El próximo año, se celebrará el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, una efeméride en la que Tenerife jugó un papel en la guerra de las colonias sublevadas del Imperio británico, no sólo gracias a los éxitos militares de dos figuras que vivieron en la Isla, como las de Bernardo y Matías de Gálvez, sino también por las 4.000 personas que partieron para formar parte de los batallones de milicias que defendieron diversos enclaves desde México hasta Panamá, así como por los centenares de familias que repoblaron territorios como La Lusiana o Texas.
Esta conexión está plenamente documentada en el libro Matías de Gálvez y Gallardo. Viticultor, artillero y virrey de Nueva España, del investigador tinerfeño Carlos Cólogan Soriano, presentado ayer en un abarrotado Espacio Mutua Tinerfeña, en La Laguna.
El acto contó con la intervención del presidente de Mutua Tinerfeña, Juan Antonio López de Vergara; Manuel Olmedo Checa, vicepresidente de la Asociación Bernardo de Gálvez y Gallardo; o José Alberto Ruiz de Oña, general de brigada de Artillería del Ejército de España.
La obra constata la enorme notoriedad de su hijo Bernardo, que durante la parada militar del 4 de julio de 1776 desfiló junto a George Washington y es el único español con un retrato en el Capitolio, no debe eclipsar a su padre y mentor, Matías de Gálvez, al que acompañaba en su niñez visitando los fuertes y emplamientos de las milicias desde Puerto de la Cruz hasta Garachico. Además, también captó su esencia como político, administrador activo, ingeniero, ilustrado y persona compasiva, bondadosa y humilde, que dejó una gran huella tanto en el Norte de Tenerife, donde apadrinó a varios tinerfeños en la Corte de Carlos III, aparte de ser querido en destinos como Guatemala.
Matías de Gálvez y Gallardo nació en Macharaviaya (Málaga). Tras la muerte de su padre, se hizo cargo de la familia y antepuso el futuro de sus hermanos al suyo. Una vez les dio estudios y cierta posición -destacando José, que fue secretario y gobernador de Indias-, Matías comenzó su carrera militar, ya casado y superando la treintena, ascendiendo por méritos en campaña.
Así llegó Matías a Tenerife en 1757, cuando contaba con 47 años de edad, acompañado de su segunda mujer y de su hijo Bernardo, que por entonces tenía sólo 11 años. En la isla permaneció 25 años y ahí quería retirarse y morir. Ascendió de subinspector de sus milicias a segundo comandante y teniente de Rey, así como a gobernador del castillo de Paso Alto.
Ya establecido, se hizo cargo de la administración de la hacienda del mayorazgo de la Gorvorana en El Realejo, y durante años produjo notables vinos que comercializaba a través de Juan Cólogan Blanco, estrechando la amistad de ambas familias. También fue administrador de la Casa de la Aduana de Puerto de La Cruz, ciudad en la que realizó diversas obras civiles, y le permitió una red de múltiples contactos en América, cruciales en sus posteriores cometidos.
A Matías Gálvez se le atribuye la introducción en Canarias de algunas de las variedades de uvas procedentes de su Andalucía natal, sobre todo tintas, incluido el listán negro, pues anteriormente la totalidad de vinos canarios eran blancos (malvasías, moscatel, vijariego…), así como explorar formas de cultivo levantando los racimos del suelo en emparado o espaldera baja.
Sin embargo, en el verano de 1778 dejaba Tenerife por orden del ministro de Indias, su hermano menor José de Gálvez. Tenía la encomienda de reforzar la defensa de las costas de Guatemala, Honduras, Belice, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. El gobierno de Carlos III quería poner a sus militares de mayor confianza en los puesto claves, al estar próxima la declaración de guerra contra Inglaterra.
Como hizo en su estancia en Tenerife, en su faceta como inspector de milicias de la Capitanía General de Guatemala, que llegó a ser el capitán general, reorganizó todos los cuarteles, castillos, empalizadas y dotó de material, entrenamiento y efectivos a las milicias. Así, a través de sus contactos y amigos reclutó en las Islas y en Málaga soldados. Gálvez también mostró en América sus dotes de administrador activo y trabajador, reconstruyó tras el terremoto la ciudad, organizó calles, puentes, estableció una casa de moneda, la catedral, la Academia, un montepio…
En junio de 1779, España declaró la guerra a Inglaterra y se alió con Francia en defensa de las colonias. La labor de los Gálvez fue clave. Bernardo, como gobernador de La Luisiana y con un batallón de canarios reclutados por su padre, defendió este territorio y mantuvo el acceso al Misisipi libre para dotar de víveres y armas a las colonias, participando en la célebre batalla de Pensacola, mientras que Matías defendió en el sur los territorios continentales del Caribe hasta Panamá, no permitiendo que se interrumpiera la ruta comercial con los territorios españoles.
Por sus logros militares y administrativos, fue designado virrey de la Nueva España en 1783, cargo en el que falleció en 1786, y fue sustituido por su hijo Bernardo, que era gobernador y capitán general de Cuba.





