Un conjunto de 23 obras de la Colección de TEA Tenerife Espacio de las Artes, entre las que figuran algunas pinturas emblemáticas de Óscar Domínguez, como La bola roja, Los sifones, Le dimanche o su autorretrato de 1933, se exhiben actualmente en la exposición 1924. Otros surrealismos. Esta muestra, que puede visitarse en la Fundación Mapfre en Madrid hasta el próximo 11 de mayo, tiene como punto de partida el Primer manifiesto del surrealismo, publicado por André Breton. Con motivo del centenario de esta publicación, en 2024, la colectiva revisa la repercusión en España del movimiento surrealista en su conjunto y del papel real que las mujeres desempeñaron en el grupo.
Créole (1938), de Man Ray; Volcán azul (ca.1957) y Cofre (ca.1959), de Maud Bonneaud; Untitled (maquette for Emilie Comes to Me in a Dream, 1933), de Jindrich Styrsky; Sin título o Composición surrealista (1934), de Juan Ismael; Dibujo colectivo (1941), de Óscar Domínguez, André Bretón, Victor Brauner, Jacques Herold, Remedios Varo, Jacqueline Lamba y Wilfredo Lam; Retrato de César Moro (1940), de Wolfgang Paalen; Índice (1) (1935), de Domingo López Torres, y Gaceta de arte nº 38 (1936), de Eduardo Westerdahl, son algunas de las piezas de TEA que forman parte de este proyecto expositivo comisariado por Estrella de Diego.
La propuesta, explica De Diego, va más allá de los artistas españoles protagonistas internacionales del movimiento, como Dalí, Buñuel o Miró, para acercarse a los numerosos seguidores que tuvo en España, en general menos conocidos y que, en muchos casos, además, no se atuvieron al canon surrealista que Breton dictaba desde París, sino que generaron sus propias lecturas. La recuperación de esos discursos alternativos y esos nombres olvidados de artistas surrealizantes de España y de América Latina es una de las líneas centrales de la exposición, con el énfasis en las grandes olvidadas del movimiento: las mujeres, españolas e internacionales (Maruja Mallo, Remedios Varo, Grete Stern…), que aparecían como un todo sin nombre en el manifiesto de Breton.
“Pasados cien años, 1924. Otros surrealismos nos lleva a pensar qué queda, en un mundo tan plural y complejo como el de hoy, de un movimiento que nos descubrió e incorporó a nuestro bagaje intelectual y emocional aspectos de la realidad hasta entonces desconocidos o ignorados, como el sueño, la androginia, los paraísos perdidos…”, apunta la comisaria.





