Reside en Canarias desde hace 12 años y quiere comerse el mundo con la alimentación consciente, una filosofía culinaria que va más allá de los fogones y que aporta equilibrio al organismo y conexión con la naturaleza. Kalo Kostadinov, ecochef de origen búlgaro afincado en Arico, ha acuñado el concepto de “comida viva” y ha dado con la fórmula: el 80% de lo que consumimos debe ser vegetal y el 20% restante carne, pescado, huevos, frutos secos y algún producto elaborado, como el queso o el yogur. Pero con un matiz: han de ser alimentos de procedencia local y de producción ecológica, porque, como defiende, “antes de ponernos cualquier alimento en la boca hay que cuestionarse su calidad y origen”.
“La comida se debe tomar de forma más inteligente o consciente y tiene que adaptarse a nuestro estilo de vida, hay que entregar a nuestro cuerpo lo que necesita de verdad para que cumpla con sus funciones y, a la vez, cuidar la naturaleza; es decir, se trata de generar, en la misma acción, un doble impacto positivo: proteger nuestra salud y la de nuestro entorno”, explicó a este periódico el cocinero ecológico, partidario de que cada consumidor elabore su propia cadena de alimentación saludable -“personalizar la comida es el primer paso”-, configurando su particular lista de la compra, pero conociendo la procedencia de lo que compramos.
“Crear esa cadena personalizada que nos sitúa en el origen del producto se convierte en un reto, una aventura que nos lleva a disfrutar de ese proceso. Se trata de ir a la fuente del alimento, donde nace la semilla de una remolacha, de las frutas, del grano de pan… visitar los mercados del agricultor o las fincas, las huertas, las granjas y las lonjas, y conversar con el productor, el ganadero, el agricultor, el pescador… para responder a la pregunta: ¿de dónde viene esto que me estoy comiendo?”, explica el chef ecológico, quien destaca que cada persona debe ser consciente de qué es lo que necesita su cuerpo, “nuestro gran aliado”, en función de su estilo de vida.
En otras palabras, se trata de cultivar habilidades para saber qué “pescar” en un océano saturado de comestibles, por lo que, insiste, se debe apostar por productos de cercanía, ecológicos y preferentemente de temporada, sobre todo los vegetales, “que son los que mantienen nuestra salud”.
Kalo Kostadinov, que se especializó en agricultura ecológica durante cuatro años en Arico, donde colabora con el ayuntamiento en acciones formativas, confiesa que su corazón y el de la naturaleza han “conectado” en el municipio del sur de Tenerife y asegura que la dieta que defiende –y sirve en un restaurante de Arico y a través de experiencias culinarias en eventos y a domicilio- aporta beneficios al organismo en el plazo de un mes.
“Al menos el 80% de las personas con las que he trabajado en los últimos tres años han experimentado una regeneración en su bienestar y su salud del 20% en los primeros 30 días: tienen un rendimiento mayor, disfrutan de un descanso mejor, el sueño es más profundo y notan que sus intestinos funcionan adecuadamente cuando van al baño”, asegura. Es lo que él define, a modo de resumen, una “recreación de la energía vital renovada”.
Tras subrayar que la alimentación consciente o “comida viva” –que “siempre ha estado ahí, no la he inventado yo”, aclara– es una “fuente de vitalidad”, agrega que la comida es el vehículo perfecto para “sentir la magia y la capacidad de asombro ante lo que nos ofrece la vida”. En esa línea, recuerda cómo “nuestros abuelos consumían alimentos más simples de la tierra y más conectados a las estaciones y a las temporadas”, un patrón de conducta, asegura, que se alejado de la sociedad actual ante el avance de los alimentos procesados o “contaminados” con productos fitosanitarios.





