íntimo, marcadamente personal y, si se quiere, privado, con el deseo de reunir en un volumen un conjunto de escritos -poemas y prosas- que ilustran su itinerario vital, sobre todo a partir de su estancia en Inglaterra, entre 2001 y 2003 -pero también en Escocia, Italia, Portugal, Francia, Suiza y Países Bajos-, y su regreso a casa. Y si esta escritura existencial “puede ayudar a alguien más”, mejor.

También señala el autor de Un lugar que sólo nosotros conocemos que el primer borrador de este proyecto literario se lo envió a un amigo. En concreto, a Fran Domínguez, subdirector de DIARIO DE AVISOS, fallecido hace ahora poco más de un año.

LOS TEMAS

“Es un libro ecléctico -explica-, en el sentido de que abarca muchísimas cuestiones. Desde las relaciones humanas, y, dentro de ellas, el amor y la ruptura, hasta los duelos, la desaparición de seres queridos. Trata de esas cosas que a menudo no sabemos expresar. En mi caso, de algún modo, la escritura me permite hacerlo”.

Si uno se adentra en esta publicación, también halla una suerte de simbiosis con la naturaleza, “con esa conexión que sentimos al contemplar su fuerza indomable, con el viento, con el mar, con el bosque… Impresiones que a su vez generan sentimientos”, detalla.

Portada del volumen. / DA

Arcadio Labrador González no es un escritor metódico, no se fija -no puede fijarse- horarios ante la hoja en blanco o la pantalla del ordenador: “Yo diría que lo mío es una escritura en movimiento”, señala. “Me muevo, estoy solo o con gente, observo lo que me rodea, a lo mejor en medio de la naturaleza, entre árboles, en un paisaje de lava… Esas experiencias son como un detonante para una serie de emociones que quizás ya estaban ahí”, argumenta el autor.

“Pero, claro, sí que tengo que anotarlas en ese momento, muchas veces recurro al teléfono móvil, porque si lo dejo para más tarde, desaparecen. Luego, cuando ya estoy en casa, las paso a limpio y corrijo lo que me parece que hay que corregir”.

REGRESAR A LO ESCRITO

Todos esos textos dispersos se acumularon durante años. Prosas y versos que apenas han cambiado ahora en el proceso de edición de la obra. “Es cierto que con el tiempo, cuando vuelvo a esos primeros poemas -expone el escritor orotavense-, encuentro cosas con las que ya no me identifico y llego a sentir hasta pudor: ‘¿Yo escribí esto? No veas cómo estaba en ese momento’, me digo. Pero en fin, el caso es que fue así, es una película más. Esa película que forma parte de mi vida, una vez que está rodada, no la voy a cambiar. Era lo que tocaba en ese momento, era lo que sentía. ¿Qué ahora me identifico con los textos más recientes? Por supuesto, es lo lógico, pero los anteriores también los escribí yo, aunque era otro yo, otra persona diferente, en muchas cosas, a la actual”.

Cuando se le pregunta acerca de sus inquietudes literarias, Arcadio Labrador menciona a dos personas. Una es el escritor José Luis Sampedro (1917-2013). “Hay una frase que me impactó cuando se la escuché: ‘Para ser escritor hay que tener ojos de vaca’. Me identifico con esa idea, yo soy muy observador, todo el rato estoy observando”, detalla. El otro referente también es escritor, el tinerfeño Juan José Delgado (1949-2017), del que fue alumno en el Bachillerato. “Me acuerdo, por ejemplo, de una charla en la que nos explicaba el sentido de las metáforas, como herramienta para escribir de otra manera, con más interés, sobre aquello que estamos pensando, sintiendo”, concluye.